31 may. 2007

No desearás...

Aquel día regresaban del río más temprano que de costumbre, con una pesca generosa, que era la causa de la enorme satisfacción que ambos reflejaban en el rostro y en la vivacidad de sus movimientos.

El discípulo jalaba sobre sus hombros del pequeño armatoste, cuya plataforma de madera transportaba la cesta repleta de pescados.

Lo agreste del estrecho camino, que se internaba en medio de un bosque de robustos pinos y oyameles, que se alzaban rectos e imponentes sobre un suelo cubierto de muerdago, hacía que el giro de las desvencijadas ruedas fuera todavía más lento y ruidoso. Pero eso no le importaba al joven discípulo, que jalaba con mucha energía mientras mirada a su alrededor la majestuosidad del bosque.

El maestro caminaba un poco más adelante con paso lento. Había cruzado sobre sus hombros la red que poco antes habían utilizado en el río; como aun estaba mojada, iba escurriendo de las puntas pequeñas gotas de agua que dejaban a su paso un rastro momentáneo, visible apenas el tiempo que la tierra tardaba en absorberlo.

Como había logrado adquirir un mayor dominio sobre sus emociones con el paso de los años y la meditación, sus movimientos eran menos avispados que los de su joven discípulo. Sin embargo, podía notarse en sus ojos un discreto destello de alegría.

Mientras caminaba concentrado en escuchar y recrearse en los sonidos del bosque, el discípulo le preguntó:

-Maestro ¿es verdad que para que el amor subsista, debe haber fidelidad?

El maestro, volviendo ligeramente la mirada pero sin dejar de andar, le cuestionó a su vez:

-¿Por qué lo preguntas? ¿Qué te hace suponer eso?

-Escuché que la ley de los hebreos así lo transmitió a los pueblos de Occidente, pero de forma muy curiosa- dijo el discípulo y prosiguió- porque lo ordenaron por medio de una prohibición, que es esta: no desearás a la mujer de tu prójimo.

Al oír estas últimas palabras, el maestro dejó escapar una leve sonrisa y repuso:

-Cierto, joven amigo, la fidelidad es el sustento del amor. Y la ley que la sustenta a ella, a su vez, es prohibitiva; pero no al modo en que la presentaron desde hace siglos los hebreos, porque desde entonces resultó estrecha en sus alcances y por tanto poco efectiva como ley.

-Entonces ¿se trata en realidad de una prohibición más amplia?

-Sí,. Aunque pueda parecer paradójico. Lo que sucede es que los hebreos, que todo el tiempo se lo pasaban peleando por las cabras y las mujeres, suponían que el amor carnal era heterosexual. De ahí que su apotegma moral fuera ordenado como tú lo has mencionado: no desearás a la mujer de tu prójimo- dijo el maestro.

-Pero si el mandamiento de los hebreos es muy limitado, ¿cuál es, entonces, el imperativo correcto en torno a la fidelidad?- preguntó el discípulo con el ceño fruncido y una expresión de ávida curiosidad.

El maestro le respondió:

-Para que la fidelidad pueda ser el sustento del amor, la máxima correcta es esta: no desearás a la mujer de tu prójimo, ni a tu prójimo. O mejor todavía: no desearás a la mujer de tu prójimo; ni al prójimo de tu prójimo.

30 may. 2007

Te amé - No te amaba

Estoy releyendo Hamlet, de Shakespeare. Esta escena entre Hamlet y Ofelia es verdaderamente divertida. Quizá hasta puede resultarnos familiar a pesar de no conocer la obra, que es genial.

Hamlet
Acto Tercero. Escena Primera

Ofelia: ¿Cómo os halláis después de tantos días, señor?
Hamlet: Mil gracias; bueno, bueno, bueno.
Ofelia: Tengo, señor, recuerdos que me disteis, y que hace tiempo devolver ansío, os ruego, pues, que los toméis ahora.
Hamlet: Yo no, yo no: jamás te di yo nada.
Ofelia: Que es cierto, bien lo sabe Vuestra Alteza; y con ellos palabras de tal dulce hálito rodeadas, que aumentaron su intrínseco valor; pero, perdido ya su perfume, recobradlos luego, que estos ricos presentes nada valen para quien alma generosa hubiere, si quien los dio con su crueldad nos hiere. Tomad, señor.
Hamlet: ¡Ya, ya! ¿Eres honrada?
Ofelia: ¡Señor!
Hamlet: ¡Eres hermosa!
Ofelia: ¿Qué queréis decir?
Hamlet: Que, si eres honrada y hermosa, no debe haber trato alguno entre tu virtud y tu belleza
Ofelia: ¿Pudiera la belleza tener mejor comercio que con la virtud?
Hamlet: ¡Bueno fuera! Más fácil es a la belleza transformar a la virtud en meretriz, que a la virtud lograr que la belleza la iguale; antes, esto era una paradoja, pero las circunstancias lo han comprobado. Te amé
Ofelia: Es verdad que me lo hicisteis creer.
Hamlet: No debieras haberme creído, porque, aunque en este carcomido tronco se injerte la virtud, siempre habrá de notarse el primitivo sabor. No te amaba.
Ofelia: Mayor, pues, fue mi engaño.


