28 dic. 2007

I came back

Como dice una vieja y conocida canción, "ya llegué de donde andaba, se me concedió volver...".

Por fortuna no hubo terroristas árabes en mi vuelo de ida, ni soldados resentidos en mi vuelo de regreso (sólo algunos viejitos que traían asoleadas a las sobrecargos). Así que he vuelto a la carga. Y una vez más, fue inevitable sentir que regresé a Cuautitlán.

Con un poco de suerte y paciencia, casi cumplo un año escribiendo en blogspot. A lo largo de este tiempo he tenido la oportunidad de conocer a personas muy inteligentes, creativas y amables, con las que he intercambiado opiniones, uno que otro lance de arrogancia y hasta alguna escaramuza literaria.

A todos ustedes, les agradezco el tiempo invertido en la lectura de mis textos, que como saben, no son los más consistentes y serios, pero sí los más entretenidos que puedo escribir (si así son los entretenidos, imagínese cómo serán los aburridos...).

En fin, que empapado del espíritu decembrino que está por todas partes, les deseo lo mejor para el siguiente año.

Con trabajo, perseverancia y disposición a disfrutar la vida con sus dulzuras y sus amarguras, es posible lograr cualquier objetivo, por muy díficil que parezca; como por ejemplo, salir con Claudia Shiffer, ganarse la loteria o -horror de horrores- encontrarse a un ingenuo o ingenua que esté dispuesto a casarse y así fastidiar su vida por el resto de sus días.

En fin, cada quien y sus propósitos.

Felicidades a todos y el próximo año por aquí nos estaremos encontrando.



P.S En el vuelo de regreso pusieron "Love actually". Sin lugar a dudas esa película es ampliamente recomendable para estas fechas. Con decir que a todos los de la fila se nos rozaron los ojos con el final, que tiene lugar precisamente en la sala de llegadas de un aeropuerto.

21 dic. 2007

Notas sueltas

Aquí yo en un rapidín de notas sueltas, cortas e inconexas.

1.- Que alguien me pegue un zape, porque no me puedo creer la cantidad de mujeres hermosas, realmente hermosas, que hay en Sinaloa. Es que, por Dios, todas están para concurso. Son como diamantes en bruto, pero muy, muy en bruto. Si se trabajara un poco en su acento y en su cultura, despojándolas del TvNotas y dotándolas de algo más sustancioso, serían unas hetairas tan refinadas, bellas y voluptuosas, como esas que describe Tylor Cadwell en Gloria y esplendor.

2.- Carolina Dosseti me ha tratado como su famuyo, chofer y cocinero (y yo ni cocinar sé). La perdono nomás porque me regaló un disco de John Mayall que se compró en Nashville y nunca me quiso prestar para grabarlo.

3.- Qué fea está la Terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México, aunque comparada con la vieja Terminal 1, que parece lobby de cine gore, pues es una maravilla de la arquitectura.

4.- Si hay alguien de Chicago, Illinois, leyéndome, por favor, dígame cómo está el tiempo y cómo diablos se llega al Cook County desde el aeropuerto.

En caso de que algo extraordinario como la abducción del avión por un OVNI, el secuestro del vuelo por terroristas árabes o soldados gringos veteranos de una de las tantas invasiones que su pais ha protagonizado y profundamente afectados y resentidos, propicie que no vuelva a escribir por acá, pues les deseo a todos los que me leyeron a lo largo de casi un año (que se cumpliría el próximo 6 de Enero), que los atropellen la felicidad -cualquier cosa que entiendan por ella- y la bonanza a lo largo del año que viene.

Será una lástima no enterarme nunca cuánta gente en realidad me leía por acá.

Un abrazo para todos y todas. Felices fiestas

19 dic. 2007

Método para sufrir II

El método es muy sencillo, tanto que incluso puede parecer poca cosa para aquellas almas exigentes que esperan grilletes, ascetismo y flagelaciones purificadoras. Por el contrario, se trata de leer, de escuchar alguna que otra canción que evoque algún recuerdo sea bueno o malo, y preguntarse permanentemente por qué la vida (la propia claro está) es miserable. Talvez nunca se encuentre una respuesta concluyente, pero en el intento se habrán de formular hipótesis interesantes y quizá hasta se descubra el sentido de la existencia.

En la parte de las lecturas recomiendo mi top 5 de libros no aptos para suicidas potenciales, ordenados en orden de preferencia:

1. El sentimiento trágico de la vida – Miguel de Unamuno. Simplemente es mi biblia personal, pues prefiero buscar en la filosofía las respuestas a las interrogantes que me plantea el vivir cotidiano, más que en la religión, porque al menos aquella exige cierto esfuerzo intelectual y no la mera aceptación de los dogmas de fe.

