23 ene. 2013

Telcel, aspiracionismo e incongruencia

Cualquiera que haya llegado temprano a una sala de cine se ha fumado las pautas publicitarias que para ese formato de proyección han preparado compañías como Coca Cola (sus comerciales en ocasiones son auténticos cortometrajes bien realizados y en otras más bien parecen avances de la Rosa de Guadalupe), Samsung y alguna otra más que en este momento no recuerdo; pero, sobre todo, todos hemos visto los que, a raíz del reciente diferendo con Televisa y TV Azteca, Telcel proyecta en las salas de cadenas como Cinepolis y Cinemex (cuando funcionan sus proyectores y no se caen sus telones o balean a niños en sus salas).




De igual manera, cualquiera que tenga oportunidad de transitar por avenidas como el Circuito Interior de la Ciudad de México o hacer fila en cualquier caseta de cobro de alguna autopista federal, ha visto los anuncios espectaculares de esa compañía telefónica en los que aparece un enorme globo aerostático sobre un fondo blanco y un slogan que dice “La Red en tus manos” estampado sobre diversas imágenes que asemejan un collage.


Para un observador poco interesado, es decir, casi todos los que constituimos el target de las campañas publicitarias, los promocionales de Telcel son como cualesquiera otros. Sin embargo, si nos detenemos a mirar un poco el mensaje visual, es imposible no formularse una que otra ingenua pregunta.


Lo primero que uno se cuestiona es si las locaciones que sirven de fondo para los actores que aparecen sonriendo y prodigándose abrazos y besos con una cancioncita “buena onda” como soundtrack, son mexicanas.


En las diferentes escenas aparecen paisajes pintorescos que van desde verdes campos, hasta soleadas y blancas playas, pasando por plazuelas blancas rodeadas de fuentes y portales. No dudo, desde luego, que México tenga todos esos paisajes. Pero todo el montaje de la pauta publicitaria es lo que los hace aparecer irreales, sobre todo cuando uno se pregunta ¿por qué no escogieron la playa de Caleta en Acapulco? ¿o la Plaza de la Soledad en la Ciudad de México?

Gente de todos los días


Y más aun, ¿de dónde sacan que la gran mayoría de los mexicanos son tan caribonitos como los actores que ahí salen enviando textos y fotografías desde teléfonos (presuntamente)inteligentes? ¿Por qué no proyectar imágenes reales de gente real usando teléfonos reales, es decir, de esos con tecnología TDMA y pantalla monocromática que venden en las tiendas de conveniencia? Al fin y al cabo esos son los usuarios reales de los servicios de la telefónica.


De modo pues, que al mirar con un poco de detalle esas pautas publicitarias y mal pensando como uno siempre lo hace, no puede más que concluir que se trata de campañas en las que la fórmula extranjerizante realza el carácter aspiracional del consumo de los servicios ofrecidos por esa compañía y, en general, por todas las del sector (los comerciales de Telefónica no son menos aspiracionistas) a partir de una premisa que aún permanece muy arraigada en la psique colectiva (el imaginario colectivo de la sociedad le llamaría Castoriadis) de los mexicanos: lo extranjero siempre es mejor que lo nacional.


Eso lo saben los mercadólogos y lo explotan hasta el paroxismo en pautas como la de Telcel, que son clasistas, aspiracionales y snobistas.


Al final, lo que importa no es si la red está en tus manos o no, sino el sentido de integración, identidad y pertenencia que te dará reproducir alguna de las conductas “buena onda” de los actores “buena onda” de los lugares “buena onda” que aparecen en esos comerciales.


Ya si el servicio que ofrece la compañía es una deplorable porquería pasa a segundo plano cuando la maravilla de esa boca ilumina todo como el sol

La vida ¿me juzgará?

La Vida. Así, con letra capital.

No sé si la Vida tenga capacidad consciente, pero sí sé que es el nombre genérico con el que denominamos al complejo conjunto de procesos biológicos y químicos que han permitido que diminutas y simples estructuras unicelulares evolucionaran hasta convertirse en organismos metacelulares con capacidad intelectiva... sobre todo para emplear con la corrección debida las reglas ortográficas y gramaticales.

Así entendida, pues, no creo que la Vida sea una entidad con capacidad para juzgar las acciones de las personas. A lo mucho sirve para confeccionar frases retóricas y melodramáticas que no hacen sino confirmar ciertos postulados teóricos.

Nunca dejará de sorprenderme la lucidez de los filósofos ilustrados.


21 ene. 2013

Microficción

Entonces el maestro habló con las siguientes palabras:
–Está en la naturaleza humana cometer estupideces, todo el tiempo. De ahí que la madurez no se mida por la experiencia y la sabiduría acumuladas durante los años vividos, sino por la capacidad de refinar e innovar las idioteces que se cometían a los 15 cuando se está a punto de llegar a los 70-.

