30 abr. 2009

Y cuando ya éramos muchos... I

Cuando todo mundo pensaba que ya nada más podría contaminar el milagrosamente respirable aire de la Ciudad de México y sus alrededores, ahora resulta que pulula por todos lados el virus de la gripe porcina que ya también comienza a ser conocido como el mexican flu.

Y sí, también cuando todo mundo pensaba que en una ciudad como ésta en la que a millones de personas nos tocó el infortunio de vivir, ya nada podría resultar sorpresivo, después de la matanza de Tlatelolco, el terremoto de 1985, el chupacabras y el pejebloqueo de la avenida Reforma, resulta que un invisible pero furtivo virus nos ha colocado al borde la histeria.

Apenas el día jueves por la noche la vida transcurría dentro de los razonables límites de la angustia existencial causada por la crisis económica, que con todo y los anuncios optimistas de los actores de Televisa, y los todavía más ridículos y manipuladores de Coca Cola, con todo y la historia del viejito centenario que visita a un recién nacido incluida, ha calado hondo en el estado de ánimo de las personas; apenas ése día, pues, nuestra vida aun era normal.

Muchos empleábamos las últimas horas de ése jueves mirando la televisión, cuando repentinamente salió a cuadro el descuadrado secretario de Salud, para anunciarnos que había fallado en su chamba siendo totalmente incapaz, con toda la estructura burocrática y operativa de esa dependencia, de prevenir el brote de una epidemia causada por una extraña mutación del virus de la influenza.

Millones de personas a lo largo del país, pero particularmente a lo largo, que no es mucho, pero es algo, de la Ciudad de México, escuchamos impertérritos que se había confirmado la muerte de 16 personas por causas directamente relacionadas con ése virus. Y todavía más sorprendidos escuchamos que como medidas precautorias tendríamos que evitar lugares concurridos, no saludar de mano o de beso, no tocar pasamanos, personas con síntomas de gripe y en general a todo el mundo.

Lo peor sobrevino cuando se anunció la suspensión de clases en todos los niveles del sistema educativo.

Qué bien por los estudiantes, porque evitarían salir de casa y exponerse a los riesgos de una epidemia que se antojaba bastante atroz por el cuadro patológico descrito brevemente. Pero, ¿y el resto de los comunes mortales que tendríamos que ir a trabajar a la de a fuerza, qué?

Pues nada, que nos tuvimos que chingar a salir a la calle con temor, suspicacia y recelo de cualquiera que caminara adelante, al lado o detrás nosotros.

Para mi mala suerte de hipocondríaco desprevenido, no tenía al alcance un cubrebocas, con todo y que la noche del jueves, mientras el secretario de Salud describía los síntomas de la gripe porcina, yo sentía que los tenía todos y ya me encontraba agonizante escribiendo mi testamento.

Así, el viernes por la mañana tuve que salir de casa tan sólo con la encomienda a toda la corte celestial para que no me tocara en el trayecto ningún griposo porcinoso que representara un riesgo de contagio andante.

Y bueno, está de más decir que ésa mañana eché mucho de menos haber vendido mi cochi y tener que viajar en el popular, democrático y muy riesgoso metro, pero de todos modos lo digo: extrañé no tener coche.

Atención terroristas aficionados y profesionales: si hay un lugar que puede ser propicio para propagar un virus mortal y contagioso, ése lugar es sin duda el metro de la Ciudad de México: un espacio cerrado, súper concurrido y dotado de pasamanos atiborrados de un sinnúmero de bacterias de diferentes procedencias.

Todo mundo se miraba con sospecha y hasta un leve bostezo era causa de una mirada represiva dentro de ése gusano naranja en el que ahora sí, puede pasar de todo: desde intentos de magreo perpetrados por hombres disfrazados de mujeres, hasta tianguis culturales, baños sauna y, ahora, contagios masivos de virus potencialmente mortíferos.

El sábado me tocó tener que salir de la ciudad junto con mi madre, que pasó por mí en su coche y, obvio, me puso a manejar. Nuestro destino era Veracruz, y si de por sí a quienes vivimos en el DF no nos quieren en los estados del interior de la república por gandayas y mala leche, pues ahora nos quieren aún mucho menos. Así que en esta ocasión fuimos víctimas de una discriminación aún más acentuada tan sólo por el origen de las placas de circulación del auto de mi mamá, que ya ni siquiera vive en la ciudad.