Pero no es sólo esa la única razón por la que el libro de Unamuno es mi preferido, sino principalmente el hecho de que me identifico plenamente con la descripción que hace de si mismo Don Miguel cuando afirma: “sé que no faltará el lector insatisfecho, educado en un dogmatismo cualquiera que dirá: ‘este hombre no se decide, vacila; ahora parece afirmar una cosa, y luego la contraria; está lleno de contradicciones, no le puedo encasillar; ¿qué es?’ Pues eso, uno que afirma contrarios, un hombre de contradicción y pelea, como de si mismo decía Job: uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida. Más claro ni el agua que sale de la nieve de las montañas”.

2. El amor dura tres años – Frédéric Beigbeder. El amor tal como nos los retrataron en los cuentos de hadas, que posteriormente se trasladaron a la novela romántica y continuaron su viaje por el tiempo hasta convertirse en los actuales clichés del cine y la televisión, es una gran estafa. Simplemente el amor es imposible, cuando menos para nosotros los simples y ordinarios mortales.

3. Kaddish por el hijo no nacido – Imré Kertész. Además de Karol Wojtyla y este otro polaco (siniestro también, porque todos los polacos son siniestros), no conozco a ningún otro hombre al que sólo pueda conmoverle su propia imagen en el espejo, porque en ella se refleja, condensado, el drama de la historia que es imborrable de la memoria, pues como el mismo Kertész afirma: “… simplemente no está en nuestras manos, no podemos olvidar, hemos sido creados así, vivimos para saber y para recordar…”. De aquí que sea absurdo tratar de olvidar, pues el recuerdo queda como un sello en la memoria, a veces para avergonzar, a veces para sonreír cuando es evocado.

4. La insoportable levedad del ser – Milán Kundera. He aquí nuevamente el recurrente tema del amor que tantas neuronas me ha costado pensarlo, reflexionarlo y analizarlo desde hace mucho tiempo. Kundera nos ofrece en esta historia una lección magistral: el amor es cualquier cosa, menos felicidad.

5. Los dados eternos – César Vallejo. Dios, la fe, lo absoluto, el sentimiento de abandono. Temas que no pueden faltar en un verdadero episodio depresivo; de lo contrario sirva de muestra un fragmento de este poema: “Dios mío, estoy llorando el ser que vivo […] Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios”. Y otro más: “Hay ganas de’… no tener ganas. Señor, a ti yo te señalo con el dedo deicida: hay ganas de no haber tenido corazón”.

En la parte del pensamiento y la reflexión recomiendo ampliamente las preguntas que de forma jocosa pero corrosiva se formula Marc Marronier, en la novela de Beigbeder:

“Resulta bastante exasperante darse cuenta de que uno se hace las mismas preguntas que todo el mundo. Es una lección de humildad.

¿Hago bien abandonando a alguien que me quiere?
¿Soy un hijo de puta?
¿De qué sirve la muerte?
¿Voy a cometer las mismas estupideces que mis padres?
¿Se puede ser feliz?
¿Es posible enamorarse sin que la cosa termine en sangre, esperma y lágrimas?
¿No podría ganar más trabajando menos?”

Ahora que si de plano se trata de entrar en una verdadera crisis de referentes ontológicos, pues qué tal esta reflexión de Catón:

Nunquam se plus agere quam nihil cum ageret, nunquam minus solum esse quam cum solus esset.

… y bueno, ahí va la traducción para los legos que no saben latín:

Nunca está un hombre más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo.

Lo que sugiere en realidad Catón es dejarse de payasadas respecto al sentimiento de soledad, porque estar solo significa en, estricto sentido, estar muerto… en fin, es un rollo filosófico que bien podría ser completado con las sencillas preguntas que formula la gran Hannah Arendt: ¿qué “hacemos” cuando no hacemos sino pensar? ¿dónde estamos cuando , normalmente rodeados por nuestros semejantes, estamos sólo en compañía de nosotros mismos?

Esta serie de preguntas y los intentos por responderlas, bien podrían ser acompañadas de música ad hoc; sin embargo, se sugiere evitar escuchar las canciones del Serrat del personal de servicio, mejor conocido con el nombre de Arj… ¡ese!, porque para escuchar estupideces, con las que dicen de forma espontánea y hasta divertida nuestros políticos y presentadores de televisión, tenemos más que suficiente.

En contraste, sugiero escuchar a María Dolores Pradera, Luz Casal y, por supuesto, al mero mero apologista de la depresión catinesca: José Alfredo Jiménez.

Hace poco tiempo llegó a México un nuevo negoci… perdón, culto religioso, proveniente de Brasil. Se trata de la Iglesia Universal del Reino del Dios, que ha conseguido hacerse de muchos client… perdón, fieles, mediante un slogan que se exhibe en las marquesinas de las bodegas que han alquilado como templos: “pare de sufrir”.

No quisiera entrar en las arenas movedizas de la intolerancia religiosa, pero esa invitación -bastante sugerente si se toma en cuenta la decadencia de la sociedad contemporánea- es prácticamente una invitación a dejar de vivir, porque el sufrimiento sólo puede llegar su fin con la muerte y ni siquiera sabemos si aun después de ese estado biológico podremos realmente librarnos de sufrir.

