30 nov. 2007

De imaginaria

Pospongo la publicación de la segunda parte de mi diátriba Contra los idolos, para publicar esta nota que es de imaginaria, pero real.



Buscan su domicilio
Tras Spiderman

A Cristian y Luis, dos niños sordomudos de 11 y 12 años que estudian en la primaria Revolución del DF, alguien les dijo que el Hombre Araña vive en Mérida. Por eso se animaron a tomar dinero de su abuelo, comprar boletos de avión y viajar hasta la capital yucateca, donde deambularon hasta ser recogidos por el DIF, que descubrió que estaban reportados como desaparecidos a más de mil kilómetros de ahí.

A señas, se dijeron molestos por no ver al súperheroe aunque —dijeron— sospechan que en realidad vive en Jalisco, “en un hotel con muchas piscinas”. Consideran que pronto irán por allá a buscarlo.

Milenio Diario,
30/XI/07.



Y, por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad de festejar por el triunfo de los gloriosos Pumas de la UNAM, al dizque equipo líder de la temporada regular del fútbol mexicano, el Santos Laguna.

Sin ánimo chingativo, creo que los santitos van a valer el domingo en su propio estadio.

28 nov. 2007

Contra los ídolos I

A propósito de un año de celebraciones

Entre 1928 y 1934, durante su reclusión en Turín y luego en Cittavecchia, Antonio Gramsci escribió sus famosos Cuadernos de la cárcel.

Para quien no esté familiarizado con el nombre de este genial teórico político italiano, nacido en 1891, basta decir que fue el más destacado y ecuánime exponente del marxismo europeo de principios del siglo XX, cuya ascendente y deslumbrante trayectoria intelectual se vio eclipsada por la sistemática persecución de que fue objeto por parte del fascismo.

Gramsci, lector no dogmático de los escritos de Marx (Carlos, no Groucho), aportó a la teoría política contemporánea una categoría de análisis que hoy pareciera olvidada, pero que sin duda alguna continúa vigente debido a la permanente reproducción del fenómeno social al que apunta; tal categoría es la de hegemonía.

No obstante, en un acto de humildad poco usual entre los intelectuales, Gramsci no se adjudica el crédito de la factoría de ese concepto, sino que se lo otorga a Lenin, que la concibió en términos similares a la dictadura del proletariado.

Para no agobiar al lector con términos somnolientos, pasados de moda y con fuerte olor a formol, hay que anotar solamente que Gramsci entendió el concepto de hegemonía como la dirección ideológica y cultural de la sociedad, ejercida por una clase particular poseedora de un monopolio intelectual.

A diferencia de la dominación, en la que una clase social obtiene la obediencia de las demás por medio de la coerción, el ejercicio de la hegemonía de la clase dirigente tiene lugar mediante la conformación de un bloque intelectual, que tiene por tarea formular una concepción general de la vida, que ofrezca distinción respecto a otras concepciones, y un principio educativo y pedagógico, a través del cual aquella concepción sea difundida entre los amplios sectores de la sociedad, para que la asimilen y la apropien.

De lo anterior se desprende la gran importancia que Gramsci concedió al estudio de los intelectuales, entendidos como hombres y mujeres plenamente concientes de su realidad y culturalmente bien formados, pues sobre ellos recaía la tarea de producir y reproducir la hegemonía de una cierta clase o sector de la sociedad, mediante la interpretación de los hechos históricos, la formación de una determinada identidad nacional, el impulso de un patrón de producción cultural específico y otro tipo de actividades.

Sin embargo, debido a su propia condición de librepensadores, no todos los intelectuales han de adherirse al propósito de la clase hegemónica, sino que algunos de ellos pueden optar por cuestionar la hegemonía y promover valores y fines contrarios a los presentados y promovidos por el bloque intelectual de la clase dirigente.

Es así como surgen los intelectuales contra hegemónicos, cuyas pautas de creación cultural, visión e interpretación histórica y orientación ideológica intentan contrarrestar la influencia de la dirección cultural de la sociedad ejercida por los malosos intelectuales orgánicos en contubernio con los archirequeterecontra malosos integrantes de la clase dirigente.

Hacía finales de los años sesenta y principios de los setenta, cuando los supuestos intelectuales de izquierda cayeron en la cuenta de que dentro del marxismo no todo era Lenin y Trotsky, se dieron a la tarea de leer a Gramsci e impulsar la idea de la contra hegemonía. Fue así como surgieron los íconos de la pretendida pero malograda cultura subversiva y contra hegemónica que aun perduran en nuestros días.

Eran los tiempos en los que Fidel Castro y Ernesto Guevara eran vistos precisamente como los prototipos del intelectual subversivo y contra hegemónico; y también eran los tiempos en los que escribir novelas de tipo político y poemas ilegibles, pero contestatarios, significaba prácticamente ganarse un lugar en los santuarios clandestinos ubicados dentro de los cubículos estudiantiles en las universidades latinoamericanas.

Lo curioso e irónico de todo esto fue que con el transcurrir de la propia historia, aquellos intelectuales subversivos, quasi clandestinos y contra hegemónicos, terminaron convirtiéndose precisamente en aquello contra lo que lucharon: en elementos integrantes de una clase hegemónica y de su respectivo bloque intelectual.

Sin embargo no son esos intelectuales, sus pecados de juventud y su debilidad respecto al poder y al prestigio, lo que me interesa abordar en este texto. Si los he mencionado es a modo de preámbulo –quizá un poco extenso- para lo que realmente me interesa señalar, que es el carácter de ídolos o totems sagrados, que les suelen conferir masas apenas medianamente formadas en términos culturales.

26 nov. 2007

Brahma, el fanerón y Calderón de la Barca II

La narrativa religiosa hindú da cuenta del “sueño de Brahma”, aquel dios que como se sabe, forma parte de la Tri-murti (creación, preservación y destrucción) engendrada por Ammavaru, dios de dioses.

Según algunos relatos, Brahma nació en el sueño de Vishnú, dormido en un profundo Yoga Nidra (sueño extático) que dio origen al Universo. No obstante, en tanto deidad creadora, es Brahma el que en su mente confiere existencia a toda la materia.

De hecho, los engendros de su mente son llamados mana-putras, de lo que se sigue que si el hinduismo fuera la única religión existente, todos seríamos hijos de putra, es decir, de la mente de Brahma.

Esta narración religiosa es asombrosa y fascinante, sobre todo si se mira desde una perspectiva literaria. El Universo, el mundo, los hombres, la materia toda, no son más que pensamientos en la mente de un dios (Brahma) que, a su vez, es el sueño de otro dios (Vishnú) que en realidad surgió de una emanación desprendida de un dios último (Ammavaru), que es el único que conoce la realidad conciente, porque es el único que realmente está despierto.