8 ene. 2013

Los temperamentos tropicales



Si es cierto que el carácter del alma y las pasiones del corazón presentan diferencias en los diversos climas...
Montesquieu




La idea de que el hombre es reflejo del medioambiente en el que vive ha estado presente en la valija de inquietudes intelectuales de filósofos y tratadistas clásicos, renacentistas, decimonónicos y contemporáneos. Por tal razón, lo que escribiré a continuación no es una sandez producto de mi insana costumbre de andar agitando el avispero, sino una humilde contribución a los esfuerzos iniciados por griegos y latinos y continuada posteriormente por todos los demás, en torno a la investigación de cómo el clima influye en el carácter moral de los pueblos y en el ethos de sus habitantes.


Sólo que en esta ocasión yo quisiera concentrarme en los temperamentos propios de las regiones próximas al Ecuador, donde la tupida vegetación, la humedad y el calor han propiciado que los climatólogos las cataloguen como regiones tórridas… tal vez inspirados por la observación del carácter de los oriundos de esas tierras.


Con mayor particularidad, para que después no se diga que generalizo sobremanera, quisiera referirme a los temperamentos tropicales sudamericanos, y lo hago no desde una posición meramente especulativa, sino impulsado por la experiencia o, más bien, motivado por la genuina curiosidad científica que siempre se desprende de la observación empírica.


Cuando Montesquieu y Buffon dilucidaban en torno a la influencia del clima en la temperie de cada región, se referían a la influjo que ejercían sobre ésta la mayor o menor latitud, la elevación o depresión de las tierras, su proximidad o alejamiento de las costas, así como otros factores que, conjugados, influían en el modo de vida y el temperamento de los hombres originarios de esas regiones, tal como concluía un contemporáneo suyo, Juan Francisco Masdeu, cuando afirmaba que el clima daba a los hombres “una u otra composición de humores” [Masdeu, J.F., Historia crítica de España en Luis Urteaga La teoría de los climas y los orígenes del ambientalismo].


Así pues, los temperamentos tropicales debido a la conjugación de los factores presentes en las regiones geográficas en las que se desarrollan, son excesivamente susceptibles a las emociones más viscerales del ama. De ahí que sean muy impulsivos y poco racionales, como lo observaba Montesquieu refiriéndose a las mujeres de los climas cálidos, que son quizá el estereotipo más emblemático de ese tipo de temperamentos, cuando afirmaba que “en ellas no acompaña la razón a la hermosura; cuando ésta se impondría la rechaza aquella; cuando su imperio sería más razonable, ya su encanto ha desaparecido” [Montesquieu, Del espíritu de las leyes, libro XVI, Capítulo Primero]. De ahí que la razón, la posibilidad de desarrollar temperamentos racionales en las selvas amazónicas o en las montañas andinas es demasiado remota, pues a los oriundos de esas regiones la razón no puede darles lo que tampoco les dio la belleza.


Quizá por esta dificultad para el raciocinio y por defecto de su presteza a la impulsividad, los temperamentos tropicales sean ingenuos, rijosos, entregados, ilusos, arrojados y crédulos. De ahí que tomen decisiones tan pedestres en relación con la comunicación y la memoria, pues carecen de la conciencia respecto a la imposibilidad de olvidar y la dificultad de no recordar. Tal vez también por eso su lirismo sea tan vigoroso y tan vivamente expresado en sus géneros musicales regionales, como el vallenato, el tango, la guaranaia y demás ritmos vibrantes y costumbristas, así como en sus composiciones poéticas que tienen en la obra de Ignacio Anzoategui, Oliverio Girondo y este señor con apellido de pizzería (Benedetti, creo) su representación más nítida.  


Y aunque en estos tiempos campeantes de relativismo cultural los temperamentos tropicales se insertan con discreción en el collage de caracteres y conductas propiciado por la globalización, esta pequeña, humilde, sencilla y casi anónima contribución a la teoría del clima en relación con los temperamentos tiene la finalidad de servir como guía preventiva para aquellos espíritus nobles, tolerantes y siempre dispuestos a interactuar con la diversidad cultural, a fin de que su relación con tales temperamentos no les produzca incómodos momentos de desasosiego, confusión y dudas.

Hay en éstas últimas palabras una cierta dosis de experiencia personal. Al respecto no puedo más que parafrasear al filósofo de Guanajuato: nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores.

P.S.2: No more fans interaction.  Qui habet aures audiendi, audiat.

7 ene. 2013

Una República de Miranda en cada pueblo te dio

Habría tenido unos 17 o 18 años cuando intenté leer por primera vez "El recurso del método" de Alejo Carpentier por recomendación de mi profesor de Teorías de la Historia del Colegio de Ciencias y Humanidades.

