26 nov. 2008

Si marx viviera...

... con ellas estuviera.











Esto es lo que yo llamo auténtica conciencia de especie, es decir la actualización de esa construcción social inventada por Marx para explicar el curso de la historia a base de madrazos entre opresores y oprimidos.


La conciencia de especie trasciende la determinación de la formación social y sus estructuras... ¡demonios! si estuvieramos en los setentas sería mucho entendible todo este rollo.

El punto es que estás chicas decidieron encuerarse en medio del jodido frío de Moscú para llamar la atención no acerca de sus voluptuosos cuerpos, sino del maltrato de que son objeto animales como los conejos, armadillos, focas y un largo etcétera.


Habrá algún sacerdote del marxismo ortodoxo que considere una falta de respeto que estas mujerzotas hayan ido a mostrarle el trasero al gran Carlos Marx. Pero la verdad es que Marx también fue humano y sujeto de las bajas pasiones. Sólo que en su época lo más excitante que podía hacer una mujer era exhibir sus tobillos descubiertos.


Como sea, lo importante no es si estás mujeres están buenas o celulíticas, sino el mensaje político enmancipador que subyace en su protesta: ¡basta de matar focas para vestir zorras!


Oh sí.

24 nov. 2008

Acerca del chovinismo literario

Una querdísima y persistente visitante de este espacio de naderías y asuntos sin importancia, deslizó cierto reclamo acerca de mi irreverente forma de referirme a los escritores de culto entre los asiduos lectores de antologías literarias.



La verdad es que sí soy irreverente e insolente. Pero no es en modo alguno una actitud irreflexiva, producto de mis impulsos, fobias y filias intelectuales. Se trata más bien de una cuestión de ejercicio crítico, de anticlericalismo y antidogmatismo; o si se quiere y aunque suene atemorizante, de jacobinismo antiidolátrico (whatever it means).
Producto de nuestro precolombino pasado religioso politeísta y de nuestra desgracia de ser el producto de la mezcla entre el animismo y el naturalismo prehispánicos, y del catolicismo pueblerino de los conquistadores españoles, es nuestra insana costumbre de rendirle culto a los ídolos, colocándolos en un pedestal y recubriéndolos de una áurea de divinidad.
Eso, según Freud en mi muy particular interpretación del único texto que he leído de él, que es Totem y Tabú, constituye el cimiento de un tipo de sociedad sumisa, reverente y temerosa. No es casual que a lo largo de la historia de América Latina la constante, más que la excepción, haya sido una forma de dominación vertical y autocrática. En el siglo XX tuvimos nuestro PRI, nuestro APRA, nuestro ARENA; ahora, en el siglo XXI tenemos nuestro socialismo bolivariano, nuestro peronismo reciclado perfumado con Chanel No. 5 y vestido con Vanity, y desde luego, nuestro priísmo en su vertiente vieja y reprobable, y en su vertiente nueva y también reprobable.
De modo pues que está en nuestros genes sociales la tendencia al culto hacia los ídolos; ésos seres que están más allá de las cualidades y aptitudes de los simples mortales... o al menos eso queremos creer, o nos han hecho creer.
En ése contexto adquiere cierto tinte anarcoíde el dadaísmo intelectual; la destrucción de los ídolos como un mecanismo de liberación de la pleitesía y la sumisión. Así que en la tradición del mesianismo, de la cual también somos herederos, yo me asumo como un jacobino antiidolátrico que pretende la liberación de las masas, del yugo de las antologías literarias, diseñadas desde la oficina de algún tenebroso burócrata del correspondiente ministerio de educación pública.
Mirar a Fuentes, a Vargas Llosa, a García Márquez, a Frida Khalo y al panzón apestoso ése que tenía por marido (Diego Rivera, creo que se llamaba), como mortales falibles que eructaban y soltaban pedos, es ponerlos en la misma dimensión humana en la que el resto de la sociedad desarrollamos nuestra existencia. Sin ídolos que dicten voluntariosos designios, cada quien es dueño de sus actos y de las consecuencias que generen. Cada quien puede mirar a la realidad desde su lugar dentro de la misma, e imaginar mundos y realidades diversas que vayan más allá del "realismo mágico", o el "vanguardismo" o el simple cretinismo de los ídolos.
De eso se trata la irreverencia, nada más.
Pero no hay que confundirse. No se trata de lanzarse a criticar a lo puro güey. Aunque de antemano sé que es cierto, no puedo decir que Fuentes es un imbécil sólo porque me cae mal. Es preciso leer su obra, compararla con la de otros autores de su generación, conocer un poco de géneros y figuras de estilo, de estructuras narrativas para poder formar una opinión propia.
Pero incluso esto es algo que estamos perdiendo con el auge de los libros desechables e intrascendentes, que pasman al pensamiento y la imaginación.
Al respecto, y para finalizar, quiero citar textualmente a Vargas Llosa, que con todo y que me cae mal, debo reconocer que es un tipo que se ha mantenido firme en su idea de que el valor que debe de primar por encima de todos los demás es la libertad. Vargas Llosa, a propósito de todo lo anterior dijo lo siguiente:
“Hoy en día está de moda un tipo de novela ligera, light. […] Si El Código da Vinci al final a ti te produce un extraordinario placer y lo que buscas son obras que sean equivalentes, entonces tú nunca vas a poder leer el Ulises de Joyce, nunca vas a leer a Proust, ni vas a gozar con Borges. Yo creo que esas otras lecturas en cierta forma te vacunan, así como las telenovelas te pueden cancelar completamente la sensibilidad para gozar de un tipo de teatro de gran refinamiento, por ejemplo. Porque esas obras, algunas muy bien hechas, que te capturan la atención muy rápidamente, son obras descomplicadas, que no ponen en ejercicio tu inteligencia ni tu capacidad de raciocinio, que no te plantean dudas o problemas. Son una agradable ensoñación, casi como tomarse un tranquilizante: te descansan, te sedan un poco, pero eso crea lectores pasivos, lectores que son los espectadores de telenovelas. ¿Qué inconveniente tiene eso?: que rápidamente puedes llegar a descubrir que si eso es lo que te interesa, entonces ¿para qué leer? Hay un cine, una TV que te da eso mismo. La buena literatura necesita lectores que sean activos, que estén dispuestos a enfrentarse a la complicación, que trabajen codo a codo con el autor, con su imaginación, con sus conocimientos, para poder disfrutar cabalmente la obra. Cosas como El Código da Vinci están totalmente reñidas con eso, es una literatura de otra naturaleza.”