Y a partir de esta idea se puede entrelazar la narrativa religiosa hindú con el argumento principal de la obra de Calderón de la Barca, que plantea precisamente que la vida es un sueño.

Hacia mediados del siglo XVII, Pedro Calderón de la Barca, poeta y dramaturgo español, escribió La vida es un sueño, una tragedia inscrita en la mejor tradición de la herencia griega del teatro, que en el mismo siglo recupera Shakespeare en Inglaterra.

Para quienes no han tenido la oportunidad de leer esta magnífica obra escrita en verso, hay que decir que la trama se centra el personaje de Segismundo, hijo del rey de Polonia.

El oráculo consultado el día del nacimiento de Segismundo, predijo que éste sería un tirano si llegase a convertirse en el rey de Polonia, motivo por el cual su padre manda a encerrarlo en un calabozo.

Durante su larga reclusión, que evoca la platónica alegoría de la caverna, Segismundo reflexiona acerca del sentido de realidad de su reclusión, y se pregunta si ésta no sería más que un sueño, del cual algún día habría de despertar.

Por supuesto que a la reflexión del personaje se le podrían aplicar diversas interpretaciones psicológicas y filosóficas (por ejemplo, una suerte de resignado estoicismo). Pero lo importante, lo verdaderamente sustancial, es la reflexión misma, el pensar, preguntar, si acaso la realidad es un sueño y la vida, la auténtica vida, parafraseando a Milan Kundera, está en otra parte.

¿Qué tal si nosotros, tu y yo, lector, lectora, somos un sueño en la mente de un alguien más que reposa tranquilamente en su cama, disfrutando de una plácida siesta vespertina?

¿Qué tal que soy yo, quién al pensarte como posible receptor de estas líneas, soy quien te otorga existencia en el momento preciso en que me lees, porque sólo existes en mi mente?

¿O qué tal que ambos somos personajes en la mente de un escritor que al plasmar sus ideas en un folio blanco, o en el procesador de textos de su computadora, nos concede vida momentánea, para luego regresarnos a habitar algún recóndito lugar de su imaginación, como lo sugiere Jostein Gaarder en El mundo de Sofía?

Desde luego que estas preguntas son para pensarse en un momento de ocio, posiblemente en alguna noche clara, sentado en el sillón frente a la ventana abierta de tu habitación, con una aspirina y un vaso con agua en la mesita contigua, mirando la inefable lejanía de las estrellas dispersas por todo el firmamento, acaso tratando de vislumbrar a aquel que por medio de su sueño te ha concedido existir…


Ya nada más como cereza en este pastel pseudo filosófico, dejo aquí el Soliloquio de Segismundo, con la recomendación de leer a la primera oportunidad esta genial obra de Calderón de la Barca:


Soliloquio de Segismundo

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

P.S 1 Bien por los gloriosos Pumas de la UNAM. Ya están en los cuartos de final del fut. Ojalá que diosito se apiade de ellos y de sus aficionados, entre los cuales me cuento yo. Sí, me gusta el fut, ¿y?

P.S 2 Fernando del Paso, el autor de “Noticias desde el Imperio”, que es una novela infumable que no terminé, dijo en la FIL de Guadalajara que simpatiza con Hugo Chávez porque se preocupa por su pueblo… la senilidad y sus consecuencias… en fin, algún día llegaré a esa edad, pero cuando eso suceda y declare públicamente mi simpatía con algún tiranito tropical, por favor mátenme en caliente.

23 nov. 2007

Brahma, el fanerón y Calderón de la Barca I

En una de mis recurrentes incursiones en los terrenos de las sandeces y los asuntos sin importancia, mientras leía mi biblia personal, que es Del sentimiento trágico de la vida, de don Miguel de Unamuno, se me ocurrió escribir aquí un texto acerca de la influencia de la mística y la literatura en el desarrollo de la filosofía española, nutrida fundamentalmente por las composiciones poético religiosas de San Juan de la Cruz, y de ese portento de poesía profana que es La vida es un sueño, de Calderón de la Barca.

Sin embargo, mientras cavilaba mentalmente la forma en que habría de estructurar el texto, porque aun cuando no lo parezca, todos los textos que he publicado aquí tienen una cierta estructura lógica, se me cruzaron las frecuencias culturales y terminé por armar unas intrincadas tripas de gato, entre el planteamiento onírico de Calderón de la Barca, la idea del Fanerón desarrollada por Charles Pierce, y la narración hindú del sueño de Brahma.

A primera vista Brahma, Pierce y Calderón de la Barca guardan muy poca relación entre sí. Pero si se observa con mayor detenimiento, los tres personajes convergen en torno a un mismo interés, fascinación y asombro respecto al sueño.

Y si mi estimado lector, lectora, está dispuesto a seguirme, a continuación intentaré desarrollar un argumento medio fumado pero que puede resultar interesante.


Fanerón es un término conceptual construido por Charles Pierce –destacado filósofo norteamericano, considerado el padre del pragmatismo- en La base del pragmaticismo en la ‘faneroscopia’, para denotar el contenido total de una conciencia; o en sus propias palabras: “la suma de todo lo que tenemos en la mente, de cualquier manera que sea, sin mirar su valor cognitivo”. Es decir, todo aquello que se halla almacenado en los estantes de la conciencia prácticamente desde el nacimiento del individuo, que le permite asimilar su entorno y familiarizarse con él a partir de su autonomía individual. O para decirlo en términos más llanos, el fanerón denota la idea de que cada cabeza es un mundo.

Si cada individuo está dotado de su fanerón particular, entonces resulta que todo lo que conoce del mundo es producto de su propia conciencia, incluidos todos los demás hombres que desde sus respectivos fanerones miran a todos los demás.

El fanerón es una especie de demiurgo que otorga existencia al mundo cada vez que mira cada una de sus partes constitutivas y la reconoce como una particularidad autónoma, perteneciente a una totalidad que se halla interiorizada en la mente del observador.

Los demás hombres, desde esta perspectiva, no son más que bits de información almacenados en la conciencia, que sólo pueden proyectarse en la existencia, o para usar una expresión heideggeriana, estar arrojados en el mundo, una vez que el observador los mire.

En otras palabras, el fanerón comporta el riesgo del solipsismo (que no del autismo), esto es, de la creencia en que sólo el yo existe y todo lo demás en el Universo, incluidas las demás personas, son ficciones insustanciales de la mente del yo, que es el único verdaderamente real.

El fanerón, pues, comporta el riesgo del sueño dentro del sueño, pues si todo lo que existe se halla almacenado en mi mente, cuando yo muera ¿dejará de existir?