(Traducción propia; ofrezco una disculpa por no haber respetado la métrica)

28 may. 2007

Coincidir

En esta ocasión sólo quiero compartir la letra de una canción.
Es original de Fernando Delgadillo y refleja muy bien la contingencia de los encuentros que, como fuerzas extrañas, cambian el curso lineal en el que solemos poner nuestras vidas, generando un punto de inflexión que nos introduce en una senda de incertidumbre y aventura.

Soy vecino de este mundo por un rato
Y hoy coindice que también tú estas aquí
Coincidencias tan extrañas de la vida
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir

Si navego con la mente los espacios
O si quiero a mis ancestros retornar
Agobiado me detengo y no imagino
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir

Si en la noche me entretengo en las estrellas
Y capturo la que empieza a florecer
La sostengo entre las manos más que al alma
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir

Si la vida se sostiene por instantes
Y un instante es el momentos de existir
Si tu vida es otro instante.. no comprendo
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir
Gracias, por coincidir con este mortal arrogante e hipocondriáco.

26 may. 2007

De un fraude y un sueño

La semana pasada leí una nota en la sección de cultura del diario que acostumbro, en la que se daba cuenta de que Random House pagará 2.5 millones de dólares a los lectores que se sintieron defraudados con la compra de A million Little Pieces. Un libro escrito por James Frey, en el que narra su propia lucha contra su adicción al alcohol y las drogas (Milenio, 19/V/07).

Y no es que los lectores se hayan sentido defraudados con la rehabilitación del escritor, sino más bien con el hecho de que parte de su relato en realidad fue un invento; y, como tal, dejó sin esperanzas de rehabilitarse a aquellos sujetos que, presos de las drogas, aun tenían capacidad para leer su libro y descubrir que Frey les engañaba como el señor que se monta la botarga de Barney en el programa de televisión, haciéndole creer a los niños que lo ven, que de verdad es una lagartijota homosexual.

Como sea, el punto es que un tribunal federal aprobó un acuerdo entre la editorial y los lectores defraudados, para que se les reembolse el importe pagado por el libro, en un acto de genuina justicia rawlsiana.

En este querido país de globos y bicicletas, estamos muy lejos de que nuestro sistema judicial funcione con la misma eficiencia y relativa imparcialidad que el sistema judicial gringou. Pero como soñar no cuesta nada, quiero presentar aquí la lista de libros por los que las diabólicas y asquerosamente capitalistas editoriales, malditos aparatos de dominación ideológica de la clase en el poder e instrumentos de su hegemonía (principalmente las españolas Anagrama, Paidós y Taurus, que son las más caras) tendrían que devolverme mi dinero.

Como no son muchos, no tendrían que desembolsar mucho. Ahí les va:

1. Todos los de Monsivais. Y no es nada personal, es simplemente que el señor es la botana de todas las cantinas: está por todas partes, hasta debajo de mis zapatos.

2. Satanás, de Mario Mendoza. Un remedo mal hecho y con acento colombiano, de los endemoniados de Dostoievski.

3. El recurso del método, de Alejo Carpentier. No le entendí ni madres.

4. El evangelio según Jesucristo, de Saramago. Un estilo horrible.

5. Todos los de la bastonera Poniatowska, a excepción de La noche de Tlatelolco.

6. Todos los de Carlos Fuentes, a excepción de La región más transparente.

7. El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher. Es una mamada quesque de superación personal.

8. El Código Da Vinci, de Dan Brown. No es necesario decir por qué.

9. El perfume, de Süskind. Qué final tan estúpido para una historia bien narrada.

10. Todos los de Paulo Cohelo. Aunque confieso que sólo leí una parte de El Alquimista y después lo regalé, eso fue suficiente para saber que se trata de un escritor de aeropuerto.

11. México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria, de Denisse Dresser y Jorge Volpi. Es la versión hard core de “El asalto de los nerds vengadores”.

12. El lado activo del infinito, de Carlos Castaneda. Tiene un diseño de portada muy feo.

Pues ahí está, como se puede ver no son muchos textos. Aunque debo precisar que son sólo textos literarios. Si hubiera incluido todos los libros que he leído y que me han parecido soberanos compendios de pendejadas, la lista hubiera sido más larga.

Aclaro: no tengo nada en contra del establishment literario de México, es sólo que Monsivais et. al. son unos señores feudales que se han apropiado de los espacios editoriales para ellos y sus cuates. Además de que, honestamente, ya roban oxígeno.

Y a ustedes ¿por cuál(es) libro(s) les gustaría que les devolvieran su dinero?

24 may. 2007

Fut y filosofía

Perdiendo el tiempo en youtube, me encontré con esta curiosidad que en lo personal me pareció bastante divertida.

A ver qué opinan ustedes.