Recuerdo que al iniciar la lectura lo primero que noté era que esa edición de Siglo XXI Editores no tenía puntos y aparte y, aunque era un libro de bolsillo, todos esos caracteres abigarrados imponían la percepción de una historia densa y aburrida. Pero tambíén existía la posibilidad de que el editor hubiese optado por ese formato para ahorrarse páginas.

Sea como fuere, "El recurso del método" fue una de mis primeras lecturas de literatura política. La historia, para quien no haya tenido oportunidad de leerla, es prácticamente el testimonial del viejo dictador de un arquetípico país latinoamericano que por ser imaginario pudiera tratarse de cualquiera de los 20 que integran la región, pues reune características presentes en cada uno de estos.

El tirano, bautizado por Carpentier como Primer Magistrado, bien puede ser cualquiera de los que formaron el amplísimo catálogo de la región durante el siglo XX, que va desde Porfirio Díaz (por el ser el más tempranero de la centuria) hasta Hugo Chávez (por ser el más contemporáneo) pasando por Fidel Castro, a quien Carpentier paradójicamente sirvió como diplomático.

Autoexiliado en París, el Primer Magistrado de la novela relata sus vivencias al frente del poder, pero con esa visión restrospectiva y reflexiva que sólo la senilidad puede dar al examen de la memoria personal, intercalandólas con fragmentos del "Discurso del método" de Descartes.

Posterior a esa historia vinieron otras más acerca del autoritarismo que ha prevalecido en América Latina casi como un elemento inherente al folklor regional, como "Lo demás es silencio", de Augusto Monterroso y "El señor Presidente" de Miguel Ángel Asturias (curiosamente ambos guatemaltecos). Pero ninguna de ellas (bueno, salvo el caso de "Lo demás es silencio" que no es sobre un dictador sino sobre un intelectual que vive en un país tropical y autoritario) aborda el tema con el desenfado y socarronería con que lo hace Antonio Ungar en "Tres ataudes blancos", editada por Anagrama.

Al terminar de leer esa novela mi primera conclusión fue que sólo pudo haber sido escrita por alguien que hubiese vivido u observado muy de cerca una experiencia autoritaria y, después de sobrevivir a ella, aun haya tenido la fortaleza y la habilidad para burlarse, satirizarla y retratarla en una historia hilarante y trepidante. 

Parece que es el caso de Antonio Ungar, escritor colombiano (sí, porque -por increíble que parezca tratándose de un país de globos y bicicletas- en Colombia hay vida literaria más allá de García Márquez y Álvaro Mutis; Vallejo no cuenta porque en una sabía decisión se nacionalizó mexicano para olvidar un poco la barbarie de esa nación tropical) que obtuvo el Premio Herralde 2010 con esta historia en la que se entreasoman algunas características políticas de su país, como la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo, las fincas y el irritante acento de algunos personajes de baja condición social, como el jefe de escoltas Jairo Calderón) mezcladas con otras más genéricas de la región, como los sátrapas tropicales que en su momento Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo aludieron jocosamente en "El perfecto idiota latinoamericano".

Pero ¿de qué trata en si "Tres ataudes blancos"? ¿Cuál es su trama? El argumento es genial.

Un tipo gordo y hasta ese momento bueno para nada, que habita en un barrio de clase media en la capital de la imaginaria pero ubicua República de Miranda, tiene que suplantar la identidad del principal líder del opositor Movimiento Amarillo, Pedro Akira, quien es acribillado semanas antes de que registre su candidatura a la Presidencia de la República para contender contra el temido presidente en funciones Tomás Del Pito.

Debido al extraordinario parecido con Akira, el personaje del cual sólo hasta el final de la novela nos enteramos -por medio de las cartas que le escribe su amada- que se llama Lorenzo, es adiestrado por los líderes del Movimiento Amarillo para que finja ser el líder opositor que a partir de una historia de heroismo y valentía al sobrevivir y reponerse del atentado en su contra, tiene las posibilidades más cercanas de derrocar en una contienda electoral al presidente Del Pito (sí, Ungar escogió con total sorna este apellido para el tirano, a quien describe como un hombre de baja estatura, profundamente devoto e histriónico).

A partir de ese momento se desencadenan una serie de acciones relatadas con un ritmo vertiginoso y con una chispa de humor que mantienen al lector permanentemente atento a la trama de intrigas, ambiciones y traiciones propias de la disputa por el poder político. 

El final, aunque no lo describiré aquí, es realista. No podría ser de otra manera en una novela inteligente. Hay en él un viso de esperanza y un empeño en continuar luchando por la verdad y la libertad, valores necesarios para socavar el autoritarismo en esa República de Miranda que a la Patria cada pueblo latinoamericano le dio. 