La respuesta razonable es no. No dejará de existir todo lo que es, sólo porque yo he muerto. Y no dejará de existir porque desde otros fanerones quien dejará de existir seré yo, una parte de la totalidad de lo que se halla acumulado en sus mentes conformando la realidad. Pero si esos otros fanerones conformasen partes de la totalidad de otra mente, entonces ¿todos juntos somos meras ficciones de una mente superior?
...

22 nov. 2007

Horóscopos

Dos mil años antes del nacimiento de Cristo, que marca para Occidente -a partir de la hegemonía del cristianismo gentil durante el último tramo del imperio de Constantino- el inicio de la historia, en Babilonia se había creado un calendario lunar, con la finalidad obvia de medir el tiempo y así establecer los ciclos agrícolas.

Unos siglos más tarde, aproximadamente seiscientos años antes de Cristo, los griegos inventarón las zooidion, es decir pequeñas figuras de la zoé diakos: la rueda de la vida. La rueda, el camino de la vida, era representado como una banda circundante a una figura eclíptica por donde se desplazaban el sol y los demás planetas. A cada segmento de la banda, dividida en doce partes iguales, correspondía un zooidion que permitía observar la cercanía y posición de los planetas y los cuerpos celestes.

Muy pronto los sacerdotes griegos utilizaron los zooidion para intentar conjurar el mayor temor que la propia cultura griega se dedicó a superar desde la creación de los mitos hasta la invención de la filosofíay la tragedia: la incertidumbre en torno al destino individual de los hombres. Así que a partir de la observación de la posición de los cuerpos celestes en cada uno de los signos zodiacales nació la astrología, y con ella los horóscopos y oráculos.

Dudo mucho que la mujer que leía los horóscopos en el programa de radio que padecí de camino a la universidad, hoy por la mañana, sepa algo de aquella historia. Así como también dudo mucho que a aquellos que escuchaban con atención su sino para el día de hoy, les importara si quiera un poco saber que los horóscopos son meras tomadas de pelo, o a lo mucho, simple entretenimiento.

Aunque cada quien es libre de creer en lo que mejor le venga en gana, pienso que debería existir un mínimo ya no se diga de sentido crítico, sino de sentido común, para considerar harto sospechoso que absolutamente todos los horóscopos que se vaticinan hoy en día pecan de excesivo optimismo, cuando en su origen si bien eran reverandas mafufuadas esotéricas -como lo siguen siendo- eran tanto más sensatos, e incluían tanto posibilidades positivas como aquellas otras de plano fatalistas.

El riesgo de un horóscopo optimista, es que la decepción ante las insatisfechas y frustradas expectativas predichas es todavía mayor -como mayor es también la posibilidad de ser más infeliz y miserable de lo que se era- que aquel relacionado con una predicción sombría.

¿Por qué no existen horóscopos en lo que se diga algo así como "hoy te va a morder un perro, tu jefe te va a reprender y te va tildar de estupido; pero no te preocupes, porque mañana será un día distinto, quizá tu sino no cambie debido a que naciste con mala estrella, pero por lo menos podrás ser menos miserable que hoy. Así que ánimo y adelante"? De esa manera, en lugar de bajar la guardia, se tomarían precauciones al caminar por la calle, o pasar cerca de las puertas de rejas; o bien se llegaría más temprano a la oficina y se prepararía una buena impresión, para que el jefe, en lugar de decir "es usted un estúpido", diga "qué buen trabajador es usted". Además de que se estaría preparado para morir en cualquier momento, por aquello de la mala estrella.

Pero no. Todos los horóscopos, todos los que escuché con atención sospechosista, eran positivos, optimistas. Nadie enfermaría, ni sería despedido de su trabajo, ni sería diagnosticado con cancer en fase terminal, ni lo abandonaría su novia, esposa o amante. Todos, por lo menos el día de hoy, serían muy felices.

Pero si todos somos felices, entonces ¿por qué el mundo es una cada vez más decadente porquería? Habrá que consultar el oráculo.

21 nov. 2007

¿Por qué soy profesor? ¿Por qué?

Hace ya algún tiempo, Martin Gardner, un estupendo filósofo norteamericano (por extraño que parezca), escribió una serie de ensayos titulada Los porqués de un escribano filósofo. En esos textos se dedicó a explicar los fundamentos de su pensamiento de manera muy amena, respondiendo a preguntas del tipo ¿porque no soy solipsista? o ¿por qué no soy anarquista?

Ante el cuestionamiento mala leche que me ha formulado mi estimado colega y doctor en sabiduría del mundo, acerca de por qué doy clases si soy un elitista, he decidido adoptar el estilo de Gardner para responder, primero, porque no soy elitista y, después, porque me gusta dar clases.

¿Por qué no soy elitista?

Gajes del oficio. Un día, mientras en una de mis clases ejemplificaba con la coyuntura política algunos de los planteamientos formulados por Thomas Hobbes en El Leviatan, un alumno que seguramente se sintió aludido y ofendido, me increpó con una burda perorata cantinflesca que remató con un "es usted un elitista (no obstante que en el salón es díficil discernir quién es el profesor y quienes los alumnos, debido a que entre ellos y yo la brecha generacional no es muy amplia, siempre me dirijo a ellos con el muy respetuoso usted, y les pido que hagan lo mismo para conmigo), alejado del pulso popular".

Posiblemente para la gran mayoría de las personas esas palabras no significarían nada, pero para mi constituyeron un insulto muy grave; tan grave que el resto de la tarde aquello de "elitista alejado del pulso popular", anduvo taladrándome las neuronas.

Ya por la noche, recuerdo que me senté en mi reposed, junto a la ventana, y me puse a pensar si realmente había devenido en un mamón, alejado del mundanal pero democrático ruido de las masas palurdas y apestosas. En ese momento, accidentalmente dirigí la mirada hacia la repisa donde tengo mis discos y películas. Miré algunos títulos: "Las invasiones bárbaras", "Godbye Lenin", "Lo que el viento se llevó".

"Mera coincidencia", pensé.

Aunque recuerdo que hasta antes de entrar a la Facultad, era un tanto más despreocupado: escuchaba música pop, leía cosas del estilo de J.J Benítez y veía películas joligudenses; además, por supuesto, de que tenía una fe absoluta en que estaban dadas las condiciones estructurales en el país para la revolución proletaria...

Sin embargo algo pasó durante mis años de formación profesional. No sé explicar con exactitud qué sucedió, pero el punto es que de repente me encontré leyendo autores raros (Brodsky y Altolaguirre, por citar unos ejemplos), escuchando música demodé y conversando sobre temas tan poco mundanos como “el flujo de conciencia en los escritores intimistas del siglo XIX”.

¡Diablos! creo que sí soy elitista.

¿Por qué soy profesor?