De modo, pues, que de lo que se trata esta vida no es en modo alguno de intentar dejar de sufrir, sino de sufrir, y no morir en el intento.

18 dic. 2007

Método para sufrir I

Entre tanta sandez que he publicado aquí (171 posts, si he de creer en la cifra que aparece en el archivo), francamente no recuerdo si ya había publicado el siguiente texto en una ocasión anterior.

En caso de que así haya sido, no está de más volverlo a leer, y en caso de que no, pues es aquí ofrezco un buen compendio de ideas, propicias para quienes encuentran en las fechas venideras el pretexto ideal para sumirse en una profunda depresión, y compartir su amargura y sus frustraciones con toda la gente que hay a su alrededor. Con un poco de suerte y alguna de mis sugerencias, seguramente lograrán fastidiarles la vida a sus amigos y familiares en momentos tan emotivos como la cena de Navidad, o la cena de Año Nuevo.


En lo personal, después del mes de Febrero, mes de fiesta nacional por la conmemoración del natalicio de uno de los mayores próceres intelectuales de esta patria de globos y bicicletas; Diciembre es mi época favorita del año. A excepción, desde luego, de los días de compras en el centro comercial, las últimas semanas del año siempre han sido para mi y mi familia (sí, tengo familia, mamá y papá; especialmente mamá, lo digo por aquellos que han pensado que no tenía) motivo de reuniones, fiestas, besos y apapachos.


De manera que en estas épocas la depresión no entra en mi agenda social, o si acaso, queda relegada al último lugar.


En fin, si me autoreciclo es porque en estos días no he tenido mucho tiempo para pensar en alguna otra estupidez original. Esto lo digo especialmente por aquel horrorizado lector anónimo, cuyas neuronas funcionales atinadamente le hicieron ver el propósito, el sentido y la razón de este blog: ninguna de provecho.


En caso de que algún inexplicable y mórbido impulso visceral le haya incitado a regresar a este bodrio insulso y rebosante de nimiedades, le invito a que se cuestione el por qué vino nuevamente a leerme. Sea como fuere, usted siempre tendrá la libertad de darle click al tachecito que aparece en la esquina superior derecha de esta ventana. De esa manera se librará de tanta estupidez, y podrá dispendiar mejor su tiempo en la red, mirando pornografía, leyendo las reseñas de los nuevos libros de su autor latinoamericano favorito, o visitando otros blogs tanto más sustanciosos.


En fin, ahí va mi método para sufrir, especialmente dedicado a los dos habituales lectores de este espacio:


Método para sufrir I

La depresión se manifiesta de diferentes maneras en cada persona que la experimenta. Así, hay quienes durante un episodio depresivo bajan de peso a causa de la falta de apetito y de la nausea que les produce su propia existencia; otros emprenden la “retirada a la ciudadela interior” -como diría Epicteto- esto es, a la autoexclusión del mundo; otros más intentan infructuosamente anclarse a cualquier manifestación de fe, convirtiéndose o en beatos amargados o en peones cautivos del fanatismo religioso.

En lo personal encuentro en la depresión un excelente pretexto para dedicarme a leer, pensar y escribir, pues siendo un hedonista consistentemente inconsistente -como Unamuno- soy de la opinión de que todo lo que le esté dado a percibir a los sentidos debe ser disfrutado

Sin embargo, no se trata de una actitud sufrida sino sufridora; actitud por cierto de factoría ciento por ciento mexicana, pues quién si no José Alfredo Jiménez en la música y Marga López en el cine, enseñaron al mundo que hasta para sufrir hay que tener estilo.

De hecho escribo porque como Imré Kértesz, he descubierto que a través de la escritura no busco la alegría “sino todo lo contrario: que por medio de la escritura busco el dolor, el dolor más intenso, casi insoportable” porque sólo el dolor es quizá la única e intransferible sensación que nos revela en su manifestación sobre el alma o el cuerpo, nuestra singularidad y unicidad en el mundo.

En otras palabras, de la depresión y el dolor es éste ultimo el que debido a su propia esencia, sólo puede experimentarse en la intimidad del alma y por tanto no puede compartirse, ni comunicarse a nadie más, por el hecho de que todos y cada uno lo padecemos en modos diversos; de lo que se deduce la inexistencia de una formula general para superar el dolor. Es más, quien intenta mostrar su dolor, además de fracasar porque ni siquiera las palabras son suficientes y precisas para describirlo, lo que pretende en el fondo es ganar compasión y condescendencia.

En lo que a mi concierne, me disgusta andar por la vida exhibiéndome como un indigente harapiento y maloliente que vaga por la larga y tortuosa calzada del dolor causando lástima. Por el contrario, me asumo como un “estoico sufridor”, que soporta el dolor y el sentimiento trágico de la vida -que es la conciencia de nuestra condición finita en un entorno natural y cósmico que ya estaba aquí cuando nosotros llegamos procedentes de ninguna parte y que lo seguirá estando aun cuando nos hayamos ido con igual destino.

De modo pues, que lo no me mata, me hace fuerte.