Para ése día por lo menos en los estados de Hidalgo, Puebla y Veracruz aún no había una alarma generalizada, pero para el domingo por la tarde la situación comenzó a adquirir tintes de psicosis colectiva.

La ciudad era un completo desierto. El metro estaba semivacío y quienes viajábamos en él nos mirábamos con recelo y suspicacia.

El lunes fue el acabóse. Justo en el momento en que el secretario de Salud actualizaba las cifras de casos sospechosos y confirmados de swine flu, la Ciudad de México fue sacudida por un sismo de 5.8 grados en la escala de Ritcher.

A esa hora, las 11:46 de la mañana yo me encontraba trabajando en el piso 18 de una torre compuesta por un total de 19. Si de por sí los comentarios del día eran acerca del temor que se percibía con la situación de emergencia sanitaria, la sacudida de un sismo que provocó que mi silla neumática provista con ruedas se moviera un par de centímetros, fue la cereza en el pastel de neurosis, angustia y ansiedad que ya se había cocinado en todo el Distrito Federal y algunos estados de la república.

Los comentarios de los blogs y los foros de discusión de los principales diarios del país rayaban en la histeria y el humor negro. Hubo alguien que escribió al estilo Homero Simpson: “Jehvus, nada más mándanos otra señal para confirmar que no nos quieres”; o aquel otro que escribió: “¿qué sigue ahora, la erupción del Popocatepetl?” en alusión al volcán que se encuentra a unos kilómetros del Distrito Federal, yendo hacia el oriente, en dirección al estado de Puebla.

Hubo incluso el chiste local, que ya publiqué en este espacio: ¿qué le dijo el DF a la influenza? ¡mira cómo tiemblo!

La situación no daba para menos, o para más, según se quiera ver.

Ya para el martes era generalizado el uso de cubrebocas en las calles y lugares públicos, y las indicaciones de prevención en las oficinas y lugares de trabajo eran muy claras y obligatorias.

En mi caso, la indicación fue usar cubrebocas todo el día, lavarnos constamente las manos y desinfectarlas con alcohol en gel, limpiar el lugar de trabajo y emplear bolsas para desechar en forma aislada los pañuelos y cubrebocas empleados durante la jornada laboral.

Ya por la tarde comenzaron a circular las primeras teorías de la conspiración, fundadas en nuestra muy mexicana desconfianza en la información pública y en el recelo a todo lo que los demás hacen bien, sólo por el hecho de que lo hacen ellos y no nosotros.

Que si fue un ataque bioterrorista, que si fue un complot urdido por el G 20 durante su reunión en Londres, que si el Opus Dei y sus malignos planes de dominar el mundo, que si eran miles de muertos e infectados desde diciembre de 2008 mantenidos ocultos por el gobierno.

Ésos rumores combinados con el pésimo manejo de la información dado por las principales televisoras del país, provocó que gente sana comenzara a sugestionarse y a enfermarse de hipocondría. En lo personal debo reconocer que el único síntoma de la swine flu que me ha aquejado es el cansancio crónico, pero eso ha sido incluso desde antes de que el virus mutara de la forma en que lo explicó Dereck, un niño de cinco años: “un adulto se enfermó de gripa, se la contagió a otro adulto y éste se la contagió a un puerco”.

La situación, para el día miércoles, se complicó un poco debido a la desafortunada medida tomada por el gobierno del Distrito Federal, de cerrar los establecimientos comerciales como los restaurantes, que sólo podrían servir comida para llevar, lo que provocó que personas como yo, que comemos fuera de nuestros lugares de trabajo, tuviéramos que hacer filas afuera de sitios como Burger King o Vips, para poder comprar comida. Ésa imagen sí fue deprimente. Fue como estar en un campo de refugiados esperando a recibir la ración diaria. Pero fuera de eso, la vida siguió su curso.

Esto, para quienes eventualmente llegasen a leerme desde otro país del orbe, es lo que ha sucedido en la vida cotidiana México, desde mi muy particular y subjetivo testimonio.

No hay, como podría suponerse a partir de las fotografías publicadas por diarios como El País, El Mercurio, Le Monde o Il Corriere della Sera, una situación de crisis social.

Cierto, ha disminuido sensiblemente la actividad económica, laboral, cultural y turística; pero créanme, la vida sigue.