Bueno, si soy o no elitista, es un tema meramente secundario. Lo importante acá es explicar porque soy profesor y no me muerto en el intento.

Pues bien, la historia que da respuesta a este porqué está atravesada por un poco de arbitrariedad. Como todo buen profesor universitario comienza su carrera, yo comencé la mía como ayudante de profesor, es decir, como el gato que carga el portafolio, borra el pizarrón y hace las veces de demoedecan del profesor titular.

No estaría escribiendo este post tan falto de sentido, de no haber sido porque, cuando estudiante, en la asignatura de “Filosofía y teoría política contemporáneas” obtuve 9 como nota en un ensayo acerca del pensamiento de Anthony Giddens; que propició que me apostará en la oficina de la profesora titular para reclamarle su falta de apreciación ante un excelente y bien fundamentado ensayo crítico.

Después de debatir un rato acerca del referido autor, me preguntó si no quería ser su ayudante para el próximo semestre.

La verdad es que desde que ingresé al primer semestre de la licenciatura quedé deslumbrado por el despliegue de lucidez de mis profesores, y me propuse que algún día yo también daría clases y tiraría rollos extraños. De manera que el ofrecimiento de mi profesora y ahora maestra, constituía el primer paso para echar a andar en ese camino de la docencia a nivel universitario.

Si soy profesor, es en parte debido a la contingencia, pero también debido a mi gusto por la enseñanza, por la transmisión de conocimientos, el planteamiento de problemas y la construcción colectiva de reflexiones.

Al principio de los cursos es difícil que los alumnos asimilen que alguien apenas unos años mayor que ellos será su profesor, pero es muy gratificante observar como en el transcurso de las clases esa suspicacia inicial se va transformando en respeto.

Por supuesto, todo profesor tiene algo de histrión en su haber. Adopta un papel, una cierta personalidad que desarrolla ante su reducido pero expectante público.

En lo personal he adoptado un poco el papel de profesor serio, que no está interesado en hacerse amigo de los alumnos, aunque eso no cancela la posibilidad de jugar alguna broma, o formular algún comentario chistoson durante las clases. Hasta ahora pienso que ha funcionado y mis alumnos me han tomado afecto y demostrado su admiración.

Y bueno, fiel a mi tradición de ser el advocatus diavoli, me gusta provocarlos. Y parte fundamental de esa provocación es criticar su ambiente natural; de ahí que en alguna ocasión me hayan tildado de elitista intelectual. Aunque, la verdad es que no lo soy tanto; por el contrario, me gusta estar en contacto en el devenir de la realidad y sus diversas manifestaciones, pues creo que un profesor que se aleja de los lugares y las manifestaciones culturales en las que viven y se expresan sus alumnos, difícilmente puede entenderlos a ellos y a la propia realidad.

De aquí también que en algunas ocasiones me haya tocado discutir airadamente con algunos colegas mucho mayores y más preparados académicamente que yo, acerca de algunos problemas sociales.

Ellos podrán espetar un enorme conocimiento especulativo acerca de la pobreza, por ejemplo, pero mientras no caminen entre las calles de un barrio pobre, no platiquen con personas que padecen la pobreza, ni conozcan las condiciones en las que la propia pobreza se genera, estarán hablando siempre de teorías y soluciones construidas en el aire, donde al menor soplo de alguna corriente, habrán de desvanecerse.

19 nov. 2007

Preguntas ociosas

Hoy es día de asueto en México, so pretexto de la conmemoración del 97 aniversario de la Revolución de 1910. Aunque formal e históricamente el día del inicio de la revolución es el 20 de noviembre, con el nuevo calendario laboral que incluye los supuestos "fines de semana largos", se recorrió el día festivo a hoy lunes.

Y como los días de asueto son para pasarlos echadotes en la cama, o aplastadotes en el sofá, pues yo ya estoy en mi maratón de ocio. Hoy pretendo romper mi propio record de permanecer sentado más de cinco horas en mi reposed, pensando en puras estupideces que luego puedan ser publicadas acá.

Por el momento ya tengo un par de preguntas ociosas para pasar las primeras tres horas:

¿Los ciegos creen en el amor a primera vista?

¿Por qué lo perros se huelen la cola?

¿Por qué el papel higíenico viene en diferentes presentaciones, colores, texturas y olores, si sirve para un fin poco decoroso?

P.S Como dato curioso, tengo que decir que soy muy propenso a los maratones. La otra vez me eché un maratón de sueño, y la otra antes de esta otra, un maratón de no bañarme: impuse marca de siete días.

16 nov. 2007

You don't know me

¡No puede ser! Desde el día de ayer he traído atravesada esta canción en la cabeza.

La letra original es del genial Ray Charles, pero yo la escuché en la versión de Michael Bublé. Está incluida en el album "It's time". Ampliamente recomendable.

Y qué decir de la letra de esta canción... creo que a todos nos ha pasado, cuando vamos por la calle y miramos pasar a alguien que nos gusta demasiado, así, sin más explicación.

Creo que tengo que aceptarlo: en el fondo soy un sentimental.


You don't know me

You give your hand to me
Then you say hello
I can hardly speak
My heart is beating so
And anyone can tell
You think you know me well
But you don´t know me

No, you don´t know the one
Who dreams of you at night
And longs to kiss your lips
And longs to hold you tight
Oh I´m just a friend
That´s all I´ve ever been
´Cause you don´t know me

I never knew
The art of making love
Though my heart aches
With love for you
Afraid and shy
I´ve let my chance to go by
The chance that you might
Love me, too

You give your hand to me
And then you say good-bye
I watch you walk away
Beside the lucky guy
You´ll never never know
The one who loves you so well
you don´t know me

You give your hand to me, baby
Then you say good-bye
I watch you walk away
Beside the lucky guy
No, no, you´ll never ever know
The one who loves you so well
you don´t know me

15 nov. 2007

La nostalgica radio

Esto me lo envió por e-mail un amigo. Como el muy miserable sabe que detesto que me envíen correo basura, lo editó y le puso como título “Léelo, es importante”. Al comenzar a leerlo fue imposible contener la risa. Me pareció bueno y por eso lo pongo por acá.


La nostálgica radio

!! IMAGINATE!!
EN LOS AÑOS CINCUENTA, CUANDO LA TELEVISION ESTABA EN PAÑALES, Y LOS DIAS SOLO ERAN ACOMPAÑADOS POR EL FABULOSO APARATO "RADIO"...

Y POR SUPUESTO UNA MENTE LIMPIA Y PURA (SÍ DIJE: MENTE LIMPIA Y PURA)...... PARA ESCUCHAR ESTOS COMERCIALES.

*CABALLERO HAGASELA SUAVE Y PLACENTERAMENTE.