A esta hora ya se habrá percibido que en esto de las noches oscuras del alma tengo ya -modestia aparte- el camino andado, y a fuerza de hurgar en el abismo de la existencia he desarrollado un sencillo método para disfrutar placenteramente de la depresión y el dolor que a menudo son compañeros más constantes en el curso de nuestras vidas, que la alegría y la felicidad, que más bien son quimeras o, en el mejor de los casos, utopías que sólo pueden existir como ideas no reificables en la realidad concreta, ésa en la vemos lo que otros ven y sentimos lo que otros sienten.

15 dic. 2007

Corrector de estilo

¿Qué sería de mí y mis textos si no tuviera un lector serio y escrupuloso como el señor JM, que amablemente revisa el estilo y -supongo- la sintaxis?

En esta ocasión no hay ironía: señor JM (vea cuánto lo estimo que no he revelado su identidad) gracias por señalarme el error del "yermo desolado" en el texto Guadalupanos.

Aunque parezca justificación, la verdad es que cuando publiqué el post y lo leí detenidamente, reparé en el pleonasmo implícito en esa expresión. Sin embargo pensé que nadie lo notaría. Me equivoqué.

Empero, podemos convenir que se trató de una tautología pleonásmica (cualquier cosa que eso signifíque), para expresar que de plano el cerro del Tepeyac estaba bien gacho. Y sí, ya sé que "gacho" no es sinónimo del adjetivo "feo"; pero si me pongo quisquilloso a la hora de usar el lenguaje en mis textos, pues éstos perderían parte de su gracia (si es que tuvieran alguna).

Lo que sí puedo asegurar es que aquí nunca habrán palabras mochas o mal escritas, como sucede con los mensajes SMS q ksi nadie ntiende; o sea, ¡q pok we!


P.S. Hoy por la tarde dieron en un canal de cable "Casino Royale", la última película del popular James Bond.

Es una auténtica estupidez que confirma mis prejuicios ideológicos en contra del cine joligudense. Es que quién les va a creer que en un estuche para discman quepa un desfibrilador para reanimar al James Bond cuando está a punto de cargárselo el payaso. Eso ni siquiera Vicente Fox -que ya es decir- se lo creería.
Comienzo a pensar que soy bueno para crear posneologismos (Emilio Cafassi dixit). ¿Será?

13 dic. 2007

Del Zócalo on ice, el capricho de Marcelo y otras nimiedades

En la sana y optimista intención de inaugurar mis vacaciones con un merecido baño de pueblo, decidí darme una vuelta por el muy democrático y polifacético Zócalo de la Ciudad de México. La razón: constatar en primera persona aquello que tanto pregona el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el nada simpático Marcelo Ebrad, acerca de la posibilidad de caminar por las calles del centro de la ciudad, sin ser víctima del froteurismo provocado por la invasión de las aceras por los puestos de los vendedores ambulantes.

Una visita al centro de la ciudad, para aquellos posibles lectores que viven en otras localidades del interior del país, o en el extranjero, siempre es recomendable que comience por Bellas Artes y continúe por la calle de Madero.

Conciente de que un baño de pueblo no es tal si no se aborda el también muy democrático y popular metro (el tren subterráneo, pues), me lancé de lleno a la aventura en la línea 2, y descendí precisamente en la estación Bellas Artes.

El panorama al emerger del lúgubre y maloliente túnel a la soleada, saturada y ruidosa superficie no fue diferente al de ocasiones anteriores: vendedores ambulantes en los alrededores de las escaleras, olor a caca de los caballos de la polecia montada, uno que otro jipiteca intentando enamorar a alguna ingenua turista extranjera y la nueva canción de Vicente Fernández sonando a niveles de estruendo en las bocinas de un puesto de discos pirata.

Al llegar a la esquina que forman la avenida Juárez y el Eje Central, descubrí no sin decepción que la supuesta "limpia" de ambulantes ha sido parcial. De lado de la acera oeste del Eje Central sigue el mismo panorama de puestos ambulantes, hacinamientos, ruido y suciedad, que prevalecía en la acera de en frente, que luce despejada de puestos y lonas, pero saturada de transeúntes apresurados y al borde la histeria.

Ni qué decir de la circulación sobre las avenidas cercanas. Continúa el mismo desmadre de siempre: los semáforos sin sincronización, los polecias entorpeciendo el tránsito y escudriñando a algún conductor ingenuo que sea susceptible de ser extorsionado, y las infaltables y muy edípicas mentadas de madre entre los conductores y los peatones.

En esta ocasión hay una variante más: los integrantes del "Movimiento de los 400 pueblos" que demandan un proceso judicial contra un senador de la república, exhiben sin el menor dejo de pudor sus míseras carnes prietas, y demuestran con implacable crudeza que la única ley ante la que todos somos iguales, es la ley de gravedad; ésa que hace que las cosas caigan por su propio peso... especialmente las cosas de las mujeres.