Y cuando ya éramos muchos... II

Cuál es la lectura que desde mi perspectiva profesional le doy a esta contingencia; pues en efecto, es de alarma.

Alarma porque el ánimo social podría desbordarse si el virus de la conspiracionitis resulta más contagioso que el swine flu, lo cual supondría un riesgo para la seguridad nacional y la gobernabilidad.

Si bien el Estado falló en la fase preventiva de una situación de esta naturaleza, parece que está haciendo lo correcto en la etapa reactiva. Por primera vez en mucho tiempo se está viendo al Estado en acción, articulado y cohesionado. Los divisionismos partidistas por el momento, y en el momento electoral, han pasado a segundo término.

La sociedad salió precisamente buscando al Estado y lo ha encontrado actuando de tal manera que los costos políticos, que son mucho más importantes que los costos económicos, serán mínimos cuando pase la contingencia.

Y en cuanto a la contingencia en si y sus costos sociales; hay que ponerla en perspectiva, a fin de disminuir los tintes alarmistas y desactivar las teorías de la conspiración, que por lo demás resultan mucho más sospechosas y desconfiables que la información oficial, porque su finalidad es precisamente provocar división y desconfianza.

En un país con 106 millones de habitantes, la muerte de 150-160 personas representa el .15 por ciento de la población. Son más las personas que mueren por accidentes viales (más de siete mil al año) o por ejecuciones relacionadas con el narcotráfico (el año pasado se murieron 5567 personas, 15.21 en promedio por día), que por un virus presuntamente mortífero; de hecho, y para ampliar un poco más la perspectiva, la tasa anual de muertes relacionadas con enfermedades pulmonares obstructivas -que es finalmente de lo que se mueren las personas con influenza o neumonía- es de 19 por cada 100 mil habitantes, es decir, que mueren más personas por infartos, diabetes o cirrosis, que por gripes mal diagnosticadas y tardíamente tratadas.

Por otra parte, en una ciudad con 17 millones de habitantes, como lo es la Ciudad de México, la muerte de 8 personas no representa ni siquiera el medio punto porcentual.

Ahora, si se considera que la tasa de natalidad del país es de 4 niños por día, mientras que la tasa de mortalidad de es un 1 persona diaria, la situación es realmente nimia.

En cuanto a las supuestas pérdidas económicas, ya desde el empleo de la palabra “pérdida” se tergiversa la información. En estricto sentido lo que sucede es una baja en los índices de PERCEPCIÓN o INGRESOS o TRANSACCIONES de las empresas y negocios, los cuales se desvían hacia un ahorro momentáneo, pues lo que no se gasta en un día puede guardarse para ser gastado al siguiente. Así que las presuntas pérdidas millonarias no son tales, y pueden verse más bien como ahorros.

Para finalizar, está la cuestión del complot urdido por las “elites” mundiales para reactivar la economía.

La verdad es que ése tipo de veborrea no merecería, strictu sensu, ser comentada. Pero emplearé el tiempo menesteroso para hacerlo.

Se dice que esta contingencia es en realidad una estrategia para incrementar las ganancias de las empresas farmacéuticas transnacionales, que se fraguó en la reunión del G 20 en Londres.

A esto sólo podría decir que, si cualquiera de los conspiracionistas tuviera 20 dólares como capital y dos alternativas de inversión, de las cuales la primera consistiera en un sistema de apuestas que les garantizara una ganancia diaria inmediata; y la otra, la siembra de un árbol de naranjas que les regresaría su inversión hasta que produjera naranjas, ¿cuál escogerían?

Pues bien, también las empresas de biotecnología y farmacéutica han escogido la primera alternativa. Para ellos es demasiado costoso producir vacunas y mucho más fácil especular en los mercados bursátiles con las acciones de otras empresas. Pero no sólo ellos han escogido ésa alternativa; muchas otras compañías y bancos como Golden & Sachs también lo han hecho. Por eso en la reunión del G 20 lo que se acordó fueron nuevas reglas de operación del sistema financiero global, a fin de propiciar que ésas empresas invirtieran sus ganancias en la economía real.

En lo que hace a la ubicación de los muertos por swine flu y su familiares, estoy seguro que a ninguno de los sospechosistas profesionales les gustaría que sus amigos, vecinos y conocidos se enterasen que tienen herpez genital o hepatitis, porque eso implicaría convertirse en objetos de discriminación, en el mejor de los casos, y en el peor, ser linchados o expulsados de sus respectivos barrios o comunidades. Así igual sucede con los contagiados de swine flu, por eso es que no los vemos en cadena nacional llorando sus duelos.