19 nov. 2008

Carlos Fuentes y Paco Ignacio Taibo I

Por estos días la intelectualité mexicana está de fiesta, o por lo menos simula estarlo, festejando los 80 años de vida de Carlos Fuentes, integrante sobresaliente del Club de las Momias vivientes, que desde los años sesenta se apoderaron de la industria y los espacios culturales de este país de globos, bicicletas, y ahora, de avioncitos que se caen.

No es en modo alguno un acto de irreverencia identificar a Fuentes con ése grupo integrado por Poniatowska, Monsivais, Carballo y demás vejestorios. Más bien es una descripción a-literaria; es decir, la crítica no es a su obra -que en los últimos años, contrario a lo que se pudiera esperar ha decaido notablemente- sino a su andanzas a salto de mata entre la literatura y la política. Y en este sentido, la verdad es que las incursiones políticas de todos los escritores pertenecientes más o menos a la misma generación de Fuentes ha sido cuando menos desafortunadas: García Márquez fue a rendirle pleitesía a Fidel Castro y ahora reniega de él; Fuentes criticó al régimen priísta pero aceptó una embajada, al igual que Octavio Paz -aunque él, con todo y lo mal que me cae, es harina de otro costal- Monsivais opina de todo entre murmullos y Poniatowska... bueno, después de lo de López Obrador, Poniatowska simplemente causa ternura.


Y ahí anda la intelectualité, quemándole incienso a Fuentes acompañado de ése otro totem latinoamericano que es Gabril García Márquez, al que con todo y que también me cae mal, le profeso un respeto tal, que no podría llamarle insolentemente "Gabo".
En la literatura como en la política, los espacios nunca quedan vacíos; muere el Rey y vive el Rey. Esto viene a cuento porque la semana pasada murió uno de los escritores que se ubican en las antípodas del Club de las Momias Vivientes. Por supuesto que me refiero a Paco Ignacio Taibo, al que los medios le dedicaron una notita casi intrascendente.

