20 feb. 2009

El día que México conoció el vallenato

Un fantasma recorre México. El fantasma del PRI, que amenaza con materializarse y regresar al centro del poder que es la Presidencia de la República en 2012 y para ello está preparando muy bien el contexto; tanto, que no es descabellado que su retorno sea por aclamación.

En estos tiempos aciagos es imposible no recordar los “años dorados” del PRI en la Presidencia de la República, cuando México era la gran potencia de Latinoamérica y podía mirar y tratar a los demás países de la región con un dejo de desdén y paternalismo disfrazados de un falso panamericanismo de manual nacionalista.

Entre los años 40 y 60 del siglo XX el Estado mexicano era el ejemplo político y económico de la región; ni siquiera Brasil o Argentina podían presumir de contar con una economía pujante y un entorno político de gobernabilidad que garantizaba el ejercicio de casi todas las libertades y garantías políticas; porque es un hecho que el único factor disfuncional en la política mexicana era la simulación democrática que había montado precisamente el PRI para mantenerse en el poder.

Todavía en los años ochenta y noventa, con todo y la emergencia de Chile y Brasil como las dos promesas económicas y políticas latinoamericanas, México era considerado un país estable en muchos aspectos, pero principalmente en el de la gobernabilidad. Cierto, había movimientos sociales, expresiones guerrilleras antisistémicas y algunos conflictos electorales, pero el factor central de la capacidad de gobierno, que era la seguridad pública, estaba garantizado por una serie de acuerdos tácitos de complicidad y mutuos beneficios entre los distintos grupos delincuenciales y los distintos órdenes de gobierno. Se podían criticar esos acuerdos y considerarlos reprobables desde una perspectiva de moral pública, pero su eficacia era perceptible.

Sin embargo, a partir de la inauguración del periodo de la alternancia en el poder, es decir, desde el año 2000, esos acuerdos se rompieron, se desgastaron o no fueron asimilados por los nuevos cuadros burocráticos que, inexpertos, llegaron a ocupar las posiciones que habían ocupado durante décadas los funcionarios priístas.

Aunado a lo anterior, el debilitamiento del tejido social causado por factores como las recurrentes crisis económicas que padeció el país durante casi tres décadas consecutivas, hicieron crecer un mercado informal en el que la dinámica “delincuencia-consumo” se expresó con mayor claridad en la industria ilegal del tráfico de drogas. Como se sabe, México pasó de ser un país distribuidor-productor a un país consumidor.

Las organizaciones delincuenciales de trasiego de estupefacientes se expandieron con gran rapidez primero por el norte-norteeste del país, y posteriormente por casi todo el territorio nacional.

Todavía a inicios de la década que corre era posible advertir que el peor ejemplo de lo que México debería de evitar como experiencia de ingobernabilidad, era Colombia, Estado débil supeditado en los hechos a la tutela de Estados Unidos debido a su incapacidad para resolver dos problemas fundamentales: su propia institucionalización como Estado y el mantenimiento de la unidad de la Nación. Esos dos problema hicieron posible que en muy poco tiempo una expresión antisistémica armada (la guerrilla) se vinculara con grupos delincuenciales dedicados al trasiego de marihuana y cocaína, dando como resultado una coalición de intereses que condujeron a ése país a una grave situación de ingobernabilidad de la que apenas ahora parece estarse recuperando, con el altísimo costo de la pérdida de su capacidad de autodeterminación.

En la hora actual parece irreversible el proceso de “colombianización” de México; tanto que las agencias de inteligencia y seguridad nacional norteamericanas han comenzado hablar no sin razón de un “Estado fallido” que en verdad lo es.

La capacidad de fuego y las tácticas empleadas por los grupos armados que brindan protección a los traficantes de drogas en los años recientes, son una clara muestra de que no se trata de personajes fantoches que disparan y después “verigüan”, sino de auténticos terroristas que han roto incluso los pactos regionales de apoyo y lealtad con los núcleos poblacionales, a cambio de beneficios económicos y posibilidades de desarrollo.