Y ya para finalizar ¿qué clase de gobernante estaría dispuesto a que su país fuera el blanco de la segregación y discriminación del resto del mundo, a sabiendas que eso implicaría casi en automático su derrocamiento por parte de una sociedad enfurecida? Ninguno que tenga dos dedos de frente.

Así que por favor, hay que tomar esto con seriedad, mas no con actitudes demenciales o paranoicas.

28 abr. 2009

Conspiracionitis vs. A/N1H1

Ahora que pareciera, o cuando menos ahora que queremos creer que pareciera, que las medidas preventivas para neutralizar el brote de influenza porcina están dando resultado, ha aparecido otra enfermedad endémica de México: la conspiracionitis.

Parte de nuestro ethos cultural mezquino, culero e hijo de la chingada, es el hecho de menoscabar, subestimar y descalificar los esfuerzos hechos por los otros para el logro de un objetivo, sólo por el simple hecho de que lo hicieron ellos y no nosotros. Y una forma de descalificar esos esfuerzos y de pretender poner en duda la objetividad de un acontecimiento, es inventar teorías bastante fumadas para explicar o descubrir la causa subyacente al tema o suceso prevaleciente.

Así sucedió cuando en medio de la pena que embargó a decenas de personas a causa del avionazo en el que perdió la vida el que fuera Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, así como otras tantas personas más, alguien salió a decir que había sido un hecho prefabricado para quitar de en medio a Mouriño. Incluso hubo quien, más disparatado todavía, dijo que el avioncito en el que viajaba ¡había sido derribado por un misil tierra-aire!

Y qué decir de los avionazos que derrumbaron las Twin Towers en Nueva York. Por la red circularon varios correos electrónicos que daban cuenta de la conspiración orquestada por el Pentágono y del stablishment de Washington para reactivar la economía y ecumbrar a la elite ultraconservadora de los Estados Unidos.

Ahora, en medio de la contingencia sanitaria que padece México y que ha propiciado que tengamos el deshonor de desbancar a los colombianos como las personas non gratas en el hemisferio americano, se me ha ocurrido fabricar dos teorías de la conspiración para explicar el pánico que ha subyugado a la patria entera, con todo y nacotraficantes incluidos.

La primera es que la propagación del virus de influenza porcina fue ideada y ejecutada por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo para que, una vez llegada a su punto culmen la crisis existencial y de fe de millones de personas alrededor del mundo, ellos pudieran salir a ofrecer la redención por la vía del catolicismo más rancio y ultraconservador, propiciando que la gente olvidara los casos de los curas pederastas y cementales como el presidente de Paraguay.

La idea tiene lógica, porque los países en los que hasta ahora se han presentado los brotes de la influenza porcina hay presencia de ambas prelaturas. Es más, no me resultaría extraño que ya por ahí ande Dan Brown tramando el argumento de su próxima novela.

En México la rápida propagación del virus pudo darse a través de los repartidores de productos Bimbo, cuyo propietario, Lorenzo Servitje, es simpatizante de los Legionarios de Cristo. Y si no fueron los de Bimbo, entonces los de FEMSA, embotelladores y distribuidores de Coca Cola en México y América Latina, cuyos camiones de reparto llegan incluso hasta el pueblo más apartado del país, del cual ni siquiera el Centro de Investigación y Seguridad Nacional tiene idea de su existencia.

La otra teoría es que el virus fue creado en algún laboratorio de armas biológicas del Pentágono, con la finalidad de reactivar la economía gringa, en el contexto de una estrategia armamentista y belicista a todas luces agotada durante la era Bush.

En la Administración Obama hubiera sido demasiado impopular volver a invadir Afganistán o Irak, que son los dos únicos países “invadibles”, porque los que es Corea del Norte e Irán, mandarían al diablo a los gringos en un dos por tres, debido a su capacidad nuclear. Y ni qué decir de Somalia, donde los piratas de Mogadiscio bien podrían recetarlos a los gringos otra caída de un halcón negro, como sucedió en la batalla de Mogadiscio que después se hizo película.

Así que la nueva estrategia fue esa, la creación del virus y su propagación en un país bastante chafa y cerril como México, al que se le echaría la culpa por ser subdesarrallo y fallido como Estado.