De Teología y otras elucubraciones II

Ya todo lo demás, es decir, el proceso de estructuración de una ecclesia, es un asunto más complejo sobre el que hay una abundante bibliografía, de la que sólo se me ocurre citar aquí Structures of the Church y Christianity: Its Essence and History, ambos de Hans Küng.

Por otra parte, y para finalizar, quisiera señalar que no busco en la reflexión sobre el hecho religioso y sus diversas manifestaciones, respuesta existencial alguna o promesa escatológica de salvación. Por el contrario, antes que inquirir respuestas, prefiero formular preguntas, presentar contradicciones y proponer objeciones que muevan a la reflexión plenamente racional acerca de problemas plenamente humanos, en tanto formulaciones del pensamiento.

De aquí que, desde hace algún tiempo, haya preferido tomar la filosofía como el asidero al cual sujetar mi existencia; pues me resulta más atractivo y desafiante pensar e intentar dotar de un fundamento racional a mis propias acciones, que sustentarlas en presuntas revelaciones divinas contenidas en textos que más bien tienen una marcada impronta humana.

Y cuanto a los dogmas, éstos son consustánciales a toda religión. De hecho existe una relación axiomática entre dogma e institucionalización de la religión, porque sin aquél ésta no tendría un elemento de cohesión para mantener unida a la comunidad creyente.

En el propio cristianismo, la hipóstasis divina, es decir, la participación de Jesús en la divinidad, constituye en dogma esencial que relaciona e identifica –aunque algunos no lo quieran- a todas las confesiones cristianas, porque se trata de la proclamación de que Cristo Jesús es hijo de Dios: el famoso filioque causante de la primera división importante en el cristianismo.

Ahora sí, para concluir, en lo referente al supuesto hecho empírico de la resurrección de Cristo, lamento disentir, pero también se trata de un dogma de fe porque más allá de lo que relatan los evangelios –escritos para la celebración del culto, por y para los propios cristianos- no hay mayor evidencia histórica. Ni siquiera Yosef bar Mattityahu lo menciona en Antigüedades judías; aunque en este punto en realidad existe mucha polémica.

Más aún, algunos tratadistas musulmanes plantean que Cristo no pudo morir de manera tan infame por manos de hombres, precisamente porque era un enviado de Dios (nótese aquí que hablan de un “enviado” de Dios y no del “hijo” de Dios); de manera que lo que sucedió fue que Jesús ordenó que Judas Iscariote se trasmutase en su figura para sufrir los tormentos ordenados por Pilatos. Por lo tanto, según esta versión, Cristo no resucitó sino que reapareció.

Como ésta, hay otra cantidad de versiones y cada cual cree en la que mejor satisface sus necesidades espirituales.

En fin, que, en caso de que los inevitables bostezos no hayan logrado su cometido de conducirlos hacia la somnolencia, quisiera pedir a mis eventuales lectores el favor de su disculpa si este texto les pareció todavía más aburrido que los otros que han leído en este lugar.

23 may. 2007

De teología y otras elucubraciones I

Ahora sí, después de sortear algunos días llenos de trabajo y otros de completa y declarada pereza para escribir, por fin puedo publicar la réplica que estaba pendiente –desde un par de semanas- con relación a la idea de comunidad en el cristianismo, y la posibilidad de acercamiento al conocimiento teológico desde una posición laica, que no necesariamente agnóstica.

Como casi nadie me lee por acá, no es necesario aclarar a qué me refiero. Sólo espero que quienes fueron participes de la polémica suscitada aún la recuerden.

Chesterton, el autor de esa genial novela que es El hombre que fue jueves, citado por Umberto Eco en El Péndulo de Foucault, escribió no sin cierta ironía (en realidad el tipo era un irónico irredento, por eso me cae bastante bien) que “cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que creen en todo”; en otras palabras, que el problema no es la incredulidad de los que no creen, sino la credulidad de los que lo creen todo.

Por esa razón es que mis incursiones en el campo de la teología, que dicho sea de paso, la entiendo como la autocomprensión del acto de fe y no como el estudio del sistema de dogmas sobre los que se asienta una religión, tienen lugar desde la perspectiva de la negación consciente de la posibilidad de conocer la esencia divina.

A esta forma de aproximación se le conoce como teología apofática, porque asume la imposibilidad de conocer, desde los límites de la razón humana, la esencia de Dios pues de él sólo sabemos que “es” y no “lo que es”. O como dijo en su momento Tomas de Aquino –que espero no sea descalificado por haber sido un vulgar monje de la pervertida confesión católica- De Deos nihil scimus: de Dios nada sabemos.

De hecho la propia definición de la teología como scientia intellectus fidei introduce una prudente distancia entre la religión y el sistema de creencias que la funda, y la dimensión de trascendencia que pretende el acto de fe. En este sentido, el doctor Carlos Mendoza –que fue mi profesor de teología sistemática- afirma que la teología en tanto intellectus fidei establece una clara diferenciación entre la creencia en un determinado sistema de dogmas, y las causales que fundan esa creencia, el metadiscurso que subyace como motivación de la fe, pues son precisamente esas causales las que interesan a la teología para poder entender el acto creyente en su propio devenir.