Lo más grave y peligroso es que el Ejército mexicano, otrora entrenado para socorrer a la población civil en situación de desgracia a causa de alguna contingencia ambiental, parece por momentos incapaz de hacerle frente a pequeñas células de gatilleros que emplean técnicas de combate muy parecidas a las empleadas por las guerrillas urbanas de los años setenta, lo cual hace pensar que, o ya existe un pacto entre los cárteles de la droga y las pequeñas pero persistentes expresiones guerrilleras que aun existen en el país, o que han comprado la capacitación de mercenarios probablemente colombianos o centroamericanos que les han enseñado a enfrentar a un Ejército lento y carente de la experiencia en el combate a civiles que actúan en forma muy diferente a la que actuaría un cuerpo armado convencional.

Desafortunadamente llegó el día en que México conoció el vallenato y para confirmarlo sólo falta ver grupos de población civil desplazados de sus lugares de residencia a causa de los altos índices de violencia y criminalidad.

Cuando eso suceda habrá que adaptar “Los caminos de la vida” a una versión del chuntaro style y rogar porque entre los cuadros priístas haya un Álvaro Uribe, que se preste a ser marioneta de un gobierno extranjero que nos salve de caer en el abismo…
... y cuando eso suceda, yo ya estaré tomando el sol en los tres metros de playa caribeña que tiene Belice.

13 feb. 2009

Las falacias del amor

Y seguimos con la jornada de resistencia civil pacífica en contra del amor. En esta ocasión le toca el turno a un espléndido estudio realizado por Roxana Kreimer, Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, de cuya existencia me enteré gracias a Carolina Dosetti, que goza en su alma al restregarme su culteranismo.

Kreimer es fundadora de la Escuela Argentina de Filosofía Práctica, que quien sabe qué demonios significa, pero que más o menos se dedica a acercar a la chusma palurda hacia los desarrollos filosóficos más densos a través de estudios sencillos y ejemplos prácticos.

De hecho es una de las pocas mujeres (y hombres) que han demostrado que el estudio de la filosofía puede ser un negocio rentable, pues hace algún tiempo echó a andar un proyecto conocido como “cafés filosóficos”, que consiste en organizar comidas o cenas en un lugar muy ameno, con el objetivo de presentar a algún académico que desarrolla un tema perteneciente a alguna de las ramas del saber filosófico, como la ontología, la epistemología o la axiología.

Como sea, el punto es que en esta ocasión quiero presentar algunos fragmentos de “Las falacias del amor”, una de las investigaciones quizá más conocidas de esa filósofa argentina de ascendencia judía.

Falacias del amor es un estudio muy puntual acerca de las concepciones que han surgido alrededor de ése sentimiento a lo largo del proceso evolutivo de la cultura occidental.

Es un libro muy bueno y ampliamente recomendable; está un poco carito porque está publicado en Paidós, pero vale la pena leerlo.

Aquí pues, unos fragmentos de Falacias del amor:

“En Occidente ha prevalecido una concepción irracional sobre el amor. Curiosamente éste fue uno de los aportes más significativos de los antiguos griegos —fundadores de la cultura racionalista— a nuestras formas contemporáneas de entender el amor, y también una de las tantas razones por las que se ha establecido un nexo tan estrecho entre amor y sufrimiento. A diferencia de los hindúes, de los chinos o de los japoneses, los griegos no entendieron al amor como una virtud a ser cultivada sino como una enfermedad, como una forma de locura que, aunque muy dulce, puede destruir todo lo que una comunidad e incluso el mismo amante, valoran. El amor no fue considerado un arte, una práctica que se enseña, se aprende y se perfecciona, sino un mecanismo irracional, espontáneo, no intencional e inducido desde el exterior —mediante las flechas de un dios caprichoso— que deja al individuo inerme, a merced de fuerzas completamente externas a sí mismo.

La concepción hegemónica que hemos heredado de los griegos identifica al amor como una forma particular y breve de éste que conocemos como enamoramiento, una exquisita efervescencia con pronta fecha de vencimiento, basada en la idealización y en la ausencia del ser amado. Esta noción ha dado lugar a una recurrente falacia en el discurso amoroso, la de la ambigüedad que supone el uso de la palabra amor con sentidos diversos a lo largo de un mismo razonamiento…

(...)

“Entender el amor como un sentimiento espontáneo y repentino (tal es la concepción del flechazo), y no como una relación que se construye a lo largo del tiempo, supone el desarrollo de altas dosis de idealización, en particular por parte de las mujeres, que aún son más educadas para el amor que los hombres.