Una vez puesta en marcha la propagación del virus, el gobierno gabacho anunciaría, como lo ha hecho, ayuda económica tipo New Deal sanitario para reactivar la economía, pero ahora por la vía de la industria farmacéutica o de biotecnología.

Qué tal, a poco no están buenas mis teorías de la conspiración.

Sé que están incompletas, así que si alguien gusta complementarlas, adelante, se aceptan sugerencias, antes de que las mande como cadenas de correo electrónico.

Mientras tanto felices momentos de psicosis para todos.

27 abr. 2009

Humor negro

A propósito del sismo de 5.8 grados en la escala de Richter que se presentó la mañana de hoy en la Ciudad de México, ya salió el primer chiste de humor negro. Y es que por como pintan las cosas, parece que hoy si nos va a cargar Krusty.
¿Qué le dijo el Distrito Federal a la influenza? ¡Mira como tiemblo!
Es muy bueno, la verdad.
En estos momentos no queda más que reir y ser concientes de que, como dirían los franceses: ces't la vie.

Influenzados

De todo el desm... orden psicológico que se ha generado a propósito del brote de influenza porcina que vivimos en la zona metropolitana de la Ciudad de México, quisiera esperar un poco para emitir mi opinión.
Lo único que puedo decir por el momento es que en las calles se perciben el miedo y la suspicacia aun más acentuadas que de costumbre.
Por ahora sólo me quedo con la explicación que del brote de la influenza dio un niño de cinco años: "una persona se enfermó de gripa y se la contagió a otra y ésta se la contagió a un puerco".
Felices momentos de psicósis para todos.

21 abr. 2009

Ahmadineyad en la ONU

Hoy leía en los diarios que los principales representantes diplomáticos de los países miembros de la Unión Europea, tales como Alemania, Holanda, Italia y Nueva Zelanda, se indignaron ante el discurso pronunciado por el Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, en ocasión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Racismo y Xenofobia, debido a que dijo lo que en su calidad de representante de una nación le correspondía expresar como su portavoz: que el Estado judío ha practicado sistemáticamente el racismo.

Desde la perspectiva occidental de la corrección política, el discurso de Ahmadineyad fue a todas luces incorrecto y reprobable; para rasgarse las vestiduras y mofarse de él tachándolo de payaso, incluso fue pretexto para protestar abandonando el recinto de la ONU en Ginebra donde se realizaba el evento.

Sin embargo, desde una perspectiva meramente humana, de sentido común para diferenciar la justicia de la injusticia, el abuso de la manipulación moral y afectiva, el discurso de Ahmadineyad fue una reivindicación y un desagravio al pueblo palestino, que efectivamente ha sido objeto del odio y el rencor que contra él ha descargado brutalmente la elite gobernante de Israel, con la complicidad y la anuencia de Occidente.

Hace algún tiempo escribí aquí algo que cada vez más personas en el mundo han reflexionado: que ya es hora de abandonar la conmiseración con la que hemos visto y tratado a los judíos; pero no a todos los judíos, porque los que en este mismo momento trabajan en algún muelle de Haifa, o los que asisten a sus clases en la Universidad de Jerusalén, no tienen la culpa de las atrocidades cometidas por quienes los gobiernan.

Es hora de dejar de ver a la elite hegemónica que domina al pueblo israelí y que manipula sentimentalmente a los Estados occidentales, como aquellos errantes judíos liderados por David Ben Gurion, que buscaban apoyos para la formación de un Estado donde pudieran vivir tranquilamente; porque ya no son así. Ahora son como Netanyahu y Sharon, unos halcones sanguinarios que bien podrían estar al mismo nivel de vileza e infrahumanidad de Himmler o Heydrich.

La acusación hecha por el presidente iraní en el que sentido de que Occidente dejó a “toda una nación sin hogar bajo el pretexto del sufrimiento judío", debe acompañarse en la mente de las imágenes de los niños y mujeres muertos durante el último asalto de Israel a la Franja de Gaza, para que pueda ser comprendida en su totalidad.

Por supuesto, no todo lo dicho por Ahmadineyad debe celebrarse, porque el fin y al cabo se situó en la misma línea de intolerancia de sus detractores, pero ésa parte en la que dijo lo que la ONU “siempre ha acogido con el silencio los crímenes de ese régimen, como los recientes bombardeos contra civiles en Gaza” sí debe ser reconocida, porque recoge una percepción que muchos tenemos y la proyectó con el eco propio de un foro internacional como el de Durban II.