Por otra parte, Jon Sobrino, un gran teólogo recientemente censurado por el Vaticano, sostiene que la teología no sólo es intellectus fidei, sino también y principalmente intellectus amoris, porque no se trata de una construcción del intelecto, sino de la compasión con el oprimido. Y aquí es donde la teología se liga específicamente con el cristianismo, que en su etapa primigenia formuló un discurso dirigido hacia la subalternidad y estableció un modelo de convivencia fundado en la idea de comunidad entendida no en los términos sociológicos en los que en la hora actual la concebimos (Tönies, principalmente), sino en los de una asociación espiritual formada a partir de redes agregadas, sustentadas a su vez, en lazos fraternos cuyo elemento de cohesión era la creencia en las enseñanzas de Cristo Jesús y en la esperanza escatológica de salvación por él prometida.

No obstante, esas comunidades compartían también un mismo elemento de identidad que reforzaba su cohesión y espíritu de cuerpo. Ése elemento era su condición de exclusión social, no sólo en términos económicos, sino principalmente religiosos, porque seguían las enseñanzas de Jesús, tenidas por heréticas y sediciosas entre la corriente principal del judaísmo.

Aunque, por otra parte, es posible observar en esas mismas comunidades cristianas primitivas –cuya denominación como tales tuvo lugar hacia la segunda mitad del siglo I, en Antioquia, donde se habló por primera vez de los Christianoi, es decir, de las gentes de Cristo-, ciertos rasgos organizativos que más tarde se encontrarán en algunos experimentos de igualitarismo y comunitarismo sustentados en planteamientos doctrinales laicos de diversas ascendencias disciplinarias, pertenecientes a lo que ahora conocemos como ciencias sociales; y también en algunas experiencias religiosas de diversos movimientos y confesiones cristianas: cátaros, franciscanos, fraticellis, cuaqueros, pentecostales, etc.

Aquellos rasgos organizativos aparecen claramente definidos en Hechos 2 y 4, donde Lucas, el evangelista, narra la forma de constitución de la comunidad de Jerusalén, que compartía una misma hierofanía en proceso de construcción y una misma intención de poner en común los bienes materiales. Además, por supuesto, de una reproducción oral de las enseñanzas de Jesús dirigidas a los excluidos y a los oprimidos que, por su mediación, tenían la posibilidad de alcanzar la salvación y la vida eterna, como lo narra Juan en su evangelio (Juan 6, eso creo).

22 may. 2007

Kant

Hoy inicio la última unidad temática de mi programa de filosofía y teoría política (de las que no sé nada, pero intento inventar embustes creíbles), con el análisis de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant.

Ayer que preparaba mis notas introductorias a la trayectoria personal e intelectual del filósofo de Königsberg, caí en la cuenta de que ésta será la primera vez, en casi tres años, que agotaré la totalidad de los temas del programa.

Las ocasiones anteriores había tenido la mala fortuna de quedarme en la introducción a la filosofía alemana, sin profundizar a detalle en las propuestas teóricas de Kant, Hegel y Marx.

Por supuesto, no faltará quien piense que es una pretensión desmedida aproximarse a estos tres pensadores en tan sólo un par de semanas; y más aun, que es una ínfula de arrogancia si quiera intentarlo.

Pero no se trata de una cuestión de vanagloria intelectual, sino del cumplimiento de una obligación académica, porque así lo marca el programa general de la asignatura. Y aunque algo sé acerca de las principales propuestas teóricas de esos filósofos, confieso que me angustia tener que exponerlas porque soy consciente de que puedo cometer algunos errores de interpretación, susceptibles de ser apropiados por los alumnos como elucidaciones atinadas.

Particularmente me angustia la filosofía hegeliana, tan oscura y compleja que hasta sus mejores exegetas (Adorno, por ejemplo) previenen del fastidio, la pesadez y los traspiés a los que puede conducir un acercamiento superficial al sistema hegeliano.

Por fortuna está Lucien Sebag –bueno, también Jean Hyppolite y Michel Palmier- que no obstante haber sido un estructuralista, comprendió muy bien los cimientos del edificio conceptual construido por Hegel, y resulta muy útil para poder entender si quiera el prólogo de la Fenomenología del espíritu.

En fin, ya habrá tiempo para pelearse con las neuronas rebeldes que se resistan a pensar las fumadas de la eticidad, el concepto y la Idea; por lo pronto, ayer, mientras leía la Fundamentación, de Kant, me encontré con esta estupenda reflexión acerca del sentimiento de angustia y pesadumbre que porta consigo el uso de la razón:

… cuanto más se preocupa una razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alcanzar la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón, acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón, porque tras hacer un balance de todas las ventajas que sacan […], hallan, sin embargo, que se han echado encima más penas que felicidad hayan podido ganar, y, más que despreciar, envidian al hombre común, que es más propicio a la dirección del instinto natural y no consiente a su razón que ejerza gran influencia en su hacer u omitir.