Su afeitada, le proporcionara un suave placer con la crema de afeitar MENNEN

*SI SU MAMA SE METE EL DEDO, Y SU HERMANA TAMBIEN

No haga usted lo mismo, USE PALILLOS para dientes EL PINGUINO

*SABE POR QUE A SU NOVIA LE GUSTA TOCARSELO?

Porque ella sabe que ese disco suena bien en su nuevo EQUIPO PHILCO

*NO DEJE QUE LE METAN ESSO
Cuando mande a lubricar su vehículo.... exija TEXACO.

*LO QUE USTED SIEMPRE QUERIA, AHORA LE CABEN HASTA LOS HUEVOS

Si, hasta los huevos le caben en su nuevo refrigerador GENERAL ELECTRIC

*SI SU NOVIO LLEGA BORRACHO Y SE LO PIDE, DESELO...

Si, Dele un par de ALKA SELTZER y adiós a esa borrachera .

*NO LE ENTRA BIEN?

LE MALTRATA LA PUNTA?

LE DUELE MUCHO ATRAS?

SIENTE DESMAYARSE?

Es Porque sus zapatos le quedan chicos, llévelos a LA ITALIANA y se Los suavizaran.

*TIENE PROBLEMAS PORQUE SE LE PARA CONSTANTEMENTE?

Algo anda mal en su reloj, llévelo a la Relojería SUIZA y se lo Dejaran como nuevo

*SE LE HA ACHICADO O ENCOGIDO?

Usted sufrirá esto si sus camisas no son confeccionadas con telas de LA PARISINA.

*LE GUSTA QUE SU MARIDO LO TENGA DURO O BLANDO?

No lo piense mas, mándele a planchar el cuello de sus camisas con Almidón El Rey

*LE DUELE LA CABEZA AL METERLO?..

Claro, esto le pasa por no usar sombreros ARIZA

*A USTED LE GUSTA TENERLAS SIEMPRE ARRIBA Y QUE NO SE LE ANDEN CAYENDO...

Use Ligueros LEONISA y sus medias lucirán siempre bien

*SI SE LE PARA DE REPENTE Y SE LE DERRAMA EL LIQUIDO...

Esto es señal de que su carro necesita bujías CHAMPION


USTEDES CONOCEN ALGUIEN DE MENTE LIMPIA Y PURA, FAVOR ENVIESELO...

14 nov. 2007

Lo que todo pobresor sabe

Este texto no tiene desperdicio. Es una descripción de las situaciones con las que los pobresores tenemos que enfrentarnos diariamente: preguntas estúpidas, dislexia, franca y abierta huevonada y uno que otro gag cómico.

En lo personal ya me ha tocado tener en mi clase a una alumna embarazada hasta las cejas, un perro y un indigente... y lo que falta.

En fin, ahí va el texto. Espero que lo lean porque realmente está muy bueno:

Lo que todo pobresor sabe...

Muchas veces gozo mi trabajo como profesor en una universidad. Lo disfruto porque un profe mexicano lo que hace es recibir un sueldo raquítico con tal de cometer peroratas.

Toda mi estirpe trabajó en el campo, ya sea mexicano o gabacho, así que laborar sofistaqueando me parece ventajoso, una especie de comodidad por la que recibo un sueldo equivalente a gente que desempeña trabajos duros, como barrer calles, ensamblar aparatos, meserear sinaloenses o carterear plebada.
A los que trabajamos contagiando el canon, recordémoslo, se nos llama pobresores. Y creo que se trata de un título exacto. Todos los catedráticos pordioseramos. Somos parte de un lastimero simulacro. El teatrito de la Educación.

Me gusta releer en voz alta y monologar con bostezantes, y sin embargo, cuando uno escucha lo que el estudiante mexicano piensa, lo que desea, digamos, un alumno de filosofía, psicología, literatura o artes, no puede evitar desalentarse.

Uno se pregunta: ¿de verdad vale la pena seguir “enseñando”?

Por eso prefiero no darles la palabra a los estudiantes, porque cuando hablan lo único que dan es ganas de volver a la maquila o largarse a Estados Unidos a cortar el pasto en Arkansas. Incluso eso es preferible a escuchar tantas idioteces en tu propio idioma.

El estudiante universitario, tanto en instituciones públicas como en privadas, está lleno de basura mental. Ya no puede aprehender nada. Ya está saturado de mierda. Su familia lo ha arruinado. Ha consumido, exclusivamente, cagada.

Cuando llegan a la universidad, antes que todo, ya han sido educados por el pop, Televisa, Hollywood, el yo-yo y toda suerte de fantasía típica del oxidental edípico, porque, primordialmente, todo estudiante mexicano (debido al resentimiento que nos define como cultura vasalla) es un Edipo o una Edipa.

En México, Nietzsche hubiera sido un serial killer.

Pero seamos puntuales: entonces, si hay tanto desaliento, ¿por qué un segmento de la población somos pobresores? Porque el pobresorsete mexicano algo obtiene. ¿Qué?

Escucharse o, mejor dicho, intentar escucharse. Ninguno de nosotros se escucha a sí mismo, a sí misma.

Y por eso gritamos a otros. Por eso tomamos el pizarrón. Explicamos. Porque no sabemos nada. Nada hemos aprehendido. Nada hemos razonado.

El club de los necios lo presidimos nosotros.

Y, así, el día que un solo hombre o una sola mujer se escuche a sí mismo, misma, y guarde silencio largo rato, comprehenderá que la universidad simula. Enanifica. No hay más aprendizaje que permanecer atento a las propias fantasías.

Y un segundo después, aceptarlas, despejarlas.

Volver a ser reales.

Y no me pregunten qué es lo “real”.

Cada uno puede descubrirlo por su cuenta.

No es necesaria la escuela.
Heriberto Yepez, Laberinto, 10/XI/07.

13 nov. 2007

Norman Mailer

Norman Mailer
1923 - 2007

El pasado sábado 10 de noviembre murió Norman Mailer, quizá uno de los últimos intelectuales norteamericanos de grandes vuelos; con lo que ahora parece que el último sobreviviente de esta rara especie es Tom Wolfe.

Si hubiera que definir con un solo adjetivo el estilo literario y la personalidad de Norman Mailer, ese adjetivo sería provocador.

Mailer fue un provocador cáustico, desparpajado, polémico y absolutamente desvergonzado.

En lo personal sólo he tenido la oportunidad de leer una novela, El Evangelio según el hijo –realmente perturbadora y bien narrada; no como ese bodrio aburrido que es El Evangelio según Jesucristo, escrito por Saramago- y un ensayo publicado en The New Yorker Review: El prisionero del sexo.