4 abr. 2009

Berlin, la derecha y la izquierda

Una de las grandes enseñanzas que nos legó Isaiah Berlín fue que en el terreno de la disputa ideológica no hay lugar para el holismo, es decir, para la creencia de que los valores culturales que orientan la interacción social son absolutos, inmanentes y universales.

En su momento, como ha sucedido con todos los pensadores sensatos, Berlín fue tachado de pequeño burgués y relativista cultural. Pero tiempo después, su enseñanza fue asimilada por aquellos sectores de la intelectualidad capaces de desarrollar la coherencia mínima suficiente, como para permanecer ajenos a las modas académicas y los –ismos que suelen configurar lo que se ha denominado como el “espíritu cultural de una época”.

Que los valores y las ideas no sean absolutas y universales no significa que carezcan de validez; sino más bien que su validez está determinada por un entorno histórico, cultural y geográfico.

Cierto, la libertad como valor lo mismo aparece en Occidente que en Oriente como un concepto, pero su contenido, lo que le confiere propiamente el carácter de valor, no es el mismo para un norteamericano que para un tibetano.

Este planteamiento de la relatividad de los valores sirve también para analizar las ideologías políticas, que no son más que un compendio de valores ordenados en una escala de importancia. De hecho, si hubiera que simplificar para efectos de entender con claridad las nociones de “izquierda” y “derecha”, se podría decir que la primera sitúa en primer lugar de importancia el valor de la igualdad, mientras que la segunda privilegia a la libertad. No obstante, hay que recordar que la propia taxonomía axiológica –el orden jerárquico de los valores, pues- no es concluyente; de manera que dentro de lo que se denomina como derecha e izquierda, puede suceder que la idea de la libertad se combine en grado y medida con otras ideas, dando como resultado diversas tendencias ideológicas que conforman un espectro muy amplio, que puede ir desde el comunismo radical, hasta la anarquía absoluta.

Así, un liberal no necesariamente debe de ser considerado como “de derecha”, ni un comunista como “de izquierda”, pues en ambos casos la caracterización depende del contexto en el que un tal individuo desarrolle su perspectiva ideológica, así como de la propia orientación de quien caracteriza. Esto es, que comparado con George Bush, Barack Obama es un hombre izquierda; pero comparado con Hugo Chávez es más bien un militante de la derecha. Y así también Chávez, comparado con Lula Da Silva es un gobernante autoritario, pero comparado con Poltpot es un ícono de la democracia.

En México, por ejemplo, el Partido Acción Nacional de los años 30 y 40 era un partido democrático y liberal, pero su evolución a lo largo de 60 años lo ha convertido en un partido muy cercano al conservadurismo y a las prácticas antidemocráticas que denunció durante décadas.

Todo esto viene a cuento porque aquello de la izquierda y la derecha depende del contexto en el que se realice la caracterización. Y si he escrito este es comentario es un poco para curarme en salud debido a que en una reciente reunión con algunos amigos y ex colegas de la Facultad, me tildaron de pregonero de la derecha empresarial, sólo porque trabajo en una de las pocas compañías mexicanas verdaderamente globales.

Pero que me hayan dicho derechoso no es el punto acá; sino el hecho de que mis compañeros de trabajo, abogados todos, me consideran de izquierda radical sólo porque cuestionó sus ideas y me muestro siempre crítico ante la realidad política.

La verdad es que eso de las izquierdas y las derechas nunca me ha interesado en estricto sentido, porque me parece una pérdida de tiempo andar etiquetando y encasillando el pensamiento.

Las personas deben de ser libres en todo momento de pensar y actuar como mejor les plazca, con pleno uso de la razón. Pero si me apuran, diré que para mí la cuestión de la orientación política se reduce a escoger entre los dos valores anteriormente mencionados: la igualdad y la libertad. Y de ambos, yo escojo al segundo por sobre el primero.

Las personas siempre deben de orientar sus acciones hacia el aseguramiento de su libertad y autodeterminación. Pero al mismo tiempo debe de existir alguna suerte de equilibrio o mecanismo preventivo que evite que el ejercicio de la libertad conduzca a situaciones de inequidad social, económica y cultural. Entre las personas no deben de existir diferencias propiciadas por sus propios artificios, sino sólo aquellas que sean naturales, pero sin que esto signifique que unas sean mejores que otras, sino más bien, plurales y diversas; motivo por el cual el segundo valor que debería de imperar es el respeto, porque éste cuando es bien ejercitado, conduce al entendimiento y la comprensión de la razón de ser de las demás personas.