En un hecho que me hubiera gustado captar con mi cámara fotográfica, de haberla llevado, un par de turistas de aspecto anglosajón ¡se tomaban la fotografía del recuerdo con dos mujeres desnudas de carnes flácidas y caídas! teniendo como fondo el Palacio de Bellas Artes. Irónico contraste.


En lo particular no tengo ninguna objeción contra las formas de protesta que decidan adoptar los colectivos inconformes con alguna medida gubernamental o con algún personaje público. Que impere la libertad.

Lo que me genera cierta irritación o encabronamiento, es que su derecho a la libre expresión choque o todavía peor, atropelle, mi derecho a tener una vida libre de traumas visuales. Porque no sé los demás, pero a mi en lo particular si me impactó ver de sopetón las nalgas chupadas y huesudas de una señora como de cincuenta años, que repartía panfletos a quienes esperábamos el cambio de la luz del semáforo.

Además, no sé qué tan bueno sea para imagen del país, que los turistas extranjeros vean a esos señores y señoras encuerados, haciendo ruido con lo primero que se les pongan enfrente y gritando mentadas de madre como su estuvieran en un estadio de fútbol.





En fin, eso quedará en el anecdotario del folclor mexicano.

Ya sobre la avenida Madero el panorama también es el mismo de un par de meses atrás. Pero lo que sí me impactó fue la espantosa, aparatosa y estorbosa "mega pista" de hielo que se instaló en la plancha del Zócalo, a capricho personal del carnal Marcelo, que decidió -en un arranque pueblerino de padrino de bautizo- desperdiciar 16 millones de pesos en patines y circo para el populacho, en lugar de invertir esa lanota en proyectos verdaderamente prioritarios.

En ese sentido da tristeza y duele ver con impotencia, el derroche de dinero que a caprichos personales hacen los gobernantes.

Nada menos que el parque que está frente a mi casa parecía selva durante la época de lluvias, y el encargado de parques y jardines de la delegación Coyoacán me dijo que no podían ir a podar el pasto porque no tenían el presupuesto suficiente.

Bueno, pues con esos 16 millones de pesos que se derriten bajo el sol inclemente de un invierno inusual, bien se podrían haber pagado las cuadrillas de trabajadores para ofrecer verdaderos servicios públicos. Pero no es así. Primero hay que posicionar la imagen de don Marcelo, que es un tipo antipático y autoritario, antes que cualquier otra cosa.






Y bueno, el supuesto reordenamiento del comercio informal no es más que una mera tomada de pelo. Las calles subsiguientes a Correo Mayor están llenas de puestos, basura y voceadores que pretenden romper los tímpanos de los potenciales clientes.

Lo único bueno de todo esto fue que, de regreso al metro, había un señor vendiendo cajetillas de supuestos cigarros Marlboro a ¡10 pesos! Yo no fumo, o más bien lo hago eventualmente, pero me pareció una buena promoción, y nomás por pringar la nueva ley anti tabaco, compré una cajetilla.



En fin, ahora paso a las otras nimiedades.



Nimiedad # 1. ¿Quién es "Melissa"? Me refiero a la chica -eso creo- que dejó un bonito y cortés comentario en mi post anterior, que seguramente ni leyó.

Estimada Melissa, generalmente no me gusta entrar en controversias con personajes rijosos, porque ésos son muy impulsivos y todo lo solucionan con un visceral "vete a la chingada". Así que todo lo que tu expreses o pienses sobre mi o sobre mis textos, será recibido como dogma de fe. Sin cuestionamientos.

Nimiedad # 2. A Mauricio y Hugo, gracias por leerme y por compartir sus opiniones. Sin embargo no me tomen muy en serio. Este no es un blog serio. El título -como bien lo señaló Melissa- dice todo lo que pretende ser este espacio. Para discusiones más o menos serias están las revistas académicas. Este lugar está a años luz de llegar siquiera a parecerse a alguna de ellas.

Nimiedad # 3. No jodan con la ley anti tabaquismo. Digo, yo no fumo, o lo hago enventualmente, como también -contrario a lo que pudiera percibirse por lo escrito previamente en este espacio- ingiero uno que otro alipus de vez en cuando. Sin embargo me parece un acto de discriminación por parte del Estado, obstruir el derecho que tienen los fumadores -una minoría- a intoxicar sus pulmones y eventualmente provocarse un enfisema que los lleve a la muerte, y con ello, a disminuir la cantidad de población económicamente activa.
... ¡ah! y no soy panista; lo digo por aquello de la crítica al carnal Macerlo. Si tuviera que definirme ideológicamente entre la derecha y la izquierda, diría que soy ambidiestro; ni siquiera de centro, porque esos están extraviados, o son miedosos.

12 dic. 2007

Guadalupanos

Apenas ahora he podido hacer pequeño espacio en mi saturada agenda de desayunos, "tamalizas", almuerzos y comidas en honor a la Santísima Virgen María de Guadalupe, que hoy 12 de diciembre se festeja en todo, absolutamente todo el territorio nacional, para poder escribir este post.