Ya decía yo que eso de pensar ucrónicamente qué hubiera pasado si en lugar de haber ido a la universidad, me hubiera metido de mecánico u obrero, embarazado a mi novia adolescente y procreado un par de hijos, no era una pregunta ociosa.

Y creo que, en el fondo, como sugiere Kant, envidio la vida del mecánico o del obrero, que no se preguntan necesariamente qué hay debajo, qué detrás y qué hay arriba; y aún así viven más felices que yo.



P.S Ha llegado el momento de tocar el botón de alarma: el fin de semana bailé regeton ¡y me gustó! Pero es que quién se puede resistir a los movimientos tan sesis que hacen las mujeres cuando bailan esa ¿música?

18 may. 2007

Irrisorio



No lo puedo creer, usted todavía se acuerda.

Yo ya ni me acordaba.

¡Qué barbaridad!

Entiérreme de una vez por todas y dedíquese a ser feliz.



Pigmalion a Galatea.

17 may. 2007

Irse

Me fascina la extrema pasión eléctrica, palpable, estremecedora, que puede circular entre un hombre y una mujer que no se conocen, sin una razón concreta, así, simplemente porque se gustan y luchan por no demostrarlo.

Ninguna necesidad de hablar. Es una cuestión de muecas, de gestos. Es como una adivinanza, el enigma más importante de tu vida. La gente vulgar lo denomina erotismo, pero en realidad se trata sólo de pornografía, o sea, de sinceridad. El mundo puede venirse abajo, sólo tienes ojos para esos otros ojos. En lo más profundo de ti mismo, en ese instante lo sabes por fin.

Sabes que podrías marcharte inmediatamente con ese ser con el que no has intercambiado más de tres frases. “Irse”: la palabra más hermosa de nuestro idioma. Sabes que estás a punto de utilizarla. “Vayámonos”, “Tenemos que irnos”, “Un día, tomaremos trenes que se van” (Blondin). Tu equipaje está listo, y sabes que el pasado sólo es un confuso amasijo que queda a tus espaldas y que hay que intentar olvidar, ya que estás renaciendo. Sabes que lo que está ocurriendo es muy grave, y no haces nada para frenarte. Sabes que no hay otra salida. Sabes que vas a causar sufrimiento, que preferirías evitarlo, que sería necesario razonar, esperar, reflexionar, pero “irse”, “¡irse!”, es lo más fuerte de todo. Todo puede volver a empezar desde cero. Es como si hasta entonces hubieras estado retenido debajo del agua, en apnea juvenil. El futuro es el hombro desnudo de una desconocida. La vida te ofrece una segunda oportunidad: la Historia se repite.

Podría parecer que esa atracción es superficial, pero no existe nada más profundo; estás dispuesto a todo; aceptas los defectos; perdonas las imperfecciones; incluso las buscas, maravillado.

Sólo te sientes atraído por debilidades.

Fredreric Beigbeder, El amor dura tres años, Anagrama.

16 may. 2007

Berkeleyano

Percibía el mundo al revés: al morir, renació.


Marcial Fernández.

Sin el ánimo de exagerar, hacía mucho tiempo que no leía algo tan auténticamente literario como esto que escribió Marcial Fernández.

¡Es fabuloso, profundo, genial, latente, misterioso, hiperbatónico!

Esa breve oración es una suerte de masa crítica en la que se halla toda la potencialidad de la narrativa. Mil historias hay antes del morir, y otras mil hay después del renacer. Sólo hace falta desarrollar el relato que ambos acontecimientos llevan dentro.

La figura de estilo es espléndida, estética y concisa.

Además de evocarme a Monterroso, también me ha recordado a Ítalo Calvino, cuando en las Seis propuestas para el próximo milenio describió al mundo literario como el universo de las posibilidades:

De cualquier modo, todas las ‘realidades’ y ‘fantasias’ pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.

Quien no sienta una profunda emoción al leer estas palabras de Calvino, simplemente ha dejado de existir.



P.S Un saludo para mi súper cuatacho JM que ha venido a visitar esta pocilga virtual.

15 may. 2007

En el día del maestro

Mayo es un mes de celebraciones diversas: el día del trabajo, el día de los albañiles, el día de las madres y ahora, el día del maestro.

Sé que es políticamente incorrecto, pero me auto felicito. Es que, por qué soy tan buen profesor.

Claro, reconozco que en ocasiones soy un poco estricto; como cuando dejo leer 150 páginas de “La ciencia nueva” de una clase para otra, al inicio del curso, para correr a la mitad de los alumnos y así tener que leer menos ensayos y exámenes.

También reconozco que eventualmente suelo utilizar palabrejas domingueras susceptibles de confusión, como axiológico y axiomático; o apofático y catafático, pero no me mueve más que el muy pedagógico objetivo de que los alumnos amplíen su léxico y sean menos pretenciosos a la hora de expresar sus ideas.

