4 sep. 2012

Y cuando uno menos lo espera...


En ocasiones, quizá las más, las personas nos dejamos atraer fácilmente por la monotonía. A fuerza de repetir cotidianamente determinadas tareas, realizar casi en forma autómata las mismas acciones y mirar constantemente los mismos paisajes, nos desapercibimos (sé que muy raramente se usa el adjetivo como verbo, pero qué demonios, es mi blog y por lo tanto me permito esa licencia) del resto de realidad que acontece a nuestro alrededor.

Pero sobre todo, dejamos de lado el resto de posibilidades que aguardan a nuestras respectivas vidas, siguiendo la idea de los romanticistas alemanes, quienes afirmaban en reacción febril a la cuadratura y/o rigidez de los filósofos idealistas que ensalzaban a la Razón, que el hombre era una posibilidad.

Ya después la física cuántica se encargaría de decir que, efectivamente, la realidad se puede crear a partir del modo de observar el mundo, pues implica la selección de una posibilidad de todas las que acontecen simultáneamente.

Y bueno. Después de esta introducción medio dispersa, ya no me acuerdo porqué decidí escribir este texto… ah sí, ya recordé.

La idea es que cuando uno se vuelve monotemático, monolítico, monográfo, monocorde, monofacético, monosílabo, monoteísta y hasta monógamo, pierde de vista todo lo que anteriormente constituía su realidad.

Esto, desde luego, lo digo por mí, que en algún momento del curso de estos últimos años he ido dejando de lado muchas otras facetas de lo que gradualmente ha dejado de ser mi realidad para devenir en recuerdos de lo que fue.

Pero como ya estoy arjoneando, quisiera decir que decidí escribir toda esta perorata porque revisando mis mensajes del Facebook, me encontré uno de una amable lectora que me preguntaba porqué había dejado de escribir en este espacio.

Al leer su mensaje lo primero que sentí fue una suerte de orgullo (o tal vez fatuidad) al saber que todas esas ideas y ocurrencias que fui dejando plasmadas en esta humilde atalaya fueron leídas por alguien más. Aunque a decir verdad, siempre he escrito para mí, como una forma de terapia y divertimento, sin el ánimo de volverme un blogstar con miles de seguidores.

Sin embargo, volviendo a la interrogante de esa gentil lectora, debo reconocer que fue precisamente el aliciente para reflexionar acerca del hecho de que la monotonía propicia el desapego a actividades tan recreativas e intelectualmente estimulantes como la lectura y la escritura.

Y ahora, motivado por el hecho de saber que alguien de vez en cuando leerá las idioteces que publique en este lugar, retomaré ese bonito hábito de criticar y llevar la contra a lo pendejo. Después de todo, algo bueno saldrá de eso.

Prometo, además, ser menos extenso y más variado en los temas. Creo que ahora he desarrollado la capacidad de síntesis y resulto menos cansado de leer.

Y en cuanto a los temas, pues para no sólo escribir de política ahora, además de leer los periódicos, tendré que leer libros: novelas, crónicas, ensayos y un largo etcétera que comprende el mundo literario.

A los que aun me leen, gracias por hacerlo. Y a los que pasan por aquí por casualidad, pues pasen más seguido.

Un abrazo para todos.