En una entrevista posterior a la obtención del Premio Herralde, Ungar afirma que escogió el humor para el trazado de su novela porque siempre "ha sido una defensa contra la tragedia" y "la única manera de sobrellevar una realidad atroz", lo cual me recordó la tesis desarrollada por James Scott en "Los dominados y arte de la resistencia" y también el recurso del humor empleado por otros escritores que vivieron e incluso desarrollaron su obra bajo la sombra del totalitarismo, como fue el caso de Kundera.

En todos ellos está presente la posibilidad de resistir al poder tirano mediante la genuflexión mordaz y la burla soterrada, pues al final los autocratas pueden doblegar por la fuerza la voluntad de los dominados, pero no pueden abatir la rebeldía y la resistencia que expresan mediante la sonora y espontánea carcajada que genera un juego de palabras como el de "el pequeño Del Pito" que el personaje principal de la novela de Ungar emplea para referirse a la estatura del sátrapa presidencial de esa Miranda que lo mismo está en Argentina con el kirchnerismo, que en Venezuela con el chavismo o en Bolivia con el presidente que tiene cara de ejidatario de cuyo nombre ahora mismo no me acuerdo.

P.S.: Prometo dejar de cargarle las tintas a los colombianos... cuando su histrionismo y arrebato dejen de parecerme tan divertidos.



5 ene. 2013

El primero del año

Y no. No se acabó el mundo (pero yo sí me quedé como pendejo toda la tarde del 21 de diciembre esperando). Al contrario, hasta ha iniciado un nuevo año.

En los días pasados ya no tuve oportunidad de escribir mi respectivo Mea Culpa por haberme comportado como señora gorda histérica y dejarme contagiar por la fiebre milenarista de los hippies wanabes y malviajados que interpretaron los cálculos del calendario maya como el fin del mundo.

Resultó que por cuestiones de trabajo esa semana estuvo muy ajetreada y alegremente la semana siguiente se dieron las circunstancias para que pudiera tener vacaciones y salir unos días de la ciudad.

De ahí que ya no me haya sido posible venir siquiera a desearles feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

Pero como recién va comenzando el 2013, aun hay oportunidad para expresar a mis amables, pacientes y constantes lectores mis mejores deseos. Que este año sea pleno de oportunidades de crecimiento laboral y personal. Que cada día encuentren la dedicación y empeño necesarios para cumplir todas las metas que se han establecido. Que siempre exista la oportunidad para expresar lo que sienten por las personas que quieren y que el buen ánimo y la esperanza permanezcan siempre en ustedes.

En lo que a mi hace, debo confesar que nunca hago propósitos anuales. Siempre he sido de la idea de que las metas y los objetivos se van trazando conforme se presentan las circunstancias. Así, durante este año pienso regresar al estudio, tal vez no dedicado de tiempo completo, pero pienso tomar por lo menos un par de diplomados relacionados con la Economía. También me gustaría seguir abriendo brecha entre la opinocracia y reemplazar a las momias, divas y vedettes que se han agandayado los espacios editoriales en los medios escritos y electrónicos para decir siempre las mismas sandeces.

Este país necesita un cambio incluso de opinadores y calumnistas (o eran columnistas?). No quiero decir con esto que yo sea como el Arca de Noé de la opinión pública, es decir, la salvación de los animales. Pero mi voz, aunque poco grave y más bien jovial y modulada, algo puede aportar para renovar esos espacios. Y más ahora que el nuevo gobierno parece pretender atenuar las críticas a sus acciones.

Por otra parte continuaré leyendo y escribiendo. Recién he terminado una estupenda novela de Antonio Ungar que bien merece una reseña y ya me está esperando una compilación de cuentos de Italo Calvino con un título harto sugerente: "Los amores difíciles".

Entre quienes me han leído más o menos con cierta constancia, habrán notado que cerré mi perfil de Facebook. Sencillamente me aburrió esa red social. Ahí sólo espacio para las fotografías y banalidad. No había mucha posibilidad de explayar las ideas como siempre la ha habido aquí. Tal vez más adelante vuelva a abrirlo, pero de momento no tengo los ánimos para hacerlo.

En fin, que apenas el 4 de enero pasado este espacio de fruslerías e insensateces cumplió sus primeros seis años de vigencia. Se escribe fácil ese número, pero se requiere constancia para mantener un blog y, sobre todo, un estilo que mucho le debe a los grandes maestros de la ironía y el sarcasmo y mucho le falta aun para poder estar a su altura. Pero el esfuerzo se continuará haciendo.

Un fuerte abrazo para todos y espero que a lo largo de este 2013 me acompañen en mis debrayes existenciales y continúen leyendo mis textos insulsos.