Y es que ya sea en humildes talleres o en grandes naves industriales; en hospitales, terminales de autobuses u oficinas públicas (aunque debería estar prohíbido), hoy se conmemoran las presuntas apariciones de la virgen María al indio Cuauhtlatoatzin, después bautizado como Juan Diego, que tuvieron lugar entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 en un yermo desolado al norte de la Ciudad de México.

Curiosamente habían transcurrido apenas 10 años de la caída del Imperio Mexica, y la conquista -particularmente la conquista religiosa- todavía padecía la reticencia de las mayorías indígenas, renuentes a abandonar el culto a las diversas deidades de su religión centenaria.

De ahí que no dejase de llamar la atención que un buen día, María, la virgen madre de Cristo Jesús según el dogma cristiano, se apareciese a un indio mexica, con las mismas características étnicas de éste: el mismo color de piel y la misma lengua: el nahuatl.

Curiosamente, según algunos relatos de la tradición, la aparición que vio Cuauhtlatoatzin se llamó a si misma Coatlaxopeuh, cuyo significado en castellano sería "aquella que pisa la serpiente", y el nombre de Guadalupe le fue dado por Juan de Zumarraga una vez que hubo contemplado la aparición de la imagen de la virgen, en la tilma que el indio Cuauhtlatoatzin llevaba consigo, llena de rosas de castilla.

De manera que el adjetivo de "guadalupanos" no es ni por mucho sinónimo de mexicanidad, aunque sí está asociado con esta idea, tanto como el propio relato de la aparición, que posteriormente serviría como elemento de identidad y cohesión para una nueva y creciente mezcla cultural: el mestizaje.

En efecto, la Virgen de Guadalupe, una virgen morena, ataviada con una indumentaria cargada de un gran simbolismo, fue el principal emblema de identidad para los mexicanos -que no los mexicas, ni los españoles- es decir, para todos aquellos que habían resultado de esa mezcla entre lo europeo y lo autóctono.





De hecho el culto a la virgen se labró a si mismo como una fe original, una fe mestiza que incorporaba elementos de la liturgia romana con elementos rituales de la antigua religión méxica, y posteriormente con otros elementos de la religiosidad popular.

Al respecto, si bien el culto se instauró desde el momento mismo en que Zumarraga ordenó la construcción del templo dedicado a la virgen, la Iglesia (el clero regular y la curia episcopal), se mostraron renuentes a aceptar el sincretismo del culto mariano surgido en México.


Incluso en la hora actual, con todo y un Papa abiertamente declarado guadalupano (el polaco siniestro Karol Wojtyla), en la Iglesia existe reticencia a incorporar las practicas de la religiosidad popular a los procedimientos litúrgicos; máxime cuando Ratzinger, el Papa alemán, adora recrear los tiempos felices de la Iglesia Medieval, oficiando en latin y desempolvando un viejo y muy solemne ritual romano: la misa tridentina.

En lo personal, con cierto conocimiento de teología, simpatizo -lo cual me horroriza y preocupa- con la ortodoxia católica, en el sentido en que si bien María virgen es una persona importante en la definición y caracterización de la fe, no es la figura central, o más bien no debería ser la figura central. Ésta debería ser la persona de Cristo Jesús, el verdadero dios y verdadero hombre.
Si bien existe una teología mariana, de la cual uno sus principales exponentes es el gran teólogo suizo Urs von Balthasar, lo central respecto al culto a María son los dogmas de fe: es virgen, madre de Dios por la inmaculada concepción, y subida al cielo por obra del Espíritu Santo.

Y es precisamente en este punto en que surge mi rebeldía. No acepto esos dogmas y sin embargo, puedo decir sin pena que me asumo como un pequeño Jobsito católico que cuestiona y pide cuentas; aunque las más de las veces he estado más afuera que adentro del seno de la Sancta Ecclesia Catholicae Mater et Magistra gentium.

De ahí que no sea precisamente un seguidor del culto guadalupano. Aunque reconozco la importancia del ícono cultural, su tradición, su herencia y su simbolismo.

La virgen de Guadalupe es el pegamento que permite que la sociedad mexicana se mantenga unida. Porque lo mismo da ser liberal o conservador (Lucas Alamán y José María Luis Mora eran católicotes y guadalupanos), panista, priista o perredista, zapatista o villista, católico o protestante; en el fondo, todos somos guadalupanos.

11 dic. 2007

Se acabó

Hoy finalizó para mi el semestre. Comienzan oficialmente mis vacaciones.

En unas horas más será la comida de fin de año, a la cual todavía no sé si asistir o no; porque debo ir a cobrar mi cheque que incluye mi aguinaldo, dotado de palomitas de maíz, galletas de animalitos y un bombón recubierto de chocolate; además de que la doctora corazón todavía no me confirma si me acompaña o no.

Como sea, las vacaciones comienzan y siguiendo la vieja tradición aprendida de mis maestros en la Universidad, recomendaré un par de libros para leer en estos días.

