29 jun. 2011

Sí, hay que remover el polvo

Han pasado casi cuatro meses desde la última vez que vine a este espacio a escribir motivado por la espléndida narrativa de Murakami. Desde entonces han pasado muchas cosas tanto en lo laboral como en lo personal.

Por aquellos aciagos días de febrero, previos a la fecha fatídica en la que el transcurrir del tiempo quiso que el cronómetro de mis años sobre la tierra comenzara con el dígito tres, aun seguía instalado en un discurso y un pensamiento del que ahora si bien no reniego, sí pienso con detenimiento cuán atinado o auténtico podía ser.

Desde luego me refiero al pensamiento en torno a ese cúmulo de sentimientos confusos que a falta de un mejor nombre las personas denominamos como amor.

Ignoro si la naturaleza y sus inexorables leyes de la química y la atracción de los cuerpos decidieron pasar sobre mi conciencia y sobre mi voluntad, pero el punto es, ya sin miramientos y rodeos, que estoy enamorado; o como dicen los anglofonos: I falled in love. Y eso pasó en el transcurso de estos meses.

En el trabajo también hubo cambios importantes. Pasé de estar más de ocho horas diarias frente a la computadora, analizando y tratando de entender la dinámica política nacional e internacional, a promover directamente los intereses de la empresa en la que trabajo, ante los honorables diputados federales. El nombre de esa nueva función, que es cabildeo, no me gusta pero no encuentro otro mejor.

También me tocó sobrevivir a un martes negro de recortes en la plantilla laboral a nivel global, que trajo como consecuencia que el área en la que trabajo se haya quedado sin director desde principios de junio; de manera que ahora estamos bajo las órdenes directas de un vicepresidente y como marranitos sin mecate cada quien intentando jalar para su propio lado a todos los demás.

En fin, que después de tanto tiempo agradezco al siempre constante lector o relector de este blog, que es mi amigo Juan Valenzuela, mejor conocido como Liccarpilago, el haber venido a intentar remover el polvo para recordarme que este espacio es de mi propiedad... bueno, en realidad es propiedad de Google, al igual que el contenido que en el genero, pero que por lo menos me sirve como tribuna para expresar mis en ocasiones muy bizarras ocurrencias y opiniones.

Antes lo hacía en el Facebook, pero en un ataque de lumpen anarquismo decidí que era demasiado superficial para mi y decidí cerrarlo. Ahí se encuentra uno con la opinión de cada tarado que en ocasiones no se sabe si llorar o reír como reacción.

Removido, pues, el polvo, queda el compromiso de venir más seguido aquí a hacer un ejercicio de reactivación neuronal para volver a pensar y articular las ideas en frases coherentes, llenas de sarcasmo e ironía.