Taibo no fue un literato mamón, o en palabras de Andrés Henestrosa, "un literato apretado. El escritorcito que llega a apantallar es un mamón y además un imbécil".
Sin el ánimo de escribir la gran obra, Taibo le imprimió su particular perspectiva a la descripción de la industria cultural mexicana. Pero precisamente por ser un escritor anti stablishment no obtuvo los reflectores, ni las atenciones que hubiese merecido.
En fin, que murió Taibo, autor de El hombre sin corbata y otras fabulaciones e inmerecidamente fue relegado a segundo plano.
Supongo que el mejor homenaje que se le puede rendir es precisamente leerlo y difundir su obra para que quienes apenas se inician en los andares por los caminos literarios, sepan que más allá de las momias vivientes también hay buena literatura, muy buena literatura.
P.S Lo que más me gustó de Taibo fue el hecho de haber sido un gran crítico de María Félix, esa señora infumable de la supuesta época de oro del cine mexicano.

12 nov. 2008

Wislawa Szymborska

Esos polacos y sus nombres impronunciables.

Para quien haya fruncido el ceño con el nombre de Wislawa Szymborska, debo decir que es una escritora que nació en 1923, en Bnin, un pequeño pueblo cercano a Kórnik, una ciudad ubicada en la región de Poznan, al oeste de Polonia.




Como todos los polácos que nacieron en la primera mitad del siglo XX, a Szymborska no podía conmoverla nadie más que ella misma, cuando se miraba al espejo por las mañanas, debido a que le tocó padecer los horrores de las dos guerras y especialmente las invasiones alemana y rusa, que la obligaron a desplazarse hacia Cracovia. Ahí, en la capital polaca, estudió Filosofía y Sociología.

Su vida transcurrió sin mayores sobresaltos, trabajando como crítica literaria, hasta que en 1996 el comité del Premio Nobel de literatura, siempre en busca de escritores medio desconocidos (para desgracia y rabia de los best sellers como García Márquez y demás hierbas), decidió que ella era la indicada para recibir el reconocimiento internacional.

El libro por el cual se hizo merecedora del Nobel fue Fin y principio, una recopilación de poemas que parecieran muy de sentido común, pero que en el fondo revelan una gran complejidad y una profunda mirada hacia la contingencia implícita en la cotidianidad.

En lo personal la poesía me produce nauseas, pero este poema de Szymborska, realmente es magnífico. Bien leído produce una reflexión acerca de la inmanencia de ése cúmulo de sentimientos confusos a los que a falta de un mejor nombre hemos denominado amor.


Para esta escritora poláca el amor es simple y siempre está ahí...


Amor a primera vista


Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.


Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?


Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.

No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,


una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,


que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.


Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres añoso incluso el último martes?


Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.


Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.

Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

7 nov. 2008

Obama

Con eso de que a falta de pájaros en la ciudad, a los niños les da por dispararles con su resortera a los avioncitos con las azoteas de sus casas, derribándolos inmediatamente, no había tenido la oportunidad de escribir acerca del triunfo electoral de Barack Hussein Obama, candidato del Partido Demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamerica. Sin embargo no me aflige no haberlo hecho, porque independientemente de que en México la nota pasó a segundo término, en prácticamente todo el mundo se ha escrito hasta la saciedad acerca de las expectativas y el simbolismo implícito en la victoria del Senador por el Estado de Illinois.



Fiel a mi costumbre de ser el aguafiestas que arruina la diversión con un comentario desafortunado, debo decir que aunque es loable el triunfo de un candidato de raza negra en la elección presidencial de la todavía mayor potencia económica y militar del mundo, no hay mucho que esperar en cuanto a cambios sustanciales se refiere.

En política las buenas intenciones y el carisma si bien son factores importantes, no son los determinantes en la toma decisiones, y las más de las veces ni siquiera son los más relevantes.

Lo que verdaderamente influye en los procesos decisorios es la solidez de los intereses de grupo surgidos y desarrollados alrededor de los centros de poder.