El que no puede faltar es la Canción de navidad de Charles Dickens, que para quienes no lo han leído, es donde aparece el famoso Mr. Scrooge. Hay muchas ediciones para todos los bolsillos. Yo tengo una edición de Porrúa muy buena.

Otro muy bueno, y que siempre es mejor que la pelicula, porque se hizo la adaptación para el cine, es Alta fidelidad de Nick Hornby.

Y bueno, un cuento muy corto, que lee en 15 o 20 minutos, pero que es trepidante y conmovedor, es Un asunto de honor de Arturo Pérez-Reverte, que curiosamente también se adaptó para el cine.

En fin, ahí están tres buenas opciones de literatura tranquila para pasar un buen rato antes de ir a la posada o a la reunión familiar; o para esperar en el café a algún viejo amigo.

Saludos para mis ¿2? ¿3? lectores. Gracias por pasar por acá.

10 dic. 2007

De pie, como los Gatos Samurai

Tendría nueve o díez años de edad, cuando los Gatos Samurai se atravesaron en el curso de mi existencia. Por aquellos ayeres ni por accidente había pensado que terminaría como un pequeño pretencioso aprendiz de brujo, asociando extrañas teorías y cavilaciones en la sinapsis producida por mis redes neuronales.

Sin embargo y por intuición, ya desde entonces me fascinaba el significado filosófico de la frase más famosa pronunciada por aquellos dibujos animados de factoría japonesa: siempre caemos de pie.

De manera que antes de intoxicar mis neuronas con las fumadas de Hegel, Marx, el estoicismo y tal, mis primeros maestros en la filosofía de la existencia fueron los Gatos Samurai. Y desde entonces he procurado, como ellos, siempre caer de pie.

La derrota de los gloriosos Pumas de la UNAM ante un equipucho desconocido, provinciano y gris, es uno de esos momentos en los que la filosofía de los Gatos Samurai constituye un importante asidero, sobre todo después de una horrible cruda moral y física.

Así que los aficionados de los Pumas, los que somos Pumas por haber estudiado en la única y auténtica Máxima Casa de Estudios de México, que es la UNAM, no debemos sentirnos derrotados por haber perdido el campeonato del fut. Ya será en otra ocasión. Finalmente el orgullo de ser UNAM lo da la casa, su prestigio y sus logros; no las patas de once gatos que corren detrás de un balón.

Con todo, el subcampeonato no es poca cosa, como tampoco lo es haber sacado de las semifinales al dizque mejor equipo de la temporada regular. Eso es motivo suficiente para un ¡Gooya, gooya/ Cachun cachun/ ra ra/ Cachun cachun/ ra ra/ Goooya, Universidad!

6 dic. 2007

Hoy inicia el Maratón Lupe-Reyes (para mi)

Existen en la caótica tradición fiestera mexicana -que tanto detestaba el amargadito Octavio Paz- una infinidad de celebraciones y pretextos para celebrar, cuya finalidad última es evitar esa maldición que recayó sobre la especie humana desde el momento mismo en que Adán y Eva, si hemos de creer en el relato biblíco escrito por un pastor de chivas para evangelizar a otros pastores de chivas, desobedecieron el mandato del siempre irritado e irascible Yaveh, acerca de no comer el fruto del árbol prohibido. Es maldición es tener que trabajar para subsistir.

Por fortuna los mexicanos desarrollamos un complejo y completo calendario de celebraciones que son ocasión de fiesta y solaz esparcimiento, que invariablemente terminan en aquelarres orgiásticos, madrazos y sombrerazos entre todos los convidados; de modo todo tal, que de los 365 días del año, si se descuentan los fines de semana,, los terribles san lunes los días oficiales de asueto, los permisos so pretexto de la defunción recurrente de la abuelita -que resucita y vuelve a morir cada 15 o 20 días- los oficios de incapacidad (para salir de la cama por las mañana), los festejos de cumpleaños de los compañeros de la oficina, las fiestas patronales, el día de las madres, el día del niño, el día del padre, el día de la secretaria, el día del abuelo, el día de la familia y el día del taco, sólo quedan unos 100 días laborables. Y eso sin contar esos originales portentos de la ingeniería mexicana de la pereza, que son los "puentes".

Pero de todos esos recursos, fiestas y celebraciones que hemos inventado para no tener que trabajar, el más largo, intenso y disfrutable es el denominado "maratón Lupe-Reyes" que tiene lugar en el siempre holgado y alegre mes de diciembre.

Gracias a la herencia cultural dejada por el sincretismo entre el catolicismo y las diversas tradiciones religiosas del México prehispánico, en el mes de diciembre se conmemora la presunta aparición de la sospechosamente virgen María, madre de Jesús (verdadero dios y verdadero hombre, de acuerdo con el filioque establecido por el concilio de Nicea), al indio Juan Diego, en el cerro del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México.

Debido a la significación religiosa de ese supuesto milagro para la definición de la mexicanidad mestiza, que tuvo posteriores consecuencias políticas, cada 12 de diciembre se celebra a la "Virgen de Guadalupe" con fiestas coloridas, música, comida y lo más importante, mucho alcohol.