A través de una entrevista concedida a Le Monde fue como me enteré de la existencia de este genial escritor neoyorkino, nacido en 1923. Llamó mi atención su dura crítica a la ocupación norteamericana de Irak, así como al desempeño del Presidente Bush, a quién calificó de imbécil y marioneta de los intereses reales que gobiernan la Casa Blanca.

Si he publicado hasta ahora este texto in memoriam, ha sido porque me enteré de la noticia el domingo por la mañana, en una nota que leí muy rápidamente en un diario de Morelia. De no haber estado tan ocupado durante todo el domingo y parte del lunes a causa del proceso electoral, lo habría escrito a la primera oportunidad; sin embargo no me fue posible.

Como sea, algo que comentaba con Carolina el domingo por la noche, mientras nos despedíamos cenando unos como tamales -corundas- que sabían muy feo, era que resulta angustiante el hecho de que algunos de los principales referentes culturales de nuestra época, han muerto durante este año: Kapuscinsky, Baudrillard, Marceau.

Nos estamos quedando huérfanos de pensamiento.


P.S 1 Realmente no entiendo la reacción de señoras gordas histéricas a las que les han robado el bolso en el mercado, adoptada por algunos medios y comentaristas de la prensa internacional, ante la justa y merecida invitación hecha por el rey español Juan Carlos de Borbón, al gorilón Hugo Chávez, para que guardara silencio durante la intervención del jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile.

Al rey se le ha tachado de intolerante, cuando lo único que hizo fue externar en su condición no sólo de jefe de Estado, sino también de aristócrata, la irritación (el encabronamiento, diría yo) provocada por un vulgar lenguaraz como el gorilón Chávez, que pareciera tener invertidas las funciones digestivas, arrojando por la boca aquella inmundicia que debería ser excretada por otra vía…

Bien vista, la imagen del monarca y el gorilón, no hace más que confirmar la tradición: es el rey el que siempre calla al bufón.


P.S 2 Otra de españoles. No conformes con haber dañado emocionalmente durante sus años de adolescencia a las actuales generaciones treintañeras, con las letras de sus canciones pijas, e insatisfechos con el trauma infligido por los miembros de esas generaciones, a sus hermanos pequeños, causado por la tortura auditiva de tener que soportar su música y sus discos; ahora los insufribles y bastoneros
Hombres G, amenazan con regresar a México el próximo 16 de Noviembre.

¿Es que acaso no les bastó destruir a tantas generaciones y dejar tan traumadas a otras tantas más (entre ellas la mía)? ¿no les importa que algunos estábamos superando apenas el trauma producido por “la chica cocodrilo”, luego de tres años de sesiones de psicoanálisis?

¡Monstruos!


P.S 3 Si alguno de los lectores anónimos de este blog, igualmente anónimo, conoce al director de parques y jardines de Coyoacán, no sea gacho y pregúntele que si puede mandar barrer la hojarasca del parque que está frente a mi casa, y de paso que también mande podar el césped, que ya parece matorral.


9 nov. 2007

La sombra

Caminaba absorto, con la mirada clavada en el suelo, contemplando las múltiples y variadas formas de las pequeñas piedrecillas de tezontle que se hallaban desperdigadas a lo largo del camino.

Sobre su espalda llevaba a cuestas un saco repleto de fruta y verduras, lo había comprado en la pequeña aldea donde solían acudir los campesinos y los granjeros a vender sus productos.

El camino cuesta arriba rodeado por robustos y frondosos árboles, serpenteaba alrededor de hondos peñascos de inclinaciones casi verticales. En lo alto el sol lanzaba sus rayos incandescentes, que al chocar con el tupido follaje de las ramas de los árboles, se difuminaba en pequeños haces de diferentes tamaños y figuras. Sólo en el sinuoso camino su luz era constante y agobiante.
Sin embargo, absorto como andaba, el discípulo no había reparado en las gotas de sudor que resbalaban lentamente por toda su frente, para escurrirse luego por los contornos de su rostro.

Dentro del bosque se oía el canto de los pájaros y el ligero ruido de las hojas de los árboles, al ser mecidas suavemente por una brisa apenas perceptible.

Faltando unos cuantos metros para llegar al pórtico de metal que daba acceso al monasterio, el joven discípulo comenzó a observar su sombra proyectada en el suelo. Miraba no una silueta perfectamente delineada, correspondiente a su propia figura, sino una masa deforme que se proyectaba delante de él.

En ese momento sintió el golpe de calor recorrer todo su cuerpo, y experimentó una profunda repulsión por aquella desdibujada sombra que aparecía en el suelo, delante de él. Fue tal la repugnancia que deseó con todas sus fuerzas poder deshacerse de su sombra.

En ese instante ocurrió algo extraño, perturbador: la sombra había desaparecido.

Sorprendido, el joven muy pronto cambió el semblante de su rostro, y arrojando violentamente al suelo el saco que llevaba en la espalda, se echó a correr eufórico en busca del maestro.

-¡Maestro! ¡Maestro! –gritaba a voz en pecho el discípulo- ¡tengo que decirle algo! ¡ha ocurrido un milagro!

Una vez donde el maestro, éste lo observó detenidamente y le inquirió:

-¿Qué ha sucedido? ¿por qué te has desbordado en euforia?-

El discipulo todavía muy exaltado le respondió:

-¡Maestro, ha ocurrido un milagro! ¡He conseguido liberarme de mi sombra!

El viejo monje, luego de mirarlo un breve momento con expresión de condescendencia, comenzó a reir y exclamó:

-Pero cómo serás estúpido ¿es que acaso no has reparado en que se ha nublado?-

7 nov. 2007

Paul Leautaud y lo sintomático

Me enteré de la existencia de Paul Leautaud durante mi estancia veraniega en Nashville.

Fue en una de esas acaloradas charlas sostenidas en el hall de la student’s residence de Vanderbilt, donde la entrañable Carolina Dosetti, mencionó a este genial autor francés. De hecho, recuerdo muy bien esa charla porque comenzó con un tema muy abstracto –el carácter apofático de la metafísica moderna- pasó luego a un enfrentamiento patriotero en torno a los aportes filosóficos y literarios de los intelectuales de nuestros respectivos países, y terminó en una competencia de presunción, donde mencionar autores poco conocidos daba muchos de ventaja sobre los otros contendientes.

Ya después Caro me dijo que había recordado a Leautaud por mi culpa, o más bien, porque algunos de mis lances de arrogancia le recordaron lo que Leautaud decía de si mismo: “me expreso tal como quiero; no me preocupa si gusto o no, si soy aprobado o reprobado. Escribo por el propio placer, mi placer”.

Me dijo que había encontrado dos libros de él durante una visita relámpago a la FIL de Guadalajara, y que una vez de regreso en México me los prestaría como pretexto para continuar nuestra amistad.