Y en este sentido, los intereses que giran alrededor del sistema político norteamericano, centrado totalmente en Washington, son de tal manera sólidos y magnéticos, que más temprano que tarde terminaran por atraer la buena voluntad y el carisma de Barack Obama, el Presidente Negro que tendrá que gobernar no como un blanco, aunque históricamente a los blancos les haya tocado reproducir el estilo de gobernar, sino como un jefe de Estado. Y no de cualquier Estado, sino del único que con todo y las críticas, las filias y las fobias que puede generar, es auténticamente democrático; dónde el cumplimiento cotidiano de la ley y de las costumbres (que son la fuente de los sistemas legales anglosajones) ha sido la base de su desarrollo económico y de su prosperidad social.

Por otra parte, el entorno económico en medio del que llega Obama a la Presidencia no es precisamente el más alentador; de hecho pareciera una maldición para los demócratas tener que asumir la Presidencia de los Estados Unidos sólo en las circunstancias difíciles.

William Clinton llegó a la Casa Blanca en un momento en el que la economía norteamericana había entrado en una fase de desaceleración como resultado de las crisis financieras de inicios de los noventa provocadas por las economías emergentes. Ahora Obama llega en un momento de crisis desatado por el propio sistema financiero norteamericano, que curiosamente no ha bautizado sus propias fluctuaciones con nombres tan de mal gusto como el “efecto dragón” o el “efecto tequila”; aunque no sería mala idea que las bautizaran como el “efecto la idiotez de wall street”.

De modo que esa crisis y la solidez de los intereses de los grandes consorcios financieros e industriales (particularmente aquellos relacionados con la guerra), son los dos factores que acotarán el margen de acción del Presidente Obama y las expectativas de millones de personas que confunden el color de piel con la benevolencia, y la opresión histórica experimentada por una raza, con la posibilidad de la transformación encabezada por uno de sus miembros.

La verdad es que eso no es más que una falacia. En la historia ha habido oprimidos y marginados que cuando han tenido la oportunidad de llegar al poder, han actuado tanto o más despóticamente que sus opresores.

Barack Obama puede ser todo lo bien intencionado que él mismo quiera, pero una vez que asuma el mando real de la Presidencia, necesitará mucho más que carisma y buenas intenciones para poder gobernar. Sobre todo siendo plenamente conciente de que, como todo Jefe de Estado que se precie de serlo, primero tiene que velar por los intereses de su propia sociedad, antes que por los del resto de la comunidad intencional.

Por lo demás, la arrogancia y el unilateralismo norteamericanos habrán de persistir y reproducirse porque son cualidades distintivas de la cultura de ése país, y están más allá de cualquier diferencia racial. Si no, pregúntele a Colin Powell o a Condolezza Rice.

5 nov. 2008

Objetividad

Soy de profesión politólogo y hasta hace poco tiempo fui de oficio profesor en la única universidad que existe en este país de globos, bicicletas y avioncitos que se desploman.

Por regla metodológica profesional debo ser objetivo y apartar mis pareceres al momento de analizar un fenómeno político.
Lograr la objetividad en un contexto marcado por el temor, los pareceres y especulaciones resulta muy díficil. Sobre todo porque existe el riesgo de terminar apoyando o rebatiendo un argumento específico no necesariamente importante o sólido.


Así que sólo queda asirse a la información que se genera y tratar de procesarla lo más rápido posible, estableciendo ciertos vínculos causales.

El hecho objetivo hasta ahora es que se desplomó un avión pequeño es una zona muy concurrida de la ciudad, causando graves daños materiales y la muerte de transeuntes, automovilistas y, sobre todo, funcionarios públicos federales de primer nivel.

De aquí debe partir la primera relación causal.

Juan Camilo Mouriño y José Luís Santiago Vasconcelos eran colaboradores del primer círculo del Presidente Calderón. Funcionarios dedicados generar y mantener las condiciones para la estabilidad política y social del país. La lectura política, por tanto, debe apuntar al vacío que ambos funcionarios han dejado, a la forma en el Presidente habrá de llenarlos, y al manejo de la información en torno al acontecimiento que produjo su muerte.

Más allá de esto todo es especulación.

