29 abr. 2007

Sexo y Filosofía IV

En la modernidad la relación entre Sexo y Filosofía continuo siendo muy ríspida, debido a que heredó el antagonismo centenario entre razón y sensación a favor de la primera.

De hecho, durante la modernidad y hasta hace muy poco tiempo, asistimos a la exaltación de la razón en detrimento de las pasiones y los apetitos. Sin embargo, es posible aunque muy arriesgado señalar que el acercamiento más próximo entre Sexo y Filosofía se dio bajo la forma literaria en la obra del Marqués de Sade.

El problema al respecto es que esa aproximación ha sido las más de las veces malentendida y descalificada como aberrante, cuando en realidad lo que hizo Donatien Alphonse Francois (nombre de pila del Divino Marqués), fue denunciar la decadencia ética de una sociedad aristocrática putrefacta, y establecer una deontología negativa que invita a la búsqueda y conocimiento de la virtud como remedio contra el vicio y las apetencias que, efectivamente, llevan a los hombres a la perdición y a la degradación moral.

Otro caso de acercamiento entre Sexo y Filosofía, aunque a nivel más bien personal, fue el de Jean Jacques Rousseau, el filósofo ginebrino autor del Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y de La nueva Eloisa.

Aunque a través de sus escritos podemos apreciar a un gran moralista y republicano, preocupado por los valores en los que deberán ser educados los ciudadanos, la verdad de la vida cotidiana de Rousseau resulta decepcionante, porque fue un vividor y un mujeriego irresponsable, capaz de mandar a sus hijos a los hospicios públicos para desentenderse de la responsabilidad criarlos y mantenerlos.

Para finalizar, habría que considerar que la relación entre Sexo y Filosofía no ha mejorado mucho, pues pareciera que los filósofos se han resignado a vivir alejados de los placeres mundanos, entre ellos los del cuerpo. Además de que, por el propio perfil y las exigencias de la disciplina, que implican el rigor reflexivo y la capacidad de abstracción, es lógico pensar que los filósofos no son precisamente los casanovas que las mujeres esperan.

De hecho, cuando han intentado adoptar ese papel el resultado ha sido dramático, pero también grotesco e irónico; como en el caso del chaparro bigotón de Nietzsche: la única vez que tuvo relaciones sexuales, se contagió de sífilis…

Quizá el tipo ideal de filósofo, en relación con el sexo, sea Kant. Él solía decir que cuando necesitaba una mujer no tenía los medios para mantenerla, y que cuando los tuvo, ya no la necesitaba.

Kant murió célibe, pero feliz.



P.S Quisiera agradecer la inspiración y compartir el crédito de este comentario con mi amiga Tania Walls, pues si no hubiésemos hablado al respecto con un buen café de por medio, este texto no hubiera formado parte de la larga lista de mis debrayes.

28 abr. 2007

Sexo y Filosofía III

La censura e incluso la condenación demoníaca del sexo durante la edad media, estuvo motivada al menos por dos factores. El primero de ellos fue la posición asumida por Pablo de Tarso –judío con formación helenística e influencias latinas- respecto a la libertad sexual observada entre griegos y romanos, así como al placer corporal.

En Corintios, valiéndose de un argumento hasta cierto punto milenarista, afirma que “el tiempo se hace corto, aquellos que tienen mujer vivan como si no tuvieran una” y en Romanos dice que el “deseo de la carne es la muerte”; es decir, que por medio de la carne los hombres se condenaban irremediablemente al pecado. De aquí surgió, a su vez, una noción que conduciría, por una parte, a la represión y condena de las prácticas sexuales, así como a la construcción de la doctrina del pecado original ideada por Clemente de Alejandría y perfeccionada por Agustín de Hipona, y por la otra, al extremismo de la pureza sexual que propició que algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes, se castraran. Tal noción es la de concupiscencia carnal.

El segundo factor que condujo a la represión sexual durante el medioevo fue el surgimiento de la filosofía neoplatónica en la etapa de tránsito desde la antigüedad pagana hacia la edad media cristiana. Esta perspectiva filosófica tuvo como principal exponente al místico y asceta Plotino, que condenaba las prácticas homosexuales y extra maritales de las comunidades latinas, al punto de llegar a afirmar que “los verdaderos pensadores despreciaran la belleza de los muchachos y de las mujeres”.

En su lugar abogarían por el amorni naturalistani, que celebraba la continencia y la exaltación casta y alegre del deseo.

No obstante, resulta interesante e irónico considerar que precisamente durante esta etapa de tránsito, uno de los más acérrimos inquisidores de la sexualidad desde el episcopado y la magistratura de la Iglesia fue, antes de su conversión, un pagano licencioso que -como se diría coloquialmente- le dio vuelo a la hilacha. Por supuesto que la referencia apunta a Aureliano de Tagaste, que luego sería bautizado, acogido por la Iglesia e incluso elevado a los altares como san Agustín, obispo de Hippo Regius.

Agustín fue, quizá, el único filósofo de la antigüedad que logró establecer en lo personal una buena relación con el sexo, hasta antes, claro, de separarse de la mujer con la que vivía para dedicarse por completo a construir los cimientos teológicos y filosóficos de la Iglesia. Cimientos tan firmes que aún hoy perduran.

El otro gran filósofo del medioevo y de la escolástica fue Tomas de Aquino. Como se sabe, Tomas era monje y había tomado el voto de celibato; por lo cual se puede suponer que su relación con el sexo fue prácticamente nula, a no ser, desde luego, que practicara el onanismo. Pero no hay registros al respecto. Lo único que podemos suponer es que de forma inevitable se despertaba con alguna que otra tremenda erección por las mañanas. Como es natural.

Por otra parte, es muy probable que el único momento durante la edad media, en el que razón y sensación -que no precisamente sexo y filosofía- llegaron a coincidir, fuera el de la contemplación mística. Al respecto baste recordar que el éxtasis místico, entendido como la experiencia del encuentro con Dios y su condición de Absoluto, estaba relacionado con el paroxismo sexual hierofanico, es decir, con la unión espiritual y sagrada con lo divino. De lo contrario habría que mirar la cara de orgasmo de Santa Teresa, que refleja tal grado de satisfacción que no resulta exagerado afirmar que provocaría la envidia hasta de la ninfomana más insaciable.


El extásis de Santa Teresa, según Bernini.

27 abr. 2007

Sexo y Filosofía II

El desprecio por lo visceral y volitivo hizo que algunos filósofos en la Atenas clásica despreciaran los placeres del cuerpo, incluido entre éstos el disfrute del sexo; debido a que lo que los sentidos ofrecían no eran más que apariencias y sujetaban al ser al presidio del cuerpo.

En El Banquete, otra vez de Platón, es famosa la tentación homosexual a la que se ve sometido Sócrates por parte de Alcibíades cuando éste le incita a aprovecharse de sus encantos juveniles: “le invité a hacer gimnasia conmigo, y hacía gimnasia con él en la idea de que así iba a conseguir algo”.

En este sentido, si bien a nivel teórico existía un rechazo por parte de los filósofos hacia el sexo, por considerarlo una apetencia pasional reveladora de la debilidad del cuerpo como prisión del alma que podría llevarla hacia la perdición, a nivel cultural las prácticas sexuales en Atenas estuvieron estrechamente relacionadas con la homosexualidad, hasta tal punto que a ésta llegó a conocérsele como “el amor griego”; al que no fueron ajenos personajes tan célebres como Solón, Fidias, Sófocles y el propio Platón. Esto sin mencionar a Safo de Lesbos y otras prácticas sexuales como la pederastia, que se practicaba entre los círculos aristocráticos más importantes, y las orgías celebradas en las casas de las hetairas más famosas, como Aspasia de Mileto.

Posteriormente, con el advenimiento del medioevo y la apoteosis del cristianismo en su versión católica, es decir, universal, la relación entre el sexo y la filosofía se vio drásticamente alterada a favor de la filosofía. Pero no de cualquier filosofía, sino de la filosofía aristotélica analizada por la lente escolástica de los Padres de la Iglesia: Irineo, Anselmo y Orígenes.

26 abr. 2007

Sexo y Filosofía

He llegado al post número 69, y siendo éste un emblemático número sexoso, he decidido festejarlo dedicando este texto a tratar, aunque sea de modo harto sucinto, la relación existente entre el sexo y la filosofía.

I

Sexo y Filosofía por lo general nunca se han llevado bien. Este desencuentro se debe en gran medida a que el sexo es fundamentalmente sensación y placer, es decir, realización plena de los sentidos; mientras que la filosofía es el intento sistemático de aproximación a la verdad por medio de la razón.

Razón y sensación han sido dos antagonistas históricas en la empresa epistemológica de conocer la realidad, así como en la odisea ontológica dedicada al descubrimiento de la esencia del Ser.

Y aunque pareciera que la balanza se ha inclinado histórica y teóricamente de lado de la Razón, Baruch Spinoza, el polémico filósofo portugués de origen judío, sugirió en el todavía bastante mojigato siglo XVII, que las pasiones humanas estaban en el centro de la empresa ontológica de perseverancia en el Ser, es decir, el connatus o volición esencial del ser existente. En otras palabras, lo visceral no debía descartarse o descalificarse en la indagación acerca de las causales de la determinación de las acciones humanas.

Por supuesto que la reacción de los philosophers a la propuesta de Spinoza fue la misma que la de una señora gorda histérica, porque al otorgar un papel central al conato en la conformación de lo que hasta ese momento se conocía como filosofía moral, el autor del Tractatus theologico-politicus, colocó a las pasiones a la par de la Razón, que por siglos había estado por encima de las voliciones y los apetitos.

De hecho, es posible rastrear esta división y superposición entre razón y sensación en la teoría platónica del carruaje. En La Republica, Platón expone que el alma es como un carruaje jalado por dos caballos y conducido por un cochero. Uno de los caballos es blanco y representa al coraje, el otro es negro y representa a los apetitos; mientras que el cochero es la razón. De lo que se deduce que tanto el coraje como los apetitos, es decir, las partes volitivas del ser, son inferiores que la razón y por tanto deben ser gobernadas por ella.

Por supuesto, esto sólo acontecía en un plano hipotético y de forma prescriptiva; causa por la cual se podría afirmar que la teoría platónica del carruaje era meramente deontológica.

25 abr. 2007

Eufemismo y teoría social II

Aun cuando pareciera que se trata de hábitos realizados con absoluta libertad, en el fondo, el hecho de circunscribir a la intimidad y privacidad de la casa la posibilidad de proferir un sonoro y oloroso eructo, es un claro indicio de la existencia de una constricción social, detrás de la cual subyacen una serie de regulaciones morales que tienen por finalidad “normalizar” nuestros comportamientos y contener nuestros impulsos, instintos y apetitos.

Al respecto Foucault dedicó gran parte de su esfuerzo teórico a descubrir los mecanismos e instituciones normalizadoras de la conducta de los individuos; pero antes le había precedido en esa tarea Emile Drukheim, proponiendo la categoría analítica del “hecho social”, que en si misma denota la existencia un eufemismo para calificar y atenuar una situación no aceptada de forma explícita por el conjunto de la sociedad, como por ejemplo, el hecho de soltar una olorosa y sonora flatulencia en un salón de clases, mientras los alumnos guardan silencio ante la explicación del profesor.

De hecho la propia palabra “flatulencia” es un eufemismo utilizado para atenuar el -así considerado- bochornoso acto de tirarse un pedo.

Incluso hay otros actos todavía más nimios que no pueden ser realizados con total desinhibición por parte de los individuos, por razón de la existencia de una constricción social al respecto. Piénsese, por ejemplo, en el acto de desatorarse el elástico del calzón de entre las nalgas porque resulta molesto. Se trata de un acto que las más de las veces debe realizarse con sigilo y mucho disimulo, como si el realizarlo de forma abierta constituyese una falta al pudor, debido a que al reacomodarse el calzón es inevitable experimentar una momentánea sensación placentera. En este sentido, lo que se prohíbe es precisamente la satisfacción de una necesidad que produciría placer.

Los eufemismos sirven, por tanto, como mecanismos verbales de dominación simbólica por medio de la constricción coactiva, introyectada en los individuos por la acción socializadora de instituciones normalizadoras, como las iglesias, las escuelas y los gobiernos.

Desde la perspectiva marxista, los eufemismos serían parte de los aparatos ideológicos de dominación de la clase propietaria de los medios de producción, construidos y divulgados desde la superestructura política que dirige a la formación social, a fin de mantener el statu quo y contener la sensación de placer y liberación que produciría la enunciación y realización de un acto determinado.

Al respecto, Gabriel Matzneff lleva esta consideración hacia un terreno más arriesgado, que es el de la prohibición de la felicidad y argumenta que: “la felicidad, esa flor exquisita y rara, es un estado sospechoso a los ojos de la sociedad burguesa, que husmea en ella un germen de trastorno y las primicias de las revoluciones”.

Dado que detrás del eufemismo, disfrazado como un signo de corrección verbal, subyace la constricción y la dominación simbólica, entonces la función última del eufemismo es la suspicacia en torno a la felicidad como principio emancipador.

Incluso desde una perspectiva epistemológica, tanto más próxima a la filosofía que a la sociología, se podría afirmar que los eufemismos son espejismos de pseudoconcreción que disfrazan o atenúan la verdadera esencia de un objeto, es decir, que obstaculizan el proceso de construcción de la verdad.

Así por ejemplo, el eufemismo “metrosexual” pretende atenuar la verdad de la jotería; el de “adulto mayor” la decrepitud; el de “capacidades diferentes” la discapacidad y el de “obeso” la gordura.

En este sentido la apoteosis del eufemismo en la hora actual se debe en gran medida a la presencia del discurso de la diferencia en el ámbito político y académico, que reivindica a las minorías a partir de la exigencia de reconocimiento a determinados derechos por parte del Estado.

Sin embargo esta exigencia plantea una serie de problemas relacionados con el carácter constitucional de la organización política estatal y de su viabilidad como factor de cohesión social. Pero de eso hablaré en otra ocasión porque con esta fumada es suficiente.

P.S Confirmado. Perdí mi edición de Two Treatises on Civil Government. Sin embargo no todo fue malo, pues a raíz de esta pérdida tuve que ir a la librería a comprar la edición en español (por cierto de una editorial argentina muy barata y muy buena). Y lo confieso, así como existen las señoras shoppaholicas, así también existen los bookaholicos y yo soy uno de ellos. En esta ocasión compré Deseo de Elfriede Jelinek, la "pornografa austríaca" que en 2004 ganó el nobel de literatura por méritos estrictamente literarios y no por consideraciones políticas, como fue el caso del ahora multileído Pamuk.

23 abr. 2007

Eufemismo y teoría social I

La ventaja de ser poco y/o eventualmente leído en este lugar, perteneciente a ese etéreo ámbito virtual llamado -las más de las veces de forma harto pedante- blogósfera, que en realidad es una especie sui generis de vecindario o romería donde se fraguan gran cantidad de chismes, falsas pretensiones y expectativas no satisfechas, es que puedo escribir cualquier estupidez con la mayor tranquilidad del mundo, sin recibir mayores comentarios que aquellos convencionales, formulados a partir de la lectura de las primeras o las últimas líneas de las fumadas que suelo tirar. Lo que supone, a su vez, que estoy relativamente a salvo de las mentes culteranas y escrupulosas en el uso del lenguaje, o peor aún, de los conceptos y categorías que en ocasiones utilizo de forma desenfadada.

Con esa salvedad me he propuesto escribir el siguiente post, en el que no obstante, no estaría de más aclarar que no hay mucha seriedad, pero sí muchos pareceres. Para seriedad están las revistas académicas o los proyectos de investigación y, por supuesto, este espacio no es una revista académica ni un proyecto de investigación; aunque sí me ha permitido hacer observación sociológica muy interesante y divertida acerca de las (en algunos casos exageradas) ínfulas de pretendida profundidad reflexiva y estilismo literario, que en el fondo revelan la carencia de cierta dosis de reconocimiento social en los entornos inmediatos de vida.

En fin, que en caso de que llegase a interesarle el tema a mi única lectora y fan, y quisiera ahondar de forma tanto más seria al respecto, pues ya tiene un buen pretexto para acercarse a mí, en lugar de andar espiándome en los pasillos de la Facultad cuando termino de dar mis clases.

Eufemismo y teoría social I

Un riesgo latente y frecuente en las ciencias sociales, particularmente en aquellas que observan directamente la interacción social y política, es la importación de conceptos y categorías de otras disciplinas que, o bien resultan demasiado amplias y por tanto abarcan gran cantidad de objetos de estudio, o bien resultan demasiado precisas y su “estiramiento” metodológico deriva en pequeños galimatías teóricos sólo entendibles por unos cuántos iluminados.

Este riesgo suele venir acompañado, además, por la fuerte inclinación de los estudiosos a especular siempre en un plano hipotético sobre la viabilidad de la teoría, dejando de lado la atención de los problemas y fenómenos sociales concretos, que reclaman el desarrollo de herramientas teóricas e instrumentos metodológicos para poder ser observados, analizados y explicados.

Sin embargo, y por fortuna, existe una perspectiva dentro de la sociología que se enfoca al estudio de los fenómenos sociales cotidianos y por ello resulta tanto más atractiva e interesante, sin desmeritar por ello su impronta teórica.

La sociología de la vida cotidiana, como su nombre lo dice, está dedicada al estudio de la cotidianidad, es decir, de aquel conjunto de pautas sociales, de conducta individual e interacción colectiva, reproducidas de forma sistemática y rutinaria.

Aunque pudiera parecer algo ordinario y sin importancia –como de hecho lo es para los teóricos de grandes vuelos- el estudio de la cotidianidad permite entender muchos fenómenos sociales que por ser constantemente reproducidos, pasan desapercibidos a la gran mayoría de las personas, pero que son importantes para poder explicar sus comportamientos, preferencias y orientaciones.

Por su parte, los eufemismos son figuras del lenguaje que sirven como elementos de atenuación en la descripción o calificación de una circunstancia, comportamiento, actitud o acción, tanto individual como colectiva, sin cambiar por ello la naturaleza y/o intencionalidad del objeto matizado con el empleo de palabras suaves y amables.

En este sentido, lo que interesaría a la sociología de la cotidianidad es precisamente el objeto del eufemismo; y tal interés se expresa en la pregunta acerca del por qué de la atenuación lingüística de una determinada circunstancia, acción o fenómeno social.

No obstante, el propio contenido del eufemismo desde el momento mismo de atenuar mediante un matiz lingüístico aquella circunstancia o acción social, permite observar la existencia de un juicio de valor y de una prohibición moral que intentan disimular o contener la verdadera naturaleza o cualidad del objeto atenuado.

Al respecto y para ejemplificar, se puede señalar la existencia de ciertas costumbres y hábitos que la gran mayoría preferimos mantener en el secreto de la intimidad como actos (pecados) privados, debido al bochorno que nos causaría el que los demás se enterasen de que las practicamos sistemáticamente.

Sacarse los moscos, rascarse el trasero o tirarse pedos (pude haber escrito “flatulencias”, pero no soy partidario de los eufemismos) son actos que habitualmente realizamos con total desinhibición en la intimidad de nuestra habitación y en general, de nuestra casa.

Continua.

P.S El pinche y obvio riesgo de prestar libros es que no los devuelvan; sin embargo eso no es lo que me molesta, lo que realmente me encabrona es que no recuerdo a quién diablos le presté mi Two Treatises on Civil Government de John Locke que necesito urgentemente para preparar mis clases de las siguientes dos semanas.

20 abr. 2007

Guillom D'Besnarez

Quienes han leído de forma más o menos asidua las fumadas que aquí escribo, se han dado cuenta de que he creado el personaje del "maestro".

Por razones prácticas no había dado un perfil del personaje en cuestión, pero se trata de un maestro zen poco convencional. De hecho, faltaría a la verdad si niego que algo de mi propia personalidad llega a colarse en las ironías y falsas poses enigmáticas que el maestro adopta frente al discípulo.

Parte de la inspiración para crear ese personaje me vino de la lectura de "El nombre de la rosa", de mi super gurú y maestro en el difícil arte de la ironía, Umberto Eco. En esa novela aparece Guillermo de Baskerville, un monje franciscano dotado de una inteligencia excepcional y encargado de la formación teológica y filosófica del joven Adso de Melk, que es el narrador de la historia de intriga que se sucede al interior de un convento benedectino.

Sin embargo, la ironía en ocasiones demasiado fina de mi personaje está inspirada por la ironía y el sarcasmo de un gran periodista sudamericano, Guillermo Riveros Tejada, mejor conocido como Guillom D'Besnarez.

En esta ocasión quisiera ceder este espacio a algunas de las reflexiones más punzantes e hilarantes del genial Guillom D'Besnarez; la mayoría de ellas contenidas en "Verdes u moradas al rojo vivo".


El machismo suele ser un feminismo reprimido

Lo peor que nos puede pasar es que no nos pase nada

La estupidez de la guerra moderna esta en las "bombas inteligentes"


La condición humana lleva a preferir lo malo si es útil a lo bueno si es inútil

El cojo suele ser la víctima de un mal paso

Ni el perezoso se niega a hacer el amor


En la pasión la cópula es la cúpula

Piensan que el eslabón perdido es el Homo Sexual

¡Como yo no hay otro! ¡Felízmente...!

Por mucho que se extienda, la luz termina siendo prisionera de la oscuridad

La pereza es un vicio que se lo adquiere sin el menor esfuerzo

En Sodoma al final todo fue recto


Guillom D'Besnarez, Verdes u moradas al rojo vivo, Editorial Copacabana.

Un mundo nos vigila

Si antes guardaba mis paranoicas sospechas de que los satélites del gobierno y los ovnis de no sé qué galaxia me tenían vigilado, ahora con estas fotografías de mi casa vista desde un satélite, he sacado mis sospechas del cajón y me he puesto como señora gorda histérica a temblar y verle facha de secuestrador o extraterrestre a cualquiera que se me ponga en frente.
Esta es la imagen de mi casa vista desde el satélite

Hace un rato, por ejemplo, se sentó a lado de mi en el colectivo una mujer que tan sólo verle la cara, pude comprobar de lo que es capaz de hacer Dios cuando está enojado.

Afortunadamente sólo era una buena mujer que ni idea tenía de que yo la estaba confundiendo con un subcubo que venía por mí.

En fin, nunca había visto mi casa desde lo alto de un satélite, pero ahora que la he visto, creo que necesitaré impermeabilizar nuevamente la azotea.

Aquí otra vez mi casa en una vista ampliada de la zona en la que vivo


P.S. No había visto “Oliver Twist” de Roman Polanski. Ayer la vi y quedé gratamente satisfecho, qué buena película. Ampliamente recomendable para este fin de semana.

18 abr. 2007

Sobreviví

Obvio que si estoy escribiendo estas líneas es porque he sobrevivido a la gripe que me aquejó de forma inclemente todo el fin de semana. Aunque por poco no la libro.

Si no hubiera sido por los buenos oficios médicos de mi totalmente regenerada y desintoxicada amiga Yara (quién la viera), en estos momentos estaría en la antesala del infierno, junto con Cho Seung-Huin, el estudiante surcoreano que el martes pasado se aventó la puntada de matar a 30 estudiantes de una universidad en Virginia (USA), nada más porque tenía el sospechosismo de que su novia le era infiel y porque, muy en el fondo, le quería dar el pretexto idóneo a Michael Moore para mofarse nuevamente de George W. Bush, en un nuevo documental sobre el control de armas…

Si he supuesto que estaría en la antesala del Infierno y no en la del Paraíso, es porque en múltiples ocasiones me han hecho cordiales invitaciones para visitar el hades eterno, con expresiones tan gentiles y memorables como “vete al diablo” o “púdrete en el infierno”; además de que desde hace mucho tiempo he desobedecido, criticado y puesto en duda la doctrina –que no los dogmas- de la Sancta Mater Ecclesia Catholica, me he manifestado a favor de que las mujeres usen minifalda (y si no la usan mejor), que los hombres utilicemos preservativos (y si no los usamos mejor que mejor) y que cada quien decida sobre su cuerpo según su propia conciencia (allá él). Y por si eso fuera poco, también he leído libros y ensayos heréticos como “La miseria de la Filosofía” de Marx (Carlos, no Groucho), “Los sótanos del Vaticano” de André Gide y “El diccionario del diablo” de Ambroce Pierce; eso sin mencionar los “Sonetos lujuriosos” de Pietro Aretino y “Las bodas del cielo y el infierno” de William Blake, todos ellos libros condenados en el Index Librorum Prohibitorum.

Sin embargo, una vez más me he salvado y en lugar de estar en el Infierno estoy aquí, en la Tierra, que es como el Infierno pero mucho más cruel y miserable. Y para quien piense que esta es una afirmación exagerada, convendría recordar que el origen de la palabra Infierno deriva de la voz aramea “ghenna”, que era usada tanto en sentido figurado para denotar el lugar de castigo después de la muerte física, como en sentido literal, cuyo significado era “el valle del hijo de Hinom”, y aludía a cierta región al sur de Jerusalén, que durante el periodo de la idolatría fue el lugar de sacrificio de los niños a los ídolos, y posteriormente fue utilizado como crematorio de cadáveres de criminales, basura y animales.

Como sea, el punto es que no me morí y ya estoy mejor, sólo un poco molesto (debería escribir encabronado, pero es una palabrota) por el pésimo trato que recibí en el único intento por hacer valer los descuentos de mi cheque por concepto de seguridad social, asistiendo a la clínica del ISSSTE para una consulta. Y es que además de que me hicieron esperar en una sala de espera –donde más- abarrotada de gente con las más variadas dolencias, también me hicieron soportar un quesque examen físico en el que una enfermera gorda con el ceño fruncido se dio vuelo manoseando mi humanidad semi desnuda, particularmente mi panza de perro parado, resultado de mi vida sedentaria. Y para colmo me regañó y me dijo -ella, una mujer como de 90 kilos en cada uno de sus protuberantes y decaídos pechos- que ¡tenía que hacer ejercicio!

Para que se entienda la dimensión de esa ofensa, me pueden decir que soy un pendejo, y lo acepto; que soy un mamón pretencioso, y lo acepto; que soy un culterano, y lo acepto; que soy anti materia que no da la talla, y lo acepto. Pero que me digan que debo hacer ejercicio, es como decirle a Adán en el día de las Madres que es un hijo de puta.

Nada más no he decidido llevar mi caso ante la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, la Nacional de Derechos Humanos, la Corte Internacional de la Haya, la Plenaria de Naciones Unidas y Greenpeace (ahí no sé para qué, pero igual es chicle y pega), porque yo sí soy buena onda y no me gusta andar de revoltoso. Pero de que fue una ofensa imperdonable, lo fue. Eso que ni que.

Por si eso fuera poco, ese miserable y decadente sistema de seguridad social me obligó a arriesgar mi vida y mi sobriedad, acudiendo a consulta con mi buena amiga Yara, que una vez más y para mi buena suerte, le atinó. Pero que quede constancia aquí que el Estado mexicano le volvió la espalda a uno de sus valiosos ciudadanos, o sea yo, y que le insultó por boca de una enfermera gorda y malhumorada (seguramente a causa de problemas conyugales), sugiriéndole que hiciera ejercicio.

P.S. Gracias a quienes me leen por los buenos ánimos enviados a este humilde candidato a las llamas del infierno. Y a mi colega y eminentísimo doctor en sabiduría del mundo, Mauro Santos, no la chingue, cómo que de qué novela de Corín Tellado saqué la fumada sobre el amor. Eso fue pura inspiración y nada más. Pero le haré caso respecto a la foto.

17 abr. 2007

Gripe

No sé por qué presiento que ahora sí se aproxima el final de mis días sobre la tierra. Será talvez porque estoy enfermo de gripe y a lo mejor es gripe aviar, porque comencé a sentirme mal después de haberme comido un combo de receta cruji en KFC; y con eso de que los pollos que se venden en esa cadena de fast food son casi casi engendros infernales alimentados de pie y llenos de drogas estimulantes del volumen de masa corporal, a lo mejor me contagiaron la cepa del H5N1.

No lo sé, el punto es que estoy enfermo y para colmo afónico. No puedo pronunciar ni una sola letra porque además de que tengo super inflamada la garganta, mis cuerdas vocales están muy irritadas.

Si llego a la media noche del día de hoy habrá sido un milagro; pero lo más frustrante es que no me puedo autoeutanasiar, porque en México todavía no se aprueba una legislación al respecto. ¡Malditos diputados!

15 abr. 2007

No desea morir

Comenzaba a caer la tarde en aquella agreste y lejana región donde se ubicaba, en lo alto de una montaña, la ermita donde el maestro había decidido vivir en retiro para dedicarse por completo a la meditación.

Soplaba un viento frío de mediana intensidad, suficiente para erizar la piel y mover los hábitos como pendones flotantes en lo alto de un asta.

El discípulo caminaba con la cabeza gacha detrás del maestro, tratando de adivinar el camino en una discreta lucha que sus ojos libraban contra la oscuridad que acaecía más deprisa.

Al llegar cerca de un risco, cuya sola percepción provocaba un vértigo aterrador, el maestro se detuvo, suspiró y permaneció en silencio.

El discípulo, contrariado, le inquirió con cierto temor:

-Maestro ¿es que acaso no responderá a mi cuestionamiento acerca de la naturaleza finita o infinita del amor?

El maestro, sin volver la mirada comenzó a hablar en el tono enigmático que le caracterizaba y dijo:

-El amor por si mismo no desea morir. Es más bien el entorno el que le resulta hostil. Cuestionado por todos lados, en muchas ocasiones caricaturizado, trivializado, se ve constantemente sometido a la duda, a la vacilación y al titubeo.

El amor siempre trata de luchar contra cuestionamientos corrosivos, que lo asaltan permanentemente: ¿es correcto esto que hago? ¿realmente me conviene invertir tiempo y energías en el porvenir de una ilusión? Y si mis expectativas no resultan satisfechas ¿qué haré? ¿tendré aun capacidad para volver a creer? ¿existirá realmente alguien que me complemente como pensé que me complementaba él o ella? ¿valdrá la pena esperar más tiempo? ¿es posible que todo eso que busco en él o ella, realmente lo tengo justo frente a mí, pero debido a mi obstinación lo ignoro?- El discípulo frunció el ceño en señal de sorpresa ante las palabras del maestro, pero éste, luego de una breve pausa prosiguió:

-El amor verdadero despierta en el que lo siente la conciencia de su fragilidad, y genera una sensación de fugacidad. Es por eso un despertar trágico de la conciencia, que todo el tiempo estuvo plácidamente dormida, arrullada por el silencio de la indiferencia respecto a los estertores producidos en el corazón por la patología amorosa.

El amor produce delirio, el delirio de que algún día, talvez hoy, mañana o pasado, acabará y no volverá jamás. No por lo menos como vino en esta ocasión, tan imprevisto, tan sublime, tan especial, tan tierno, tan apasionado. Por eso tratamos de aferrarnos a él, de adelantarnos al futuro, de cerrarle todas las puertas para que se quede con nosotros; por eso a pesar de que amamos, de que estamos seguros de amar como nunca antes, nos sentimos tristes, melancólicos. Por eso mantenemos el permanente nudo en la garganta y nos sentimos vulnerados en nuestra autonomía y subjetividad; nos sentimos una variable dependiente de la existencia del otro, porque ya nos sentimos uno; porque ése uno resulta de la incomprensible aritmética amorosa y divina, en la que la suma de dos almas da por resultado una sola.

El amor conlleva la tragedia, pero la tragedia no necesariamente implica al sufrimiento.-

Luego de esta larga argumentación, el maestro se volvió para mirar al discípulo. Al hacerlo encontró en éste una expresión de estupefacción y horror. Entonces le preguntó -¿qué sucede? ¿es que acaso no te ha complacido mi respuesta?- El discípulo lo miró con una seriedad poco habitual y respondió:

-Maestro, con todo respeto, ahora sí se la jaló.

13 abr. 2007

El orgullo de ser UNAM

Para quienes estudiamos y ahora tenemos la fortuna y el privilegio de trabajar en la Universidad Nacional Autónoma de México, es motivo de júbilo y orgullo ver la capacidad de convocatoria que tiene la Universidad entre las personalidades más sobresalientes de las ciencias y humanidades a nivel internacional.

Ayer la UNAM entregó el doctorado honiris causa a nada menos que Fernando Savater, Giovanni Sartori, Ricardo Lagos, Nélida Piñón, Leopoldo García-Colín, Juliana González y Ricardo Miledi; todos ellos eminentes profesores e investigadores con prestigio allende las fronteras de sus propios países.



Con motivo de esa ceremonia solemne, el recto de De la Fuente pronunció un discurso en el que dejó muy claro que el prestigio y la solidez académica de la Universidad, no está distanciado de su compromiso social de formar profesionistas competentes, difundir la cultura y contribuir al desarrollo del país.

Textual, el rector dijo:

“Estar entre las cien mejores, que son consideradas de rango mundial; y ser la primera en Iberoamérica, es sin duda meritorio. Hay economías más grandes que la nuestra, como la española, que no tiene ninguna universidad en este grupo. Francia tiene cuatro, China ya tiene tres y Alemania se ha propuesto llegar a 10 universidades de elite en los próximos años.

Universidad de masas, sí: 285 mil estudiantes lo atestiguan. Universidad laica, sí, como corresponde a un Estado laíco al cual pertenecemos y defendemos. Universidad popular, sí, porque creemos que la educación sólo tiene sentido cuando se convierte en instrumento de movilidad social. Pero también universidad de elite, universidad de calidad, universidad de excelencia”.



Todo eso es la UNAM, aunque a sus detractores les cueste aceptarlo.

Temblor

Hoy por la madrugada, concretamente a las 00:42, se registró un sismo de 6.3 grados en la escala de Ritcher, en esta querida, caótica, insegura y temblorosa Ciudad de México.

Yo estaba leyendo una novela de Elmer Mendoza comodamente sentado en mi resposed nuevo (hay que presumir cuando se puede), cuando sentí una especie de mareo seguido de un ligero sumbido que casi inmediatamente se convirtió en un rechinar de las estrucuturas de la construcción.

Lo primero que pensé fue que se trataba de un poltergeist, y ya me estaba preparando para sacar el Ritual Romano y comenzar el exorcismo, cuando decidí asomarme a la calle, y ví como los postes de las luminarias y los árboles se mecían junto con las demás casas y edificios, cuyas ventanas se iban iluminando una tras otra para, después de unos 40 segundos, apagarse todas al parejo como resultado de un corte en el suministro de energía eléctrica.

Fue en ese cuando decidí que era momento de bajar y salir a la calle. Sn embargo, cuando a la mitad del recorrido el sismo cesó y unos segudos después se reanudó el suministro de la electricidad.

Se supone que a raíz del terremoto de 1985, en la Ciudad de México contamos con un sistema de alerta sísmica que anticipa con tres o cuatro minutos de ventaja la llegada de un sismo, emitiendo un sonido por medio de las estaciones de radio. No obstante, a esa hora salvo los veladores que son asiduos escuchas de "la mano peluda", la gran mayoría de las personas teníamos apagada la radio. Bueno, yo en lo personal estaba escuchando un disco de jazz, así que el sismo me pilló desprevenido.

Afortundamente el evento telúrico no pasó de un ligero susto para quienes aún estábamos despiertos, y de una noticia sorpresiva para quienes ya estaban profundamente dormidos.

Habrá que estar atentos para la otra.

12 abr. 2007

Acoso

Confirmado. Soy víctima de acoso textual.

Ya hasta me mandaron "besitos pingos" y me amenazaron con apersonarse en mi salón de clases.

Necesitaré llamar a mi abogado y pedir una cláusula de restricción.

Besitos pingos...

... es la mafufada más original que he leído.

En fin, no me queda más que resignarme y aceptarlo: soy un sex simbol virtual.

Y como diría en otras circunstancias: esto es un don, que simplemente se tiene, o no se tiene; y yo soy afortunado.

11 abr. 2007

Parte de vacaciones

Sé que es una mamonería poco entendible el título que he decidido darle a este post, pero honestamente no se me ocurrió otro. Además, si en las guerras existen los partes (informes acerca de las tácticas, estrategias, avances y bajas), por qué no habría de existir también un parte acerca de lo hecho en las vacaciones. Aunque realmente haya hecho muy poco.

Como suele suceder cuando hay un plan, muy pocas cosas resultan conforme lo planeado.

Así, yo había planeado pasar las vacaciones golfeando, tirado como bolsota en mi cama, intoxicando mi cerebro con las series de Fox, Sony y Warner Chanel e ingiriendo una que otra cheve por las tardes. Esto, por supuesto, sin olvidar mi (equi)vocación intelectual; es decir, también había planeado leer alguna novela o trabajar en la redacción de un cuento para cierto certamen del que tuve ocasión de enterarme hace poco.

Sin embargo muy poco –sino es que nada- de eso resultó como lo concebí.

Para empezar el mismo viernes que empezaron las vacaciones me fui a tomar unas cervezas con unos colegas, quesque para festejar el inicio de las vacaciones. El plan era sólo tomar un par de chelas, pero las circunstancias me obligaron a perder la cuenta a partir de la sexta jarra.

Al siguiente día, con una resaca de los mil demonios tuve que levantarme temprano, porque había un desayuno familiar para festejar el cumpleaños de la abuela; luego, al medio día aun sin reponerme de la cruda realidad tuve que viajar a otra ciudad cercana al DF, porque en la tarde tendría lugar el Festival de la Canción de la escuela en la que estudia mi sobrina. Y siendo yo su manager y vocalizador, pues tenía que estar presente.

Ya por la noche, y luego de suspenderse el festival por un imprevisto que bien podía anticiparse (los organizadores lo hicieron en un foro al aire libre a sabiendas de que podría llover, tal como sucedió), nos fuimos a bailar a un antro (es terrible observar la evolución del significado de esta palabra) muy chafa; de diseño costumbrista.

La verdad ni siquiera lo disfruté porque estaba muy cansado y porque tristemente me di cuenta de que estoy fuera de práctica en eso de la bailada; lo cual me preocupa porque antes sabía bailar muy bien. De hecho lo sigo haciendo, pero sólo con unos cuantos alcoholes encima.

… en fin, que justo cuando estaba escribiendo muy concentrado este post, entró una llamada que tuve que atender y me cortó la inspiración. Así que seguiré escribiendo en otra ocasión.

10 abr. 2007

El recto

Luego de meditar un momento, el maestro habló y dijo:

-El recto debe ser insobornale


El crédito de esta frase corresponde al genial Guillom D'Besnarez.

9 abr. 2007

Regreso a casa

Es irónico.
El descanso, esparcimiento y relajación que supuestamente disfrute en las vacaciones y que habría de ayudarme a regresar a las actividades cotidianas con nuevos bríos, se esfumó lentamente durante las cinco horas que me llevó regresar a la ciudad, y particularmente en las dos horas que me tomó avanzar hacia la caseta de cobro para entrar al D.F.
La tarde de ayer fue terrible, especialmente para quienes tuvimos que conducir en carreteras federales, porque además de que hubo muchísimo tráfico, también hubo muchos percances viales que aumentaron el nivel de precaución y la tensión de ir conduciendo el propio auto al mismo tiempo que cuidando los autos de los demás.
De hecho tuve una experiencia desagradable que por fortuna sólo quedó en eso cuando, ya en la tarde-noche, al ir circulando por el carril de alta velocidad, rebasé un auto que ni siquiera traía luces y cuyo irresponsable conductor al parecer iba ebrio, porque justo cuando lo rebasaba, dio un volantazo invadiendo el carril por el que yo circulaba, y estuvo a centrimetros de impactar la puerta trasera de lado derecho de mi auto. Considerando que yo iba rebasando a 100 km/h, calculo que ese auto iba a 90km/h, velocidad suficiente para que cualquier descuido pueda derivar en un percance de consecuencias mayores. Afortunadamente eso no sucedió.
Así que aquí estoy de regreso, tan estresado como fui, pero bien y dispuesto para continuar escribiendo sandeces en este espacio que casi nadie lee, salvo una chica que insiste en saber la dirección de mi correo electrónico. Si yo fuera ella desistiría porque ni soy buena onda, ni nada que se le parezca; al contrario, soy gruñon, arrogante, hipocondríaco, obsesivo-cumpulsivo y elitista. Todo un caso para el divan.
Saludos.

4 abr. 2007

¿Borges ó García Márquez?

A propósito del IV Congreso de la Lengua Española que recién ha concluído, leí el fragmento de la ponencia de uno de los "escritores" mexicanos invitados a una las mesas sobre creación literaria iberoamericana.

El argumento central del documento presentado por el susodicho intelectual era que, en la literatura iberoamericana, después de Borges y García Márquez, todo lo demás era una repetición, una imitación o una adscripción al estilo de uno de estos dos escritores. Según él, o se es borgiano o se es garciamarquesiano.

Fiel a mi tradición de ser advocatus diavoli, disiento de esa falsa disyuntiva por dos razones. Una es que si bien Borges es insuperable e insustituible, hay otros buenos esfuerzos por dotar a la literatura iberoamericana de nuevos bríos y de una identidad propia que no se sustente ni en la denuncia política hecha novela, ni en las pretensiones de falsa erudición con tufo europeo.

La segunda razón es que -y perdón de antemano si llegáse a herir alguna sensibilidad- García Márquez ni siquiera se puede comparar con Borges; o más bien García Márquez no puede constituirse en un punto de referencia de la talla de Borges para la literatura iberoamericana.
El autor de Cien años de soledad está a la altura de Fuentes, Vargas Llosa et. al., pero no a la altura del estilismo y el refinamiento de Borges, que es todo imaginación, elegancia y erudición.

En lo personal sustituiría a García Márquez por Julio Cortazar, que es junto con Borges uno de los pilares y puntos de referencia obligada en la creación literaria no propiamente iberoamericana (porque en España está Muñoz Molina y en Portugal está Lobo Antunes; Saramago no porque es un tarado, y Coelho ni se diga), pero sí latinoamericana.

Y bueno, en un arranque de chovinismo literario, pues incluiría a Rulfo ya que si bien Agustín Yañez escribió la primera novela mexicana moderna (Al filo del agua), fue Pedro Paramo la novela que nos puso a la altura de los grandes, los verdaderamente grandes. Aunque luego eso les haya dolido a Fuentes y a Paz.

3 abr. 2007

Por qué?

Se supone que en las vacaciones las personas se dedican a descansar, a reponer las energías, a resarcir su humor de las vicisitudes cotidianas.

Por eso no entiendo por qué diablos se les tenía que ocurrir a ingleses e iraníes iniciar una maldita crisis diplomática tan grave, justo en los días en que quería disfrutar las vacaciones olvidándome de leer el diario.

Ahora por su culpa tengo que caminar cinco calles para poder comprar un diario mínimamente decente en la localidad en la que me encuentro, se supone, descansando. Eso es lo que extraño de casa. Allá por lo menos el periódico aparece todas las mañanas debajo de la puerta y no tengo que caminar para ir a comprarlo.

Por lo pronto habrá que estar atentos al conflicto entre Blair y Ahmadineyad. No es cualquier cosa considerando que uno está medio loco, tiene como admirador al gorilón tropical Hugo Chávez y un programa nuclear poco claro en sus intenciones; mientras que el otro tiene un hermano mayor bastante torpe, pero muy agresivo.