Pues bien, existen ciertas ocasiones en las que mi retorcida imaginación de aprendiz de escritor –o de vulgar cuenta cuentos, is the same- me hace pensar que la Fatalidad, el Sino o cualquier otra entidad suprahumana administradora de las dosis de arbitrariedad y determinismo que influyen en el curso de la vida y de la historia personal, conspira, para que potenciales acontecimientos tengan lugar en la realidad concreta.

Esto viene a cuento porque no deja de ser sintomático que el domingo haya encontrado una crítica de Ariel Dorfman a Leautaud y el otro, libro escrito por Armando Uribe, en el suplemento cultural del diario que acostumbro; sobre todo considerando que el libro de Uribe fue el primero que Carolina me recomendó para comenzar a conocer la obra de Leautaud, y más importante aún, porque el próximo sábado me encontraré con la Caro en Morelia, y ya desde ayer le advertí por teléfono que si no me llevaba los libros que me había prometido en Nashville, que mejor ni fuera.

Y bueno, si tú lector, lectora, te estás preguntando cuál es el objetivo de este post, pues creo que la respuesta es: ninguno.

Aunque ahora que lo recuerdo, quise escribirlo porque en la reseña de Dorfman me causó cierta irritación que haya catalogado a Leautaud como un “autor francés menor”. Más bien el autor menor es el propio Dorfman, cuyos tiempos de gloria han quedado en el olvido, junto con el texto aquél tan soso que escribió en coautoría con tipo francés, de apellido Mattelart.


P.S He estado siguiendo en los diarios la información relacionada con la catástrofe natural que azotó al estado de Tabasco. Al respecto debo decir que me indigna la estupidez de algunos periodistas y opinadores, que en lugar de promover la solidaridad, se dedican a sembrar la intriga y la sospecha sugiriendo que el desastre se pudo haber evitado.

Por supuesto que es bien fácil escribir semejantes insensateces desde la comodidad de la mesa de redacción o el cubículo universitario, pero probablemente no escribirían lo mismo si su pequeñez les permitiera apreciar en su totalidad las dimensiones y la complejidad del problema, relacionada sí, con la negligencia, la corrupción y la falta de previsión por parte de las autoridades, pero también con la irresponsable explotación de los recursos naturales y los desequilibrios climáticos que eso conlleva.

6 nov. 2007

Acerca de la muerte

El ciclo biológico que delimita la existencia de cualquier ser vivo está determinado por dos acontecimientos capitales: el nacimiento y la muerte. Ambos han sido objeto de una gran diversidad de estudios y enfoques teóricos desde diferentes disciplinas.

Asimismo el nacer y el morir se han constituido en la base de diversas perspectivas religiosas y filosóficas, que han hecho las veces de cimientos sobre los que se han edificado prácticamente todas las civilizaciones y culturas que ha registrado la historia en sus anales.

De modo particular, en el Occidente moderno influenciado por la estructura patriarcal propia de los pueblos griego y romano, así como del judaísmo y el cristianismo, se le ha dado un lugar preponderante a la muerte como misterio a descubrir y destino a rebasar.

De la muerte se sabe mucho menos que del nacimiento, momento inicial de la vida, del que sólo las madres, es decir, las mujeres, podían dar cuenta hasta que la teología cristiana desarrollada por Pablo de Tarso, les expropió la capacidad de dar vida, para conferírsela únicamente a Cristo Jesús, el hombre-Dios. Ya después Agustin de Hipona habrá de complementar la expropiación paulina de la natalidad y la vida, con su teología del pecado original.

Del nacimiento se sabe que es la culminación de un proceso biológico que inicia en el momento de la concepción. Dar a luz es traer al mundo a un ser vivo que durante algún tiempo permaneció oculto y que ahora aparece ante un mundo que se le presenta extraño y hostil.

En cambio, de la muerte no se sabe más que es la culminación de la vida. El agotamiento definitivo de un conjunto de pequeños ciclos de reproducción celular.

De ahí que en torno a la muerte, que es misterio, se hayan generado la especulación y las primeras formas de construcción del conocimiento: la cosmogonía y el mito, que posteriormente dieron paso al surgimiento de la teología y la filosofía.

Si bien la muerte es el pilar subyacente que sostiene el edificio cultural de la modernidad occidental, existe también un paradójico apego a la vida, entendida como el entorno natural y el mundo artificial en el que tiene lugar el desenvolvimiento de la existencia.

Tal apego es paradójico porque el nacer no es una acción conciente y voluntaria del ser existente, sino más bien un acto arbitrario y contingente. Nacer es surgir de ninguna parte, adquirir conciencia, es decir, descubrir no sin azoro que la vida es finita, y dedicar la existencia -mientras dure- a mantenerse vivo en un entorno natural que es completamente hostil. De hecho la paradoja se convierte en ironía al reparar que buena parte de la filosofía es vitalista y funda la tragedia en la conciencia de la muerte, esto es, en la condición finita de los seres vivos.

La conciencia de la muerte es el origen del miedo más diáfano que pueden sentir los hombres; de aquí que para mitigarlo se hayan dado a la tarea de construir múltiples narrativas, entre las cuales las más importantes son aquellas de tipo religioso y filosófico.

Precisamente apenas hace unos días tuvo lugar la conmemoración, celebración y reproducción de algunas de esas narrativas. Por una parte, la correspondiente al cristianismo, que sostenido sobre el dogma de un Dios de vida que resucitó de entre los muertos a su propio Hijo hecho hombre, ofrecido a si mismo bajo la figura del Padre, como victima de reconciliación con el género humano creado por Él mismo, no podía aceptar abiertamente el culto a la memoria de los muertos, propia de los pueblos etruscos que fueron los padres de la cultura latina con la que aquella doctrina de raigambre judaica se mimetizó, para poder perdurar una vez convertida en la religión oficial del Imperio Romano. Por tanto el cristianismo optó por celebrar a los “santos difuntos”, bajo la égida litúrgica del rito romano, que incluye el sacrificio simbólico de Cristo Jesús y la teofagia como momentos centrales de la celebración.

Por otra parte, la narrativa propia de los pueblos mesoamericanos prehispánicos, que en si misma es llamativa no sólo por su carácter festivo, sino también y principalmente por su significación.

A diferencia de otras culturas y civilizaciones, las culturas mesoamericanas prehispánicas no desarrollaron el miedo a la muerte y por el contrario, fueron bastante concientes del carácter finito y temporal de la vida. Al respecto resultan bastantes elocuentes algunos fragmentos de un conocido poema nahuatl: “aunque sea jade se rompe/aunque sea pluma de quetzal se rompe/ nada dura para siempre/sólo un poco aquí/sólo un poco aquí”.