Sin embargo, en política no todo, de hecho muy poco, es claro en su significado, dimensiones y contenido. De manera que lo que podría dar indicios de la magnitud y la verdad subyacente a la muerte de esos funcionarios, serán los nombramientos que haga el Presidente para cubrir ambos puestos.

Si a Gobernación llega un funcionario con un perfil más inclinado hacia el tema de la seguridad nacional, como, digamos, Jorge Tello Peón, la señal será muy clara: la muerte de Juan Camilo Mouriño fue el resultado exitoso de un atentado. Si, por el contrario, llega un hombre con un perfil más bien político, el mensaje será que desafortunamente se trató de un accidente.

Lo desafortunado y lamentable sería que aun tratándose de un acto perpetrado por la delicuencia organizada, el Estado mexicano se niegue a aceptarlo y pretenda tratar a sus ciudadanos como menores de edad.

Pero de momento, sea cual fuere la causa del accidente aereo, lo que hay que cuestionar es la capacidad de respuesta y el manejo de crisis de los órganos de inteligencia del país, que permitieron que se generara tal cantidad de desinformación durante los primeros minutos del percance, que hicieron que los familiares de quienes trabajamos por la zona, nos llamaran preocupados porque corrían versiones muy aterradoras.

Habrá que esperar, pues. Por lo pronto que cada quien siga maquinando su propia teoría de la conspiración.


P.S. Aunque es políticamente incorrecto, y aunque no es precisamente el santo de mis devociones, mucho le agradecería a Andrés Manuel López Obrador que después de haber tundido cuantas veces pudo a Mouriño mientras vivió y fue secretario de Gobernación, se convierta ahora en el principal promotor del esclarecimiento del accidente en el que perdió la vida. Además de relanzarlo políticamente, después de que con la derrota de la reforma energética casi agonizaba, le meterá mucha presión al Gobierno Federal, que por principio y dada la amistad entrañable que existió entre el Presidente Calderón y su delfín, debería ser el primer interesado en aclararlo y despejar cualquier duda.

4 nov. 2008

Mouriño




6:48 de la tarde. Recibo una llamada en el teléfono celular.
-¿Dónde estás? ¿Estás bien?-
-Voy de regreso a casa ¿por qué?-
-Se estrelló una avioneta en Reforma y Periférico, cerca de donde trabajas.-
-¿Qué?-
-Sí. Se estrelló. Murieron cinco y hay muchos heridos.-
En ese momento pensé que era broma. Pero después recibí muchas llamadas preguntando si estaba a salvo, porque el accidente había ocurrido cerca de la oficina donde trabajo.
Afortundamente salí a tiempo; de lo contrario me hubiera tocado el caos de Masaryk y Reforma.
Ahora que he llegado a casa, me entero de que Juan Camilo Mourño iba en esa avioneta.
Las furias se han desatado. El contexto de la muerte del que fuera Secretario de Gobernación no pudo ser el más deafortunado. Un país a punto de la recesión, fragmentado socialmente y presa de sus propios miedos.
En estos momentos lo que debe imperar es la objetividad. Pero si las conjeturas resultan atinadas, aunque desde el Estado se rechacen oficialmente, el impacto en la opinión pública será muy grave. Saber que el segundo hombre más importante de la política en México fue víctima de la guerra contra el narcotráfico será un motivo suficiente para el desánimo y la paranoia.
Como humanos podemos tener diferencias respecto a los otros. Más allá del ámbito personal, en el que la prudencia y la humildad no fueron precisamente sus mejores cualidades, Mouriño fue un hombre político, de ésos que saben olfatear el momento preciso para negociar y acordar.
Sin duda su muerte es muy lamentable.

A propósito del humor negro

Esta es la portada de Milenio el día de hoy... aunque políticamente incorrecta, es genial.





Y bueno, al parecer hoy se comienza una nueva etapa en la historia occidental: el Imperio en franco proceso de decadencia intentará reconstruirse, ahora bajo una nueva perspectiva mucho más tolerante, humana y sensible.


Esperemos que Obama no termine secuestrado por el stablishment de Washington y que realmente cumpla las expectativas de los millones de norteamericanos y anti norteamericanos alrededor del mundo.


Claro, eso siempre y cuando no lo maten.