Y bueno, ya que estoy metido en la dinámica de la auto evaluación, debo aceptar que en ocasiones echo mano de eufemismos muy delicados y poco irónicos, como cuando interrumpo abruptamente sus peroratas ideológicas para preguntarles si son conscientes de las estupideces que están diciendo.

En fin, son los gajes del oficio. Ahora me voy porque me espera una comida y una rifa en la que ojalá, y aunque sea, me saque un tostador.

11 may. 2007

Agotamiento

Había planeado escribir hoy la replica a un par de comentarios que recibí, a propósito de un opinión que vertí en otro espacio. Sin embargo me siento muy agotado, luego de que ayer hiciera un viaje relámpago a otra ciudad fuera del DF para visitar a mi mamá por la mañana y regresar nuevamente por la noche.

Así que lo confieso abiertamente, hoy tengo flojera de escribir y esa replica tendrá que seguir en el tintero un par de días más. Aunque ya veo venir algunas críticas, sobre todo del tipo combativo. Esto luego de que una persona que amablemente vino a leer mis disparates me dejó un comentario en el que me aconsejaba no escribir sobre lo que no sé.

Lo bueno de la ironía socrática es que, aun existiendo la posibilidad de saber algo acerca de algún tema, se puede afirmar que no se sabe nada sobre el mismo. Así que si bien no sé nada de teología, o más bien de doctrina y argumentación combativa respecto a determinada confesión de fe, de todos modos daré mi opinión porque este es mi espacio y aquí puedo escribir lo que me plazca. Pero será otro día, porque ya faltan quince minutos para irme a dar clase de la filosofía política de Rousseau, sobre el cual tampoco sé nada, pero trataré de inventar algo creíble.

Lo bueno es que ya es viernes.

10 may. 2007

A propósito del día de las madres

En México hoy 10 de Mayo se celebra el día de las Madres. Aunque todo mundo pretende justificar esta celebración con el cuento de Anna Javis, la verdad es que el día de las madres en México fue el invento de una tienda departamental a principios del siglo XX.

Como sea, en este día tan especial no quisiera dejar pasar la oportunidad de felicitar a todas las mamacitas, como estas:




Para que vean que también soy visceral y eventualmente me dejo llevar por la concupiscencia visual. No todo en la vida es ciencia política y filosofía; también está la carne tremula, como la de estas mamis chabochotas.

8 may. 2007

La ley de la igualdad

Esa mañana había sido particularmente calurosa. En el cielo, pintado de un azul majestuoso, no se divisaba nube alguna. Sin embargo, en el ambiente se percibía tal grado de humedad, que no era ninguna una osadía profética pronosticar una torrencial lluvia al caer la tarde.

Por las calvas sienes de la testa del maestro resbalaban lentamente unas delgadas gotas de sudor. En su piel cobriza se podía percibir la transpiración provocada por el intenso calor y la humedad, apenas disipada por tímidas oleadas de viento fresco que llegaban desde las lejanas montañas de levante, cubiertas en la cima por una nieve tan blanca que resplandecía con gran intensidad sobre aquel cielo profundamente azul.

A pesar de la inclemencia con la que los rayos del sol se posaban sobre su piel, el maestro conservaba en el rostro y en sus modales esa expresión de serenidad y armonía propia de quienes han logrado desapegarse a los caprichos del cuerpo.

No así el discípulo, que reflejaba en sus facciones y sus hábitos la desesperación precedente al momento de la insolación. Su amplia frente se hallaba completamente bañada en sudor y sus manos se agitaban vigorosamente en torno a sus mejillas, procurando refrescarlas en un esfuerzo más que inútil, agobiante.

Al ver su desesperación, el maestro le conminó a refrescarse en la pequeña fuente que se hallaba a un costado del jardín, cubierta por la sombra de una frondosa palmera que mantenía el agua siempre fría.

Luego de haberse mojado el rostro, el discípulo regresó donde el maestro y le preguntó:

-Maestro ¿es verdad que todos somos iguales ante la ley?

Al escuchar la pregunta el maestro suspiró con suavidad, dirigió su mirada al suelo y permaneció en silencio unos instantes. Luego de meditar la respuesta, miró al discípulo a los ojos y le dijo:

-La única ley ante la cual todos somos iguales, es la ley de la gravedad.

7 may. 2007

Tunick

El día de ayer, domingo, tuvo lugar la sesión fotográfica de desnudo masivo convocada por el fotógrafo norteamericano Spencer Tunick, en el Zócalo de la Ciudad de México.

En ese espacio multiusos que mide el pulso de la vida nacional, se dieron cita 18 000 personas para posar ante la camara de Tunick sus variopintos cuerpos desprovistos de ropa.

En toda la prensa escrita del día de hoy aparecieron diversas fotografías del desnudo masivo que, según lo dicho por el equipo organizador, rompió el record de convocatoria impuesto en Barcelona con 7000 asistentes en junio del 2003.