En el plano estrictamente político, un valor que debiera de prevalecer es el de la sensibilidad, que más bien es una aptitud. Mirar la situación del desprotegido, el oprimido, el explotado y el pobre, debiera de motivar a la creación de mecanismos de combate a los factores que los obligan a permanecer en ésas condiciones. Pero desafortunadamente esto no sucede, porque cuando se accede a una posición de ejercicio del poder sobre una colectividad, las pasiones rigen por encima de las razones, y entonces lo que se busca es mejorar la situación propia, olvidándose de la ajena. Y cuando esto sucede, ya no existe diferencia entre izquierda y derecha, sino sólo entre poderosos y el resto del mundo.

Esto es lo que ha sucedido en todas las épocas desde que el mundo es mundo; pero particularmente desde que el sistema capitalista comenzó a desplegar su hegemonía. Por eso Carlos Marx planteaba como requisito indispensable su deposición como condición sine qua non para la construcción de una situación social más equitativa y humana.

Marx murió y paulatinamente sus ideas fueron malinterpretadas y pésimamente ejecutadas, propiciando que el viejo de las barbas paulatinamente fuera quedándose en el olvido. Ahora, cuando el capitalismo está en una crisis que bien podría ser aprovechada para exterminarlo, ya nadie se acuerda de Marx y nadie plantea la posibilidad de otro mundo que no se agote en una mera propuesta retórica y publicitaria.

En esta hora mundial se requiere pensar desde una perspectiva crítica y lo más cercana a la objetividad, qué es lo que queremos construir para el futuro y cómo habremos de construirlo. Desafortunadamente no contamos con un Marx que nos oriente, y con el Marx que si podemos contar, que es el de El Capital, está arrumbado en las bibliotecas, mientras los poderosos de la izquierda y de la derecha continúan repartiéndose los despojos del mundo y generando más opresión, pobreza, explotación e injusticia…

Cierto, el capitalismo no está funcionando, como salieron a denunciar los denunciantes de siempre; pero tampoco la capacidad para pensar e ideas nuevas propuestas de cambio social y económico; es decir, ésa capacidad de Wright Mills denominó como imaginación sociológica.

3 abr. 2009

Isn't working?



Esta fotografía que apareció en la portada de La (me)Jornada del sábado pasado me hizo recordar mis años de bachillerato, cuando estudiaba en el aguerrido Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM y me creía las payasadas anticapitalistas que escribían Ismael Colmenares y Miguel Ángel Gallo.


Pero la verdad es que algo de cierto hay en esa cosigna de que el capitalismo no está funcionando, y es precisamente que NO está funcionando, aunque eso no significa necesariamente que esta vez, ahora sí, ése modo de producción vaya a acabar.


No obstante, es muy sintomático que el "capitalism isn't working" haya sido difundido precisamente en la reunión del G-20 en Londres, porque lo que sucedió ahí fue la refundación -otra vez- del propio capitalismo, ahora un poco más humano. Los jefes de Estado que se reunieron ahí, salvo contadas excepciones como Berlusconi (y Sarkozy, un poco) tienen una perspectiva un tanto más social y se han mostrado igualmente un tanto más sensibles a los problemas que aquejan al mundo en su conjunto.


Esto, a diferencia de lo que sucedió en lo años ochenta del siglo pasado en el llamado Consenso de Washington, es algo esperanzador. Sin llegar a desplegar el protagonismo de antaño, el Estado está de regreso, dirigido por hombres y mujeres que saben cómo hacerlo funcionar y hasta dónde llevarlo para hacer funcionar al sistema económico que para poder desarrollarse como tal, tuvo que declararle la guerra y que ahora regresa a él como el hijo pródigo del relato bíblico.


Y aunque parezca que ahora me he derechizado, la verdad es que entre mis compañeros del trabajo soy un ultra izquierdoso. Pero la verdad es que eso de las orientaciones políticas como lo de las orientaciones sexuales, es muy relativo; todo depende desde dónde se mire.


En fin, gracias a mis nuevos lectores, que ya caí en la cuenta de que sí lo hay.


Bienvenidos a este espacio de naderías, nimiedades, similares y conexos.