Asimismo, gracias a la creatividad de los frailes catecistas de la Colonia, en México conmemoramos el adviento de María con una serie de coloridas convivencias populares que son "las posadas", las cuales comienzan el 16 de diciembre y culminan el 24 del mismo mes. Y de ahí se sigue la Navidad y después el día de los santos inocentes y luego el año nuevo y más luego el día de Reyes, que en caso de que algún chaval menor de 10 me lea, tenga por seguro que no sus papás, aunque la noche del 5 de enero los veas salir sospechosamente por la noche, para regresar con unas también sospechosas bolsas negras que esconden en el lugar donde tú también escondes tus fechorías infantiles.

De modo pues, que pa' no hacer el cuento largo, porque ya me están apurando, para mi el maratón lupe-reyes comienza el día de hoy, porque por la noche jugarán el primer partido de la final del fut los gloriosos Pumas de la UNAM, y como en la buena tradición mexicana de festejar con tequila los triunfos y consolar con tequilas las derrotas, es una obligación, pues pienso ponerme bien ebrio. Y como el mejor remedio para evitar la resaca es continuar borracho, pues pienso conservarme en alcohol de aquí al 6 de enero del próximo año.

Feliz inicio del maratón Lupe-Reyes a todos los borrachos de ocasión (como yo).

4 dic. 2007

La Farsa Internacional del Libro

Este es un texto de Fernando Escalante Gonzalbo, a propósito de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que apareció hoy en el diario que acostumbro.

Lo reproduzco aquí porque apunta en buena medida a la crítica que pretendo formular en la segunda parte de mi texto
Contra los ídolos, a los íconos de la cultura creada por el capitalismo cultural, que con todo y la suspicacia que pueda generar, es una realidad plenamente perceptible.


La Farsa Internacional del Libro

A primera vista, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara resulta antipática porque es una gigantesca farsa. Cientos de editoriales, cientos de miles de títulos, docenas de escritores, premios, crónicas en prensa, radio y televisión, en un país con un sistema de bibliotecas miserable, donde la mayoría de la población nunca aprendió a leer con fluidez, donde ha desaparecido en una década la mitad de las librerías, donde a duras penas sobrevive una industria editorial pequeña, periférica, básicamente escolar y subsidiada. El espectáculo es tan aparatoso, tan obviamente vacío que llama la atención. La grandilocuencia con que se festeja la feria corre pareja con la desaparición de la cultura del libro, y no por casualidad.

Leo los artículos y reportajes de estos días pasados: corresponden casi todos no a la sección de cultura, sino a la de sociales. En todos hay una retahíla de nombres, celebridades paseando, comiendo, grandes autores que se encuentran, felices. Y uno casi siente la misma alegría. En la televisión es peor. Dos o tres escritores famosos repiten trivialidades en un diálogo incoherente; interminables tres minutos de nada, al cabo de los cuales el locutor exclama: ¡Qué delicia de conversación! ¡Qué maravilla poder asistir al diálogo de las luminarias de la literatura en México! Y el público —supongo— cae en la cuenta de que es deliciosa, una maravilla, esa intimidad con el genio.

La feria tiene su utilidad para el negocio de los libros, pero es mucho más importante el espectáculo: una vez al año todos, del Presidente abajo, pueden lucir su cultura con sólo pasearse por Guadalajara, decir alguna vaguedad sobre los libros y tomarse una foto junto a Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez. Es muy tentador para quien no ha leído un libro en su vida ni piensa leerlo.

Hay todavía un valor simbólico de la cultura y los libros que vagamente se asocia con la posición social. Nuestras élites necesitan todavía exhibir una especial familiaridad con la cultura, necesitan hacer ostentación de su refinamiento y presumir de sus lecturas. Pero no leen. Los medios de comunicación también tienen que dignificar un poco su imagen, los periodistas y locutores tienen que acreditar su autoridad difundiendo cultura, pero ni saben ni pueden. La Feria de Guadalajara resuelve el problema: con los libros integrados a la industria del espectáculo, a través de los grandes grupos editoriales, la gran cultura se reduce a una serie de nombres de celebridades que tenemos hasta en la sopa y que son geniales de antemano. Tanto que basta el aura de su presencia. Cualquiera se siente más sabio si puede cenar con Pérez-Reverte, saludar a Elena Poniatowska, hablarles de tú a Gabo y Héctor y Enrique, o al menos tocar a Carlos Monsiváis.

El baile de las celebridades es tanto más importante cuanto menos se lee. Es decir que la Feria de Guadalajara tiene asegurado un porvenir cada vez más espectacular. Y mejor nos olvidamos de los libros. De leerlos, quiero decir: ya no hace falta.
Fernando Escalante Gonzalbo. Milenio, 04/XII/07.

2 dic. 2007

¡Y cómo no te voy a querer!

¡Los PUMAS están en la final!








¡Y cómo no te voy a querer

y cómo no te voy a querer

si mi corazón azul es

y mi piel dorada

siempre te querré!