Para algunos periodistas la concurrida respuesta a la convocatoria de Tunick en la Ciudad de México da cuenta de país un desinhibido que ha dejado atrás la mojigatería y se encamina inexorablemente hacia la libertad y la utopía del open mind world.

Detesto ser la voz disidente, pero el papel de advocatus diavoli me resulta tan natural, que hasta disfruto desempeñarlo pues, como decía mi abuela, tengo predilección por buscarle nalgas hasta a las serpientes.

Así que en esta ocasión no puedo dejar pasar la oportunidad de señalar que, en medio del jolgorio y el ambiente festivo en el que esas 18 000 personas se desnudaron, y sobre todo, en medio del festejo de la liberalidad que comienza a dibujarse en nuestra sociedad, está nuestra profunda condición de aldeanos que a la menor oportunidad presumimos logros u objetos tan nimios, que tal presunción resulta de mal gusto y demasiado provinciana.

Es como cuando esa familia ladina que siempre hay en todo barrio o colonia, sin importar el estrato social, se empeña en presumir su auto nuevo o su antena de televisión satelital en un ánimo chingativo para que los demás se enteren.

Así nos ha sucedido ahora que figuramos en un record mundial tan poco decoroso como todos los records y posiciones en los que ha logrado sobresalir nuestro país de globos y bicicletas: quinto lugar en evasión fiscal, onceavo lugar en corrupción, cuarto lugar en materia de inequidad y primerísimo lugar en encuerados por gusto; eso sí, los que se encueran casi todos los días en una de las avenidas más importantes de la ciudad para reclamar solución a un problema agrario, no cuentan. Esos son desarrapados y maolientes, además de muy folclóricos; esos están para los turistas, pero no para los fotógrafos renombrados.




Convocados por Tunick

Convocados por la miseria y la inequidad

Un último cubetazo de agua fría: no importa si 18 000 personas, entre hombres y mujeres, se desnudan para demostrar que no les da pena exhibir su cuerpo y ser políticamente correctos, si entre todos ellos, por lo menos uno, forma parte de la estadística del 60. 4 % que ha sufrido violencia familiar, o del 31.5 % de hombres que ven a las mujeres como objetos de satisfacción sexual.

Seguramente el día de ayer hubo de más uno.

P.S Ivonne: en los próximos días publicaré en este espacio mi replica a tu comentario y al comentario expresado por Ariel a propósito del post que publicaste en tu blog. Me da gusto que ambos hayan aceptado la propuesta de intercambiar percepciones en torno al fenómeno religioso.

El fin de semana recibí un forward bastante... tonto, acerca de la gramática del español. Comienzo a pensar que algunas personas quieren probar hasta dónde llega mi cortesía y buena voluntad. Qui habet aures audendi, audiat.

4 may. 2007

La canción

El transporte público ofrece múltiples ventajas para quienes, aún contando con automóvil propio, preferimos cuidar de nuestra salud mental y emocional, explotando al máximo la sociopatía crónica del conductor del camión colectivo, que tiene que padecer en nuestro lugar las complicaciones diarias del tránsito vehicular, propias de una ciudad caótica y sumida en la neurosis permanente.

En lo personal sólo utilizo mi cochi cuando en mi agenda figura un asunto de fuerza mayor, impostergable e ineludible; como una fiesta en viernes por la noche, por ejemplo.

El resto del tiempo prefiero viajar en colectivo para evitar el desgaste de mi vesícula en rabietas innecesarias y aprovechar el tiempo de traslado desde mi casa a la Facultad para leer algún libro, o la edición del día del periódico que acostumbro.

No obstante, viajar en “pecera” también tiene sus riesgos; como por ejemplo, ser víctima de un asalto, dependiendo de la ruta; o de la forma suicida de conducir por parte del chofer, que de esa forma canaliza su resentimiento social.

Sin embargo, el riesgo más alto y el más permanente es el de ser víctima pasiva y estoica de los gustos musicales del neurótico y malencarado conductor, los cuales están generalmente asociados al mainstream popular: pop adolescente, oldies de oficina, cumbia de arrabal y regeton de aquelarre sexual.

De hecho, padecer las estridencias de las cumbias o de los ritmos monofónicos, sexosos, rencorosos y marasalvatruchescos del regeton, es uno de los actos de autoritarismo más descarados que se pueden presentar en una sociedad políticamente democrática. Y lo es porque con una tiranía bestial a lo Hugo Chávez, el conductor impone la regla de que “quien conduce pone la música”, sin someter a consideración de los pasajeros la conveniencia de tal o cual género o estación radiofónica.

No obstante, lo grave del asunto no esto, sino el hecho de que, de forma inconsciente y pasadas algunas horas, de pronto nos encontramos tarareando o cantando una canción que escuchamos en el camión, y que en estado totalmente consciente nos disgustaría.

Eso es precisamente lo que me ha pasado a lo largo de este día. Sin querer me lo he pasado cantando la estrofa de una canción bastante cursi que escuché hoy por la mañana de camino a la Universidad. Y bueno, debo reconocer que se trata de una balada pop bastante melosa y que la letra, con todo lo ridícula que pueda ser, también es llegadora.

La canción se llama “Todo cambió” y la interpreta un grupejo pop cualquiera, de esos de los que en un par de meses nadie se acordará, pero que actualmente está explotando provechosamente la vena dulzona y hormonosa de quienes, ilusos, creen que puede existir lo que en la letra de esa canción se describe como “el amor de mi vida”.

En fin, sería interesante analizar de forma más detenida la letra de esa y otras canciones similares, porque pareciera que en medio del escepticismo generalizado hacia el valor de los ideales, y de la propia crisis axiológica provocada por el advenimiento del nihilismo, el ideal del amor ha logrado permanecer firme.

Sin embargo eso será en otra ocasión, porque ahora mismo no me apetece; lo que me apetece ¡demonios! es seguir cantando la estrofa de esa canción:

Antes que pase más, tiempo contigo amor
Tengo que decir que eres el amor de mi vida
Antes que te ame más, escucha por favor
Déjame decir que todo te di…

Con todo, debo agradecer a mi inconsciente que no haya memorizado la canción de la “gasolina” o cualquier otra nimiedad repetitiva.

3 may. 2007

La mascota de Einstein



Divagando por los inescrutables senderos de la red, encontré a la mascota del mayor genio que haya dado la humanidad en el último siglo, Albert Einstein (Stephen Hawking no cuenta porque tiene esclerósis lateral amiotrófica).
P.S Tuve oportunidad de ver algunas imagenes del debate entre Sarkozy y Royal. Qué encontronazo. Hasta parecía que estaba viendo las escenas de una disputa conyugal de viernes por la noche. Ella lo acusó de inmoral, y él le reprochó "perder los nervios", (es deci que se comportó como señora gorda histérica) y tratarlo con desprecio.
Lo único que faltó es que cerraran esa rispida disputa con una sesión de sexo salvaje reconciliatorio.
Como sea, en lo personal mis simpatías están con Ségoléne Royal.

2 may. 2007

Razones

En 1978 el escritor estadounidense de origen polaco, Isaac Bashevis Singer, recibió el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. En la ceremonia de premiación, Bashevis leyó un pequeño decálogo de razones por las cuales, desde su perspectiva, sería preferible para un escritor que sus lectores fuesen niños.

Ahora que pareciera que el universo literario se encuentra totalmente plagado de presunciones y falsa erudición, bien convendría tener en cuenta el decálogo de Bashevis para mantenerse a salvo de las tentaciones del snobismo y los clichés.

Díez razones para que un escritor prefiera que sus lectores sean niños

1. Los niños leen libros; no reseñas. Les importan un comino los críticos.

2. Los niños no leen para encontrar su identidad.

3. Los niños no leen para liberarse del complejo de culpa, para reprimir su sed de rebelión o para librarse de la alienación.

4. Los niños no necesitan a la psicología.

5. Detestan a los psicólogos.

6. Los niños no tratan de comprender a Kafka o a Joyce.

7. Los niños todavía creen en Dios, en la familia, los ángeles, el diablo, las brujas, los duendes, la lógica, la claridad, la puntuación y otras cosas pasadas de moda.

8. Les encantan las historias interesantes, sin comentarios, guías o notas al pie de página.

9. Cuando un libro es aburrido, los niños bostezan abiertamente, sin vergüenza y sin temor a la autoridad.

10. No esperan que su querido autor redima a la humanidad. Jóvenes como son, saben que eso no está en su poder. Sólo los adultos tienen esas ilusiones infantiles.

Isaac Bashevis Singer.


P.S. El fin de semana, deambulando por los puestos de “pulgas” (cosas viejas y usadas) encontré un disco doble de un trío chileno de jazz, comandado por Ángel Parra. El disco se llama “La hora feliz” y está de poca abuela, fabuloso, genial, extraordinario!

1 may. 2007

Vértigo

A punto de que el tigre clavara sus enormes colmillos en su pierna, para arrancarle un enorme pedazo, el discípulo sintió que la mano del maestro tocaba su hombro. Una voz modulada, elegante y pausada lo sacó abruptamente del mundo onírico con la orden de que despertáse.

Aun somnoliento, el discípulo preguntó al maestro por qué le había despertado tan de madrugada. El maestro respondió:

-Te he despertado porque es preciso que aprendas esto que a continuación voy a decirte. Es una suerte de revelación que me ha venido de subito a la mente mientras intentaba dormir.-

-Maestro, sea lo que sea, seguro podrá decirmelo mañana, a la luz del día cuando mi espíritu se encuentre totalmente despierto- reviró el discípulo con un ligero tono de reproche en la voz. Sin embargo el maestro le atajó la sugerencia con un movimiento de la mano derecha, y dijo:

-Escucha esto: la muerte es el vértigo que nunca se vuelve a vivir.-
Con una expresión de sorpresa y enojo en el rostro, el discípulo inquirió:

-¿Y para escuchar esa mamada me ha despertado?-