En otras palabras, los antiguos pueblos mesoamericanos fueron concientes de que la vida era finita y no por ello prorrumpieron en un prurito de señora gorda histérica, como la gran mayoría de los filósofos griegos (salvo los cínicos y los estoicos). De hecho, aquellos fueron capaces de sintetizar la relación entre la vida y la muerte al momento de reparar en que, para morir se necesitaba de toda una vida.

5 nov. 2007

El orgullo de ser UNAM

Perdón si expreso mi euforia futbolera con algunas palabras domingueras proferidas en lunes, pero pinches Pumas que joda le pusieron al equipo de Veracruz; en el partido del día de ayer les metieron nada más y nada menos que ¡8 goles!
Marcador final: Pumas 8 - Veracruz 0

Y desde luego, los Pumas son el equipo profesional de fútbol de la Universidad Nacional Autónoma de México: la mejor en Iberoamérica y una de las cien mejores del mundo. Tenían que mostrar el orgullo de ser UNAM.
¡Y cómo no te voy a querer
Y cómo no te voy a querer
Si mi corazón azul es
Y mi piel dorada
Siempre te querré!

4 nov. 2007

Post pendiente

En mi último comentario había prometido escribir un post acerca de la relación entre las distintas cosmovisiones de la muerte. No obstante, como en las últimas semanas había estado sometido a ciertas presiones laborales, decidí darme la oportunidad de aprovechar los días de asueto para descansar un poco.

Empero no sucedió precisamente de esa manera, y si bien no debería comentar lo siguiente porque afecta mi imagen de sobriedad intelectual, pues lo comentaré, nada más para que no se diga que soy eilitista y me mantengo alejado del mundanal ruido: el día viernes decidí darme un baño de pueblo.
En efecto, el viernes por la mañana estuve en Tepoztlan, un pequeño pueblo pintoresco ubicado en el sureño estado de Morelos, a unos veinte minutos de Cuautla.

Hay ciertas épocas del año en las que me gusta visitar ese lugar, por lo demás punto obligado de los itinerarios turísticos, debido a que en la cima de la enorme formación rocosa que le da nombre al lugar, el tepozteco, se encuentran las ruinas arqueológicas de un observatorio mexica.

Precisamente en estos días me gusta ir a Tepoztlan porque ahí se vive de forma bien típica toda la tradición de la celebración de los muertos.
El lugar es de por si espectacular. Enclavado en medio de una serie de formaciones rocosas recubiertas de frondosa vegetación y un clima muy agradable, Tepoztlan se caracteriza por sus estrechas calles empedradas, sus casas siempre envueltas en la refrescante sombra de los árboles y por la amabilidad de sus habitantes.

El día viernes, pues, anduve por allá. Ya en la noche a mis amigos y a mi se nos ocurrió celebrar a nuestro modo el día de muertos, para lo cual compramos una botella de tequila blanco y otra de anis dulce.

Consejo práctico: tomar tequila blanco con anis en dedales puede ser nocivo para la salud; sobre todo al día siguiente, en que la resaca puede ser insoportable.

Y ése fue precisamente el motivo de que no haya escrito el comentario acerca de la muerte y las diferentes concepciones culturales de la misma.
Hasta apenas ayer por la noche me repuse totalmente de la resaca, aunque aun hoy sufro algunos estragos, como una gastritis que me trae asolado.
No obstante, el siguiente post que aparezca aquí será sin duda el que quedó pendiente a causa de mi baño de pueblo y mis impulsos etílicos.

De hecho en lo subsiguiente seré más constante en mis comentarios, pues he dejado de escribir en una extraña página llamada "netlog", en la que estuve experimentando durante cosa de tres meses, con resultados realmente muy pobres. Tan pobres, que nunca consideré oportuno dejar el link de esa página aquí.

Como sea, lo importante es que me sigo en blogspot tan a gusto como el primer día; con todo y que ahora nada más me lea Luis, por cierto, un saludo compañero.

1 nov. 2007

A propósito del día de muertos

Hemos llegado al asueto del día de muertos, es decir, a la antesala del final del año.

Recuerdo que desde niño estás fechas me gustaban mucho. Especialmente porque iba donde mi abuela y la acompañaba al mercado la tarde del día 31 de octubre, a hacer las compras para el preparativo de la ofrenda que pondría al día siguiente.

No sé si sea nostalgia o más bien melancolía, pero pienso que mi generación fue de las últimas que vivieron el pleno significado de este tipo de festejos. Hoy en día, por el contrario, tengo la percepción de que estas tradiciones se han convertido en meras conmemoraciones o, a lo mucho, en otras fechas más del calendario comercial hábilmente explotado por las tiendas departamentales, los grandes almacenes y otro tipo de establecimientos como los bares y las discotecas.

En las escuelas –particularmente en aquellas privadas- los niños no saben en realidad qué es lo que festejan, aunque sin duda les resulta más llamativo el Halloween y su fantasmagoría sombría, que el día de muertos que evoca elementos culturales autóctonos pero paradójicamente desconocidos.

Sólo en algunas pequeñas comunidades rurales se puede encontrar aun el antiguo espíritu de la celebración de los muertos, que es precisamente la festividad, la firme creencia de que familiares y amigos fallecidos volverán en espíritu de donde sea que habiten, para convivir nuevamente con sus padres, hermanos, amigos, en torno a una mesa colorida, adornada con flores de olores penetrantes y servida con los alimentos y bebidas que aquellos gustaban cuando vivos.

Cuando niño, recuerdo que creía firmemente que mis abuelos difuntos llegaban a la mesa que ponía mi abuela, repleta de comida, fruta, golosinas y postres.

Era tal mi fe que podía jurar que las tazas de café servidas por la mañana, estaban medio llenas al caer la tarde como resultado de que mi abuelos, o más bien sus espíritus, efectivamente habían bebido de ellas.

Desde luego que también me gustaba salir con mis amigos, disfrazados todos, a pedir la “calaverita”, entonando a la entrada de las tiendas que había en las cercanías de la casa de mi abuela, alguna copla propia de la ocasión para luego recibir en recompensa algunos dulces o algunas monedas.

Ahora en las zonas urbanas es realmente difícil encontrar a los niños pidiendo la calaverita, debido a las condiciones de inseguridad y codicia de las personas. Lo que es más, de forma harto preocupante en la ciudades la celebración anglosajona del Halloween ha ganado mayor popularidad entre los niños y jóvenes, que de por sí viven una crisis de identidad sin precedentes.

Mañana escribiré acerca de las diferencias culturales y religiosas existentes entre las celebraciones del Halloween, Todos los santos y el Día de muertos, pues se trata de diferencias bien interesantes, que en el fondo comparten la tendencia hacia el sincretismo.

Por lo pronto iré a comprar una calaverita de chocolate.