(…)

Amar la búsqueda del amor
La concepción platónica del deseo como ausencia —según la cual se ama fundamentalmente cuando se carece del sujeto amado o de sus cualidades dignas de amor—, profundizada por el cristianismo, el amor cortés medieval, el romanticismo, el psicoanálisis y la sociedad de masas contemporánea, favoreció la concentración del interés en el periodo de la conquista. Amaríamos más la búsqueda del amor que el amor en sí mismo.

(…)

El orgullo de sufrir por amor
El Romanticismo consagró la infelicidad como destino del amor. Madame Bovary, la novela realista de Flaubert, describió la infelicidad de la mujer burguesa educada en el romanticismo, y fue una historia arquetípica en la descripción los efectos indeseados que la “educación para el amor” (bovarismo) suele tener en gran cantidad de mujeres. Flaubert valora el amor-pasión en su justo límite: no lo juzga omnipotente e incluso lo desmitifica por la frecuencia con que conduce a la desdicha al abrevar en ausencias, idealización y expectativas desmedidas.”

(…)

El amor en los tiempos del consumismo
Parte de la cuota necesaria de sufrimiento que implica el amor se vincula con el hecho de que, como individuos modernos y occidentales, debemos elegir por nuestra cuenta a la pareja con la que compartiremos gran cantidad de momentos de nuestra vida. Como sujetos modernos, estamos librados a nuestras propias fuerzas.

Reflexionar sobre el amor constituye un verdadero desafío en momentos en que los cambios científicos se tornan vertiginosos, cuando es posible escindir por completo la sexualidad de la reproducción, cuando los métodos de fertilización asistida plantean cambios que apenas alcanzamos a vislumbrar, cuando asistimos a cambios sustanciales como la disolución de un modelo de familia centrado en la crianza de los hijos.”
Kreimer, Roxana, Falacias del amor, Paidós, 2005

12 feb. 2009

A favor

¡La mota legal, eleva la moral!





Digo, yo no soy consumidor, pero defiendo la libertad y el derecho que tienen los parias de este país a autodestruirse como mejor les plazca; y si ya de fastidiarse se trata, pues cuando menos que lo hagan de forma natural y económica fumando motita.


Además de que sería una de las pocas industrias nacionales que podrían hacer las veces de contrapeso y equilibrio real al dominio de las tabacaleras gringa (Phillip Morris) e inglesa (British American Tobacco).


Lo que es más, desde ya se debería de comenzar a legislar para considerar como mercado relevante al de la marihuana, para evitar que la mota de los colombianos y los peruanos nos quiera hacer competencia desleal.


En fin, en fin, que cada quien decida la mejor manera de ponerle en la madre a su existencia. Eso es lo importante: la libertad para elegir.

8 feb. 2009

Contra el amor

Manuel de Zequeira y Arango fue un poeta cubano que nació en 1764, en La Habana. Como casi todos los jóvenes de las familias pudientes y pudorosas de la isla, entró a estudiar historia, cultura latina y teología en el Seminario de San Carlos.

Poco tiempo después emprendió un viaje a España y una vez en la madre patria, se asoció al regimiento de infantería de Soria. En pocas palabras, Zequeira y Arango era un tipo rijoso que anduvo metido en cuanta guerra pudo. Muy probablemente fue uno de los primeros turistas beligerantes, porque anduvo en Venezuela y en el Virreinato de Nueva Granada, cuyo nombre actual es Colombia o Ecuador o Panamá; no lo sé y da lo mismo.

Como buen expedicionario, Zequeira dejó muchas querencias en todas las regiones que visitó y por tanto acumuló también una gran experiencia en el complejo terreno de los afectos.

Pues bien, he decidido comenzar mi jornada de resistencia civil pacífica en contra del amor, con un poema de este cubano inmortal.

Y aunque nunca me ha gustado la poesía, la verdad es que este poema es bien puntual en la descripción de ésa patraña sentimentaloide a la que muchas personas llaman amor.


Contra el amor

Huye, Climene, deja los encantos
Del amor, que no son sino dolores;
Es una oculta sierpe entre las flores
Cuyos silbos parecen dulces cantos:
Es néctar que quema y da quebrantos,
Es Vesubio que esconde sus ardores,
Es delicia mezclada con rigores,
Es jardín que se riega con los llantos:
Es del entendimiento laberinto
De entrada fácil y salida estrecha,
Donde el más racional pierde su instinto:
Jamás mira su llama satisfecha,
Y en fingiendo que está su ardor extinto.
Es cuando más estrago hace su flecha.



Manuel de Zequeira y Arango

4 feb. 2009

Febrero

Entre tanto chou mediático causado por las decepciones del equipo económico del súper Presidente Obama (ya se le bajaron del barco Bill Richardson y Tom Daschle acusados de sospechosistas negocios con compañias privadas), y el tubazo que le propinó en la cara Alan Jara al sátrapa tropical que gobierna a su país, sugiriendo un reprobable arreglo entre su gobierno (respaldado por la CIA del súper Presidente Obama) y las FARC; además de otras notas nimias, como que la empresa para la que trabajo perdió cientos de millones de dólares, no había reparado en el hecho de que ha comenzado Febrero, mes de fiesta nacional por diversos motivos, entre ellos, la conmemoración del natalicio de uno de sus más grandes próceres en ciernes.
Ya lo he escrito en otras ocasiones, pero lo vuelvo a hacer, pa' los que no lo sepan: después de Diciembre, porque es un mes de excesos gastronómicos, dispendios económicos y aquelarres etílicos, Febrero es el otro mes del año que considero de mis preferidos.
Es un mes de transición entre el invierno y la primavera, así que sus días no son ni de frío ni calor. Pero eso sí, con mucho viento.
Es también un mes de muchas celebraciones, comenzando con la tamaliza del día de la Candelaria. Después viene la conmemoración cívica de la promulgación de nuestra Constitución, que parece pila de agua bendita (o trasero de puta) porque todo mundo le ha metido la mano.
Más después viene el único día abominable del mes, que es el 14 de Febrero, día en que la industria cultural del capitalismo (por muy insensiblemente socialista que eso pueda sonar), decidió celebrar al "amor" (que no existe) y a la amistad (que es escaza), desplazando a la celebración católica de Valentin de Milán -que a su vez desplazó a la celebración pagana de los Lupercales, la cual, dicho sea de paso, era medio macabra.
Pasado ése trago amargo en el transcurrir del calendario viene el día del Ejército y la Fuerza Aérea (19 de Febrero), que es un justo reconocimiento a toda la tropa que se la rifa por los pinches civiles descuidados e inconcientes, que se largan a vivir en las riveras de los ríos y costas en la temporada de huracanes, obligando a los pobres soldados a rescatarlos, darles albergue temporal y reconstruir -también temporalmente- sus casas, corrales y demás propiedades de alto riesgo inmobiliario.
Después viene el día de la bandera, que según la encuesta de un diario X de Perú o algún otro país tropical (sé que Perú no es un país tropical, pero es X, como el resto de Sudamérica, salvo Brasil, Chile y Argentina), es la más bonita del mundo. Y pus la neta y más allá del chovinismo simplon y arrabalero, sí está "por ahí" nuestra bandera, la enseña nacional, de la cual son nuestras notas su cántico marcial...
Y bueno, después del día de la bandera sigue una fecha que muy pronto será día de fiesta nacional, porque es la conmeración del nacimiento de uno de los mayores próceres intelectuales que ha dado este país de globos, bicicletas y avionciotos que se caen, al mundo de la cultura, sólo comparable con Juan Rulfo y Agustin Yáñez (Octavio Paz no, porque me cae gordo).
Ése día, como dice la letra de "Las Mañanitas" nacieron todas las flores y cantaron los ruiseñores. Ése día la patria, que había vivido en penumbras, vio la luz (pensaba escribir "crepúsculo", pero es una palabra que ha ultimas fechas se ha vuelto medio gay).
Pero en fin, es Febrero, el segundo mes del año y el primero del calendario chino, que este año está dedicado al buey, que quien sabe que chingados signifique, pero así es.
Feliz Febrero para todos.
P.S. Qué días tan feos han sido estos últimos: grises y fríos.
PS.2 Casi me muero de gripe, pero afortunadamente la doctora corazón me rescató desde la distancia de Saltillo; claro, después de haberme regañado por haberme echado unos tequilas con hielo el